Seis meses después de la boda, la mansión ya no funcionaba con libros de contabilidad amarillentos y mensajeros a caballo. Ana había instalado una red de fibra óptica camuflada tras los tapices del siglo XVIII y desarrollado una IA personalizada —a la que Harry llamaba cariñosamente "La Mayordoma Digital"— para gestionar las rentas agrarias y los fondos de caridad del ducado.
Incluso Eleanor, la Duquesa Viuda, ahora se paseaba con una tablet coordinando las galas benéficas, aunque insistía en que el dispositivo hiciera un sonido de campanilla real cada vez que llegaba un correo.
Pero el cambio más profundo no fue digital, sino biológico.
El nacimiento ocurrió una madrugada de abril, bajo la lluvia persistente de la campiña inglesa. No hubo cámaras en la habitación, solo Harry sosteniendo la mano de Ana y un equipo médico que entendía que, aunque estaban asistiendo al nacimiento de una figura histórica, para la duquesa era simplemente su hija.
Cuando la pequeña **Alice Victoria** emitió su primer llanto, el mundo exterior estalló en salvas de cañón.
Como Harry y Ana habían formalizado los papeles de primogenitura absoluta con el aval de la Corona, Alice se convirtió automáticamente en la **Heredera Directa de la Casa Somerset**.
Sin embargo, la verdadera sorpresa llegó dos días después, con una visita oficial que no figuraba en la agenda pública.
La Reina llegó sin protocolos excesivos, vestida con un abrigo de lana y su habitual pañuelo en la cabeza. Se sentó junto a la cama de Ana y observó a la bebé que dormía en la cuna de madera tallada.
—Es una Somerset auténtica —observó la Reina con un brillo de ternura—. Tiene la mirada decidida de su madre.
—Y el sueño pesado de su padre, Su Majestad —bromeó Ana, que a pesar del cansancio, irradiaba una serenidad nueva.
La Reina tomó un documento sellado de su bolso.
—Como saben, hemos reestructurado las Actas de Sucesión. Dada la posición de la pequeña Alice —que tras los ajustes legales ocupaba el quinto lugar en la línea de herencia al trono— y el servicio que su casa presta a la modernización de nuestras instituciones, he decidido emitir una Patente Real.
Harry y Ana intercambiaron una mirada de asombro.
—A partir de este momento —continuó la soberana—, ella no será simplemente Lady Alice. Por decreto real, se le otorga el tratamiento de **Su Alteza Real, la Princesa Alice del Reino Unido**.
Ana sintió un nudo en la garganta. Había luchado por la normalidad, pero entendió que este título no era una jaula, sino un reconocimiento al puente que ella había construido entre dos mundos.
—Gracias, Su Majestad —susurró—. Le prometo que crecerá sabiendo que un título es una responsabilidad, no un privilegio para descansar. Aprenderá historia, pero también aprenderá a construir el futuro con sus propias manos.
La nueva vida de Ana como Duquesa y madre de una princesa se convirtió en un equilibrio fascinante. No era raro verla en una videoconferencia internacional discutiendo infraestructura IT mientras mecía la cuna de la Princesa Alice, o asistiendo a una apertura del Parlamento con una joya de la corona en el cuello y su computadora portátil en el maletín.
Había logrado lo imposible: no se había convertido en una pieza de museo. Había convertido al museo en un hogar inteligente, donde una futura reina podía gatear sobre alfombras milenarias mientras su madre programaba el código de una nueva era para la monarquía.
***
Dos años después de que el mundo entero pusiera sus ojos sobre la "Duquesa Tecnológica", la paz en la mansión Somerset tenía un ritmo diferente.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
