Tras la tensión eléctrica de aquella cena, donde el nombre de Marcus había actuado como un ácido en la sangre de Harry, Ana tomó una decisión desesperada: el repliegue.
Alegando que el estofado le había caído pesado y que el estrés del bufete la estaba consumiendo, consiguió una dispensa médica para quedarse en casa. Necesitaba distancia para alejarse del magnetismo oscuro de Harry.
Pero Harry Styles no era un hombre que aceptara la distancia. En lugar de presentarse en su puerta como un acosador, decidió jugar una carta mucho más maestra y retorcida.
Dos días después, Elena recibió una llamada. Era la secretaria de Harry, sonando genuinamente preocupada.
—Señora Elena, lamento molestarla, pero el señor Styles está muy mal. Tiene una fiebre altísima y se niega a ir al hospital. Como usted es la única familia que le queda aquí...
Elena, movida por la lealtad y el cariño residual hacia el hombre que había sido su esposo, no lo dudó.
—Ana, hija, prepárate. Harry está muy enfermo y solo en ese penthouse. No podemos dejarlo así. Me vas a acompañar para ayudarme a cuidarlo.
Ana palideció. Intentó negarlo, inventó nuevos dolores, pero su madre fue implacable. Así, Ana terminó cruzando el umbral del territorio de Harry, entrando directamente en la boca del lobo.
Al llegar, el penthouse estaba en penumbras. Harry estaba en la cama, con la camisa desabrochada y la piel inusualmente caliente —un efecto que Ana sospechó, por la intensidad de su mirada, que no era del todo natural.
—Gracias por venir, Elena —susurró con voz ronca, pero sus ojos verdes se clavaron en Ana, que permanecía en la puerta de la habitación, temblando—. Ana... qué bueno que también viniste.
Elena, en su afán de ayudar, se puso manos a la obra en la cocina para preparar caldos y remedios, dejando a Ana "a cargo" de vigilarlo mientras ella bajaba a la farmacia por medicamentos específicos.
En cuanto la puerta principal se cerró, la "debilidad" de Harry se evaporó. Se incorporó en la cama con una agilidad depredadora, atrapando la muñeca de Ana cuando intentó retroceder.
—¿Pensaste que unos días libres te salvarían de mí? —gruñó él, tirando de ella hasta que cayó sobre el colchón, bajo su cuerpo—. Este es mi territorio, Ana. Aquí no hay oficinas, ni Marcus, ni excusas.
—¡Estás fingiendo! —chilló ella, golpeando su pecho—. ¡Mi mamá cree que te estás muriendo!
—Me estoy muriendo, sí. Pero de ganas de saber si llevas a mi futuro hijo en tu vientre—Harry le inmovilizó las manos sobre la cabeza, su peso hundiéndola en las sábanas de seda—. Estás pálida, Ana. Tienes ese brillo en los ojos que solo tienen las mujeres embarazadas.
Harry bajó la cabeza, aspirando el aroma de su cuello con una posesividad que la hizo jadear.
—Aquí las reglas las pongo yo. No vas a salir de este departamento hasta que sepa la verdad. Y si confirmamos lo que sospecho, Elena no te llevará de vuelta. Te quedarás aquí, conmigo.
Ana sintió que el círculo se cerraba. Harry la había traído a su fortaleza usando a su propia madre como señuelo. Estaba atrapada, rodeada de los lujos de un hombre que no aceptaba un "no" por respuesta, y con la casi certeza de un embarazo latiendo con una fuerza que ya no podía ocultar bajo una supuesta gastritis.
—Dime, Ana —susurró Harry, rozando con sus labios su oreja—. ¿Qué es lo que mi semilla está haciendo con tu cuerpo? Porque no voy a parar hasta que me lo confieses todo.
Ana se retorció bajo el peso de Harry, pero el colchón de seda solo parecía hundirla más en su dominio. El calor que emanaba de él no era de fiebre, era una combustión interna de deseo y victoria.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
