En el departamento de psicología de la clínica, el ambiente era festivo. Harry entró a la sala de juntas y se encontró con un pequeño pastel y globos blancos. Sus colegas, profesionales que él respetaba por su seriedad, sonreían de oreja a oreja.
-¡Harry! ¡Nos enteramos por un colega de la facultad de Anna! -exclamó el director del área, dándole una palmada en el hombro-. ¡Un padre a los 30! Es la edad perfecta para la madurez emocional. ¡Felicidades, colega!
Harry sintió que la sonrisa se le congelaba en el rostro. Las palabras "divorcio", "unilateral" y "rechazo" se le quedaron atoradas en la garganta. No podía decir la verdad sin desmoronar su imagen de hombre con la vida bajo control.
-Gracias... sí, es una etapa de cambios -balbuceó, aceptando una copa de sidra que sabía a ceniza.
Cada felicitación era un recordatorio de la brecha entre su prestigio público y su vacío privado. Mientras todos celebraban su "logro", él solo podía pensar en el sobre de papel madera que seguía sobre su escritorio en casa.
***
Esa misma tarde, el teléfono de Harry sonó. Era Anna. Su voz no era de súplica, sino de frustración pura.
-Harry... perdón que te llame. Estoy en el hospital local. Me doblé el tobillo bajando la escalera de la facultad y el médico dice que es un esguince fuerte. No puedo apoyar el pie y... mi mamá se fue de viaje. No tengo a nadie más que figure como contacto de emergencia en mi seguro médico.
Harry no lo pensó. Su instinto de protección, ese que tanto había intentado racionalizar, se impuso.
-No te muevas. Voy para allá.
Legalmente, seguían casados. Ante el mundo, él era el responsable. Ante su propia conciencia, era el hombre que la había dejado sola en su momento de mayor necesidad.
***
Llevarla de vuelta al departamento -el de ella, un lugar pequeño y lleno de luz que él no conocía- fue un ejercicio de intimidad forzada. Harry tuvo que cargarla en brazos desde el auto. Al sentir el peso de Anna, y la firmeza de su vientre rozando su pecho, Harry experimentó una descarga eléctrica de realidad. No era un concepto médico; era una vida.
-Me las puedo arreglar sola una vez que me dejes en el sofá -dijo Anna, evitando mirarlo a los ojos mientras él la acomodaba entre almohadones.
-No podés ni caminar al baño, Anna. El médico fue claro: reposo absoluto por 48 horas o el tobillo se va a hinchar más. Me voy a quedar.
***
Esa noche, Harry no pudo esconderse en su estudio. Tuvo que cocinar para ella, ayudarla a incorporarse y alcanzarle los libros. Por primera vez, se vio obligado a observar.
Vio a Anna masajearse la espalda con un gesto de cansancio que él nunca había notado. Vio cómo su piel se tensaba y cómo, a pesar del dolor del pie, ella le hablaba en susurros al bebé cuando pensaba que Harry no escuchaba.
-¿Por qué me mirás así? -preguntó ella, atrapándolo en medio de una observación profunda mientras él le traía un té.
-Nunca te había visto... así -admitió Harry, sentándose en el borde de la cama, a una distancia que ya no se sentía tan gélida-. Siempre pensé en el embarazo como una interferencia, como algo que "pasaba". No como algo que eras.
Se quedó en silencio, observando cómo la luz de la lámpara de noche resaltaba la curva de su vientre. Por un impulso que no pudo frenar, Harry extendió la mano. Se detuvo a centímetros de la tela de su pijama.
-¿Puedo? -susurró.
Anna dudó un segundo, pero asintió. Cuando la palma de Harry se apoyó sobre la calidez de su vientre, el bebé se movió, una patada clara y rítmica contra su mano. Harry abrió los ojos de par en par, perdiendo toda su compostura profesional.
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One Shots H. S. (+18)
Fiksi PenggemarHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
