15: Mírame

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«Esta vez Jimin se pasó».

El enojo se asoma en mi semblante cada vez que lo recuerdo, pero tomo una respiración profunda tratando de calmarme y termino de darme un último retoque de maquillaje. Me siento más tranquila mirando que cubrí bien esas molestas ojeras, por lo que fuerzo mi peor sonrisa y le dirijo una rápida mirada a la cama deseando quedarme a dormir todo el día. Estoy exhausta. Pero ignoro esas ideas a sabiendas de que tengo que ir al trabajo y sin más tomo mi bolso para dirigirme hacia la salida.

Una vez estoy fuera de la habitación miro el pasillo solitario con la esperanza de encontrar a alguno de los chicos, pues no dejo de pensar en que Jungkook no vino a dormir en toda la noche. Por lo que la culpa crece en mi interior y unas prontas ganas de llamarlo me invaden, pues al menos quiero saber en dónde se quedó...

«Debe seguir furioso».

Saco mi celular y antes de que pueda marcarle, escucho el sonido de risas y voces viniendo de la cocina. Por lo que me dirijo con rapidez hacia ese lugar y me encuentro con los chicos reunidos desayunando.

Entre ellos se encuentra Jungkook que devora hambrientamente un sándwich, mientras observa la pantalla de su celular. En cuanto su mirada recae sobre mí su apetito parece disminuir, pues mastica más despacio y deja sobre el plato su comida. No dice nada, se muestra serio y vuelve a ver la pantalla de su celular. Los demás apenas me miran continúan con su plática y eso me provoca fastidio.

«No piensan hablarme».

Busco con la mirada a Jimin, pero no lo encuentro por ninguna parte y algo en mi interior agradece no tener que enfrentarlo por ahora. Cada vez que pienso en el horrible desplante que me hizo me provoca ganas azotarlo hasta la muerte, aun no lo supero, pero trato de dejarlo en el olvido y me adentro a la cocina.

—Buenos días —saludo forzando una sonrisa.

Nadie voltea a verme.

—¿Cuándo iremos?—pregunta Jin bebiendo un sorbo de algo caliente de una taza.

—Dentro de dos días —avisa Namjoon bebiendo más zumo de naranja directo de la caja.

Nadie responde a mi saludo y se limitan a conversar entre ellos ignorando mi existencia, por lo que pienso en dejar de insistir en hablarles y salir de allí. Pero me quedo parada mirándolos e intento fingir que su actitud no me afecta, aunque en el fondo siento que la horrible sensación del rechazo me hace querer suplicar su atención, pedirles perdón y hablar con la verdad...

«Investigaran y sabrán la verdad, si es que ya no lo están haciendo».

Me aferro a la esperanza de contentarlos con seducción y me acerco a Jin, que es el único que se encuentra de pie sujetando una taza con café. No espero más y como una niña lo abrazo por la espalda tratando de transmitirle todo mi amor. En el acto inhalo con fuerza el aroma varonil de su perfume y levanto la mirada tratando de contemplar su rostro.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora