Ex padrastro II

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La oficina ya estaba vacía cuando Harry se acercó al escritorio de Ana. El sonido de sus pasos, generalmente firmes y rítmicos, sonaba diferente esa tarde; había una pesadez y una tensión que solo él podía sentir. Ana estaba recogiendo sus cosas, la sonrisa de anticipación que había tenido todo el día todavía visible en su rostro.

​Harry se apoyó contra el marco de la puerta de su cubículo, cruzando los brazos para ocultar el ligero temblor en sus manos.

​—Ana —dijo, su voz más grave de lo habitual.

​Ella levantó la vista, sorprendida. —Oh, Harry. Creí que ya te habías ido. Estoy terminando de organizar los expedientes para la reunión de mañana.

​Harry asintió, mirando hacia otro lado un momento antes de fijar su mirada directamente en ella. —No, todavía no. Escucha, necesito hablar contigo sobre algo personal, pero tiene que ser ahora.

​Ana frunció el ceño, intrigada pero sin perder la compostura. —¿Personal? ¿Pasa algo?

​—No es nada grave, pero es un asunto pendiente —explicó Harry, construyendo su mentira con cuidado—. Estaba haciendo limpieza en el armario de invitados este fin de semana y encontré una caja llena de cosas tuyas de cuando... bueno, de cuando todavía vivía con tu madre. Diarios viejos, fotos, algunas tonterías de tu adolescencia.

​Ana se quedó helada. —¿De verdad? Creí que todo eso se había perdido en la mudanza.

​—Parece que no. El caso es que voy a redecorar esa habitación y necesito deshacerme de todo lo que hay ahí. Iba a tirarlo todo a la basura hoy mismo, pero recordé que quizás querrías guardar algo de eso. Son tus recuerdos, después de todo.

​—¡No, no lo tires! —dijo Ana, visiblemente alarmada—. Sí, me gustaría recuperarlo.

​Harry se encogió de hombros, fingiendo indiferencia. —Está bien. Entonces tendrás que venir a mi departamento a buscarlo. No puedo traerlo todo mañana, es una caja grande y estoy muy ocupado.
​Ana miró su reloj, su expresión llenándose de duda. —Es que... tengo planes esta noche, Harry. Tenía una cita en... —Se interrumpió, como si no quisiera compartir demasiados detalles con él.

​El pulso de Harry se aceleró. Ella estaba a punto de irse con Marcus. —Ana, lo entiendo. Pero de verdad, si no lo buscas hoy, mañana ya no estará. No tengo espacio para guardarlo y el camión de la basura pasa esta noche. Es ahora o nunca.

​La duda en los ojos de Ana dio paso a la resignación. Era joven, y la idea de perder los artefactos de su infancia era algo que no podía soportar. —Está bien —suspiró—. Iré a buscarlo. ¿Puedo ir ahora mismo?

​Harry asintió, luchando por mantener la calma. El plan estaba en marcha. —Sí, te espero allí. Te enviaré la dirección por mensaje. No tardes.

​El departamento de Harry era moderno, elegante y, en ese momento, insoportablemente silencioso. Estaba en el último piso de un edificio exclusivo, con ventanales que ofrecían una vista impresionante de la ciudad. Harry había encendido solo unas pocas luces tenues, dejando la mayor parte del espacio en sombras.

​Mientras esperaba a Ana, sentía cómo la adrenalina recorría su cuerpo. Lo que estaba a punto de hacer era arriesgado, egoísta y, según cualquier estándar ético, imperdonable. Pero la idea de Ana entregándose a Marcus, la sola imagen de ese idiota tocándola, era suficiente para silenciar cualquier voz de su conciencia.

​Cuando el timbre sonó, Harry respiró hondo y abrió la puerta.
​Ana estaba en el umbral, todavía vestida con su ropa de oficina. Se veía nerviosa, moviendo el bolso de un lado a otro. —Hola, Harry. Siento llegar así.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora