24: Prohibido

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—¿A quiénes te presentaron? —interroga furioso.

Trago grueso.

—A unas amigas...

Libera una maldición y camina en círculos por la habitación tratando de calmarse, pues la desconfianza y los celos parecen estarlo volviendo loco por dentro. Pero no me atrevo a decirle nada, pues dudo que alguna palabra que salga de mi boca pueda mejorar las cosas. Por lo que me quedo callada y cubro mis pechos con las manos por momentos deseando correr hacia la cama y cubrirme con una sábana.

—Tn, no me mientas —advierte él en voz baja—. Si llegaron chicos a esa maldita fiesta debieron orbitar a tu alrededor como perros hambrientos... Lo sé, ya me imagino como te veían. Seguro trataron de aprovecharse de que estabas sola para...

—Mi amor, cálmate —digo nerviosa y me acerco tratando de sujetar su rostro, pero él me esquiva con brusquedad.

—¡No! ¡No me pidas que me calme cuando algún hijo de perra se te acerco! ¡Quiso algo contigo! ¡Y tú se lo permitiste!

—¡No le permití nada a nadie! ¡Por primera vez confía en mí! —grito furiosa.

Unos golpes en la puerta me hacen callar y miro nerviosa que alguien trata de entrar, pero por suerte el seguro se lo impide.

—¿Todo está bien? —pregunta Tae del otro lado de la puerta.

Libero una maldición y Jungkook me mira quizá demasiado tentado en involucrar a Tae en esta pelea, por lo que intento aplacar la ira en mi interior y le suplico con la mirada que no lo llame...

—No pasa nada —replica Jungkook de mala gana.

—¿Tn todo está bien?

Trago grueso.

—S-Si todo está bien, papito, solo estábamos jugando —miento nerviosa.

Jungkook libera un bufido y pasa sus manos por el cabello con desesperación.

—Nada está bien, nada lo está —murmura él como para sí mismo.

—Estaré en la sala esperando a que terminen, deje mi ropa allí —avisa.

—Claro, papito, pronto voy contigo —digo forzando mi calma.

El silencio del otro lado de la puerta me hace pensar que se marchó, por lo que me vuelvo hacia Jungkook que parece sumido en su peor crisis de celos. Camina de un lado a otro como si quisiera destrozar algo. Estoy segura que si supiera lo que paso con alguno de los chicos que conocí en esa fiesta, tal vez en estos momentos estaría de camino para desfigurarle la cara a golpes y amenazarlo.

—Es que no lo soporto... ¡No soporto pensar que otros tocaron lo que es mío! ¡Mío! ¡Y no pude hacer nada! —grita con desesperación y su mirada salvaje recorre todo mi cuerpo, mientras mueve sus manos de forma ansiosa como si reprimiera sus ganas de tocarme y follarme como una bestia.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora