El capo Styles II

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La atmósfera en la suite se volvió densa, cargada de un magnetismo animal que Ana nunca habría imaginado. El miedo inicial fue reemplazado por una parálisis sensorial cuando vio a Harry despojarse de su ropa.

Su cuerpo era un mapa de cicatrices de guerra y tatuajes oscuros, una anatomía de poder puro que la hacía sentir pequeña, pero extrañamente deseada.

Harry no perdió el tiempo en galanterías. La atrajo hacia el borde de la cama y, con una autoridad que no admitía réplica, la obligó a recostarse mientras él se arrodillaba entre sus piernas.

Ana sintió un espasmo de incredulidad cuando la boca de Harry se apoderó de su intimidad. Ver al hombre más temido de Londres, al capo que decidía la vida y la muerte en los muelles, entregado a su placer con una voracidad casi salvaje, la dejó sin aliento.

Harry la saboreaba con una lengua experta y ruda, ignorando sus súplicas de aire, hasta que ella no pudo más que arquear la espalda y enredar sus dedos en el cabello oscuro de su marido.

—Míralo, Ana —susurró Niall, que se mantenía detrás de ella, sus manos grandes apretando sus hombros para que no escapara del asedio de Harry—. Tu marido te está reclamando. No eres solo una deuda pagada; eres su alimento.

La habitación quedó sumida en un silencio denso tras el asedio de Harry. Ana, con la respiración entrecortada y el cuerpo vibrando por la intensidad del sexo oral, miró a su marido con una mezcla de vulnerabilidad y desafío.

—Harry... —susurró ella, su voz apenas un hilo—. Es... es mi primera vez. Nunca dejé que nadie llegara tan lejos.

Harry se detuvo en seco. Sus ojos verdes se dilataron, procesando la magnitud de lo que acababa de escuchar. El hecho de que la mujer que había "comprado" fuera un lienzo en blanco para él encendió una llama de protección y posesividad aún más oscura.

—¿Tu primera vez, Ana? —Harry acarició su mejilla con una suavidad que contrastaba con su naturaleza letal—. Entonces seré el único que recuerdes. El único que importe.

Se posicionó entre sus piernas con una lentitud tortuosa. No quería romperla, quería moldearla.

La penetración fue un proceso milimétrico; Harry observaba cada mueca en el rostro de Ana, bebiendo su dolor y su placer inicial. Cuando finalmente estuvo dentro, se quedó inmóvil, dejando que ella se acostumbrara a su peso y a su volumen.

—Eres mía, Ana Styles. Ahora y para siempre —gruñó él, antes de empezar a moverse con embestidas lentas, profundas y cargadas de una intención sagrada.

Cuando llegó al clímax, no se retiró. Se hundió hasta el fondo, llenándola por primera vez con su esencia, sellando el contrato matrimonial con la marca física de su linaje. Ana se sintió desbordada, reclamada por completo por el hombre que ahora era su dueño legal y carnal.

Harry se retiró con lentitud, pero no permitió que Ana se enfriara. Le hizo una seña a Niall, quien había observado todo con una devoción silenciosa.

—Niall, haz que lo sienta de nuevo. Pero no dejes de mirarla —ordenó Harry.

Mientras Niall se posicionaba para seguir el camino que Harry había abierto, el Capo se dedicó a adorar el cuerpo de su esposa. Harry besaba sus hombros, sus pechos y su vientre, murmurando palabras de aliento mientras Niall la invadía con la misma determinación ruda pero controlada.

La sensación de ser acariciada por su marido mientras era poseída por su mano derecha llevó a Ana a un estado de trance sensorial. Niall la llenó con la misma intensidad, dejándola saturada por la presencia de ambos.

Después de una pausa necesaria, donde los tres recuperaron el aliento entre las sábanas de seda, la dinámica de la habitación tomó un giro aún más profundo. Ana, apoyada contra las almohadas, observó cómo la jerarquía de lealtad se manifestaba de otra forma.

Niall se arrodilló ante Harry. No había vergüenza, solo una lealtad que trascendía los límites de lo común.

Ana vio con asombro cómo Niall satisfacía a su marido, entregándose a él con una devoción que confirmaba lo que Harry le había dicho: compartían todo.

—Míralo, Ana —dijo Harry, pasando su mano por el cabello rubio de Niall mientras este se entregaba a él—. Esto es lo que significa ser un Styles. Aquí no hay secretos, solo lealtad absoluta. Niall me pertenece a mí tanto como tú me perteneces ahora.

Finalmente, Harry tomó a Niall en una posición de poder, permitiendo que Ana fuera testigo de la unión inquebrantable entre el Rey y su Ejecutor.

Ver a los dos hombres más peligrosos de Londres fundirse en un acto de posesión mutua le hizo entender a Ana que ella no era solo una esposa, sino la pieza final de un rompecabezas de lealtad, sangre y placer que gobernaría Londres desde las sombras de esa habitación.

***

El dormitorio estaba envuelto en la luz pálida del amanecer londinense, pero el aire seguía denso, cargado de una intimidad que no conocía el descanso.

Harry, a pesar de la noche extenuante, se sentó frente al inmenso espejo de marco dorado que dominaba una de las paredes de la suite. Su cuerpo, una silueta de músculos y tinta, resaltaba contra el terciopelo oscuro del asiento.

—Ven aquí, Ana —ordenó Harry, su voz era un roce de lija y terciopelo.
La tomó por la cintura y la obligó a sentarse a horcajadas sobre él, de frente al espejo.

Ana, con el cuerpo dolorido y la piel sensible al más mínimo contacto, se vio obligada a sostener su propia mirada en el reflejo. Harry la penetró con una lentitud deliberada, llenándola de nuevo mientras sus manos grandes y posesivas se cerraban sobre sus caderas, guiando su movimiento.

—Mírate, Sra. Styles —susurró Harry al oído de ella, obligándola a observar cómo sus cuerpos se fundían en uno solo—. Mira cómo te mueves para mí. No hay rincón de Londres que no envidiaría lo que tengo en este momento.

Ana empezó a moverse, siguiendo el ritmo que Harry dictaba con sus manos. Cada embestida era profunda, un recordatorio físico de su unión legal y carnal. En el espejo, ella veía su propio rostro, encendido y vulnerable, contrastando con la expresión de triunfo absoluto de Harry.

Niall no se quedó atrás. Como la sombra leal que completaba el círculo, se arrodilló entre las piernas de ambos, frente al espejo. Mientras Ana subía y bajaba sobre el regazo de su marido, Niall se dedicó a adorar la unión de sus sexos con besos húmedos y hambrientos, saboreando la esencia compartida que los unía a los tres.

Sus labios subieron luego hacia el vientre de Ana, acariciando con veneración el lugar donde el heredero del imperio Styles echaría raíces. Ana soltó un gemido que se perdió en la habitación cuando sintió la lengua de Niall rodeando sus pezones, mientras Harry, detrás de ella, le mordía el hombro para silenciarla.

—Estás llena de nosotros, Ana —jadeó Niall entre beso y beso, su mirada encontrándose con la de Harry en el reflejo del espejo—. Y vas a seguir estandolo hasta que este vientre dé frutos.

La escena en el espejo era una pintura de dominación y lealtad. Ana se sentía desbordada: el peso de Harry invadiéndola desde abajo, los besos devotos de Niall marcando su piel desde el frente, y la visión constante de su propia entrega en el cristal.

Harry aumentó la velocidad, sus ojos fijos en los de Ana a través del reflejo, exigiendo su atención total.

—Eres el corazón de mi mundo ahora —sentenció Harry antes de vaciarse en ella una vez más, con una intensidad que la hizo temblar—. Y Niall y yo nos encargaremos de que nunca olvides a quién perteneces.

Cuando el sol terminó de salir, Ana quedó colapsada sobre el pecho de Harry, con los labios de Niall aún presionados contra su vientre.

En el espejo, la imagen era clara: ya no era la mujer que intentaba ir por el buen camino; era la Reina de una dinastía de sombras, poseída y protegida por los dos hombres que habían decidido que Londres, y ella, les pertenecían por completo.

Holaaa. ¿Cómo están? He vuelto con esta nueva entrega, y todavía quedan más.

¿Qué les parece?

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora