El capo Styles

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El aire en el departamento del East End estaba viciado por el olor a tabaco barato y el sudor frío de la desesperación. Ana revolvía mecánicamente una sopa de verduras, preguntándose por qué, a pesar de sus notas excelentes y su esfuerzo, la última entrevista de trabajo había vuelto a fallar. Parecía que una mano invisible cerraba cada puerta decente justo antes de que ella pudiera cruzarla.

Un golpe seco y autoritario en la puerta la sacó de sus pensamientos. No era un golpe de cortesía; era el sonido de quien sabe que la puerta se abrirá, de una forma u otra.

Su padre, Arthur, apareció desde el pasillo, pálido y tembloroso. Al abrir, dos hombres de trajes oscuros se hicieron a un lado para dejar pasar a la figura que dominaba las leyendas urbanas de Londres: Harry Styles.

Él entró con la elegancia de un animal de caza. Sus ojos verdes escanearon el lugar con desdén hasta que se posaron en Ana. Ella sintió un escalofrío; había escuchado las historias en el barrio: el hombre que no perdonaba deudas, el que gobernaba los muelles con sangre y silencio.

-Arthur -dijo Harry, su voz era un barítono profundo que llenó la habitación-. El tiempo se terminó. Los intereses han superado tu capacidad de pago... y tu capacidad de vivir.

Arthur cayó de rodillas, sollozando.
-Harry, por favor... dame una semana más. El negocio de las apuestas...

-No habrá más semanas -sentenció Harry. Dio un paso hacia Ana, quien retrocedió hasta chocar con la mesada de la cocina. Él la observó con una fijeza depredadora-. Tienes algo que vale mucho más que el dinero sucio que perdiste en mis mesas. Te ha vendido a mí. A partir de hoy, tu vida es mía.

Ana sintió que el mundo se desmoronaba. Miró a su padre, buscando una negativa, pero este bajó la cabeza.

-Es la única forma, Ana... -balbuceó el hombre-. Él te cuidará... estarás en una mansión, no aquí...

Harry soltó una risotada seca.

-No te equivoques, Arthur. No la quiero como invitada. La quiero como mi esposa. La quiero bajo mi nombre y mi ley. Niall -llamó Harry, y su mano derecha, un hombre de mirada gélida y cabello rubio, apareció en el umbral-. Ayuda a la Sra. Styles a empacar. El resto de sus pertenencias serán quemadas. No quiero nada de esta vida anterior en mi casa.

Ya en la mansión, Ana caminaba por los pasillos de mármol con la espalda rígida. El miedo le quemaba el estómago, pero se negaba a dejar que sus hombros cayeran. Harry la esperaba en su despacho, rodeado de madera oscura y el aroma a whisky caro.

-No puedo entenderlo -soltó Ana, plantándose frente a su escritorio-. Eres un criminal. Controlas la sangre de esta ciudad. ¿Por qué este teatro del matrimonio? Si querías una mujer para tus noches, podrías haberme tomado por la fuerza después de comprarme. ¿Por qué darme tu apellido?

Harry dejó su pluma y se levantó, caminando hacia ella con una calma que resultaba insultante.

-Porque tengo principios, Ana. Y porque necesito asegurar un legado -dijo Harry, deteniéndose a centímetros de ella-. En este mundo, la gente como yo suele morir joven. No busco una amante que desaparezca cuando yo caiga; busco una Reina que sostenga la corona. La legitimidad es el escudo más fuerte que existe.

Ana soltó una risa amarga.

-¿Principios? -repitió ella con una risa amarga, cruzando los brazos sobre el pecho-. Hablas de principios mientras me compras como a una mercancía para saldar la deuda de un cobarde. ¿Sabes cuántos meses pasé buscando un trabajo decente? ¿Cuántas entrevistas me cerraron en la cara sin darme una explicación? El mundo allá afuera es cruel, Styles. No vengas a darme lecciones de moralidad cuando me has quitado la libertad justo cuando estaba a punto de rendirme.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora