Jacaerys no había emitido palabra desde que se habían reunido en la sala del consejo.
Escuchaba a sus consejeros afirmar que los verdes intentaban provocarlo, que deseaban que respondiera con imprudencia y así hacerlo caer en su trampa. Llegaban a la conclusión, entonces, de que actuar por su cuenta sería su perdición.
Le imploro que confíe en la prudencia, su majestad.
No debemos apresurarnos: El tiempo puede ser nuestro mejor aliado.
No faltaron quienes citaron cada una de las consecuencias que el Norte podría tener si quedaba desamparado de dragones. Vulnerabilidad, debilidad, exposición. Y, por supuesto, necesitaron remarcar los riesgos de su interferencia en la batalla que estaba siendo librada en aquel bloqueo. Heridas, pérdida, muerte. Él era el rey: Su vida valía demasiado como para perderla.
Jacaerys no había emitido palabra desde que se habían reunido. No porque no estuviera escuchando lo que hombres con más experiencia que él tuvieran para decir, ni mucho menos porque no valorara su consejo. Jace no hablaba porque nada de lo que fuera a decir agradaría a sus consejeros. Pues había una máxima insoslayable la cuál los presentes ignoraban.
Jacaerys Velaryon era el rey. Pero primero, fue un hermano.
Podría ser que lo esperaran cien mil hombres y cincuenta mil escorpiones. Podría ser que eso era una trampa para sacarlo del Norte y dejar vulnerables a sus tropas.
Su decisión sería la misma.
Su familia era primero.
Y Viserys lo necesitaba.
Era sólo un niño, después de todo; No blandía espadas largas, dagas, hachas. Apenas podía lanzar una flecha sin caerse por el retroceso. Su única forma de defenderse hubiera sido ordenándoselo su propio dragón, el cuál descansaba en un huevo que nunca había eclosionado.
De solo pensar en lo vulnerable que habían dejado a su hermano, Jace se enervaba. ¿Cómo podían haberlo dejado con Rhaenyra? ¿Cómo podían haberlo abandonado? Debieron haberlo traído con ellos, debieron haber hecho algo.
Él era el mayor.
Debió haber hecho más.
A cada nuevo reproche, su necesidad por abandonar la habitación y montar a Vermax aumentaba. Sentía un cosquilleo ansioso recorrer su cuerpo, como si una energía indomable se hubiera adueñado de todos sus nervios y estuviera empujando a sus músculos a moverse, a hacer algo.
Haz algo.
No sabía a quién lo pedía. A qué.
Haz. Algo.
Y entonces, volteó a ver a Dany.
Desde que su rey la había convocado a aquella junta, había permanecido de pie en exactamente el mismo lugar. Respiraba despacio, pero nadie era tan tonto como para creerla calmada. Su cuerpo estaba rígido como estátua en una postura cordial, pero sus ojos se movían en un frenesí errático por todo el mapa del continente. Se detenía en las nuevas piezas de barcos enemigos agregados, analizaba las cabezas de dragón talladas en piedra que se posicionaron en Dragonstone, King's Landing, Winterfell... y en el bloqueo.
Antes de caer exhausto en los brazos de Dany, se los había confesado. Temía por Viserys, no sólo por los hombres que se lo habían llevado, sino por el dragón con el que contaban. Él lo había oído: Cuando sobrevoló las nubes en el cielo con Stormcloud, en un desesperado intento por evitar que más escorpiones le dieran, un aleteo pesado comenzó a resonar a sus espaldas.
Alguien lo había perseguido.
¿Por cuánto? ¿Quién? ¿Por qué?
El niño no supo decir. Para entonces, a Jace se le había acabado la paciencia, por lo que exigió a todos los grandes Lords que dejaran a su hermano descansar, que ya había contestado suficientes preguntas.
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𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯
Fanfiction❝ No le temo a quemarme, hermano. Yo soy un dragón. Estoy hecha de fuego.❞ Rhaenyra podía oler el llanto y las cenizas de la guerra que se avecinaba. Y cuando tuvo la oportunidad de asegurarse un arma, no dudó en tomarla. Porque eso era Daenyra pa...
