El sol de la mañana siguiente no trajo alivio, sino una claridad cruda que iluminaba las marcas en la piel de Ana y el peso de su nueva realidad.
Se despertó sola en la inmensa cama, con el cuerpo doliéndole en músculos que ni siquiera sabía que existían. Al intentar incorporarse, el roce de las sábanas de seda contra su piel hipersensible le recordó cada caricia, cada embestida y la entrega absoluta de la noche anterior.
Niall entró en la habitación justo cuando ella se envolvía en una bata de terciopelo negro. No llamó a la puerta; en ese mundo, la privacidad era un concepto que ya no le pertenecía.
—El desayuno está servido en la terraza este, Sra. Styles —dijo Niall. Su tono era respetuoso, pero sus ojos recorrieron el cuello de Ana, donde las marcas de Harry eran evidentes—. Harry la espera.
Caminar por la mansión era como desfilar por un campo de minas. Los hombres de Harry, tipos rudos que controlaban los bajos fondos de la ciudad, se detenían en seco al verla pasar. Se quitaban las gorras, bajaban la cabeza y murmuraban un "Señora" cargado de un respeto que rayaba en el temor.
Ana se sentó a la mesa frente a Harry, quien leía informes de inteligencia mientras bebía un café negro. Al verla, él dejó los papeles y le dedicó una sonrisa depredadora.
—Te queda bien el apellido, Ana —dijo, extendiendo una mano para apretar la de ella sobre la mesa—. Hoy empezaremos tu instrucción. No solo eres mi mujer en la cama; eres mi representante en las calles. Niall te enseñará a manejar un arma y a identificar a los traidores. En este imperio, la debilidad es una sentencia de muerte.
Ana mantuvo la barbilla en alto, ocultando el temblor de sus manos.
—Si esperas que me convierta en una criminal de la noche a la mañana, estás equivocado.
—No espero que seas una criminal —corrigió Harry, su mirada volviéndose de hielo—. Espero que seas una Styles.
La instrucción fue interrumpida cuando Niall se acercó a Harry y le susurró algo al oído. El rostro de Harry se transformó en una máscara de furia contenida. Arrojó el teléfono sobre la mesa y miró a Ana con una mezcla de lástima y asco.
—Parece que tu padre no aprendió la lección —soltó Harry—. Niall acaba de confirmar que Arthur está en un club clandestino en los muelles. No solo está apostando de nuevo con dinero que no tiene, sino que lo está haciendo en una mesa de los hermanos Vane.
Ana sintió que la sangre se le congelaba. Los Vane eran los rivales más sanguinarios de Harry, hombres que buscaban cualquier debilidad para derrocar el imperio de los Styles.
—Él no... él prometió que se alejaría de eso —susurró Ana, aunque en el fondo sabía que la adicción de su padre era más fuerte que su amor por ella.
—Tu padre acaba de darles a mis enemigos una palanca contra mí —gruñó Harry, levantándose y ajustándose el saco—. Creen que pueden usar a mi suegro para chantajearme o para sacarme información sobre mi nueva esposa.
Ana se puso de pie, su miedo transformándose en una chispa de la misma oscuridad que habitaba en Harry. Si su padre la había vendido para salvar su pellejo y ahora ponía en riesgo la única protección que ella tenía, el tiempo de la piedad se había terminado.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó ella.
Harry miró a Niall y luego a Ana.
—Normalmente, mandaría a Niall a cortarle los dedos uno por uno. Pero es tu padre. Tú decides, Ana. ¿Quieres que sea el Capo quien se encargue de él, o quieres demostrarle a Londres por qué eres la Sra. Styles?
Ana miró a Niall, quien ya tenía las llaves del auto en la mano, esperando su orden. El dolor en su cuerpo por la noche de bodas parecía alimentarla.
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One Shots H. S. (+18)
Hayran KurguHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
