Curiosidad II

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La tensión en el aire era palpable, pero no era una tensión incómoda; era más bien como la electricidad que precede a una tormenta de verano. Anna y Harry habían pasado la tarde preparando la casa, asegurándose de que el ambiente fuera acogedor: luces indirectas, una lista de reproducción suave y una botella de vino tinto abierta sobre la mesa de madera.
Cuando sonó el timbre, Anna respiró hondo. Harry le dio un apretón rápido en la mano, un gesto silencioso de "estoy contigo", antes de que ella fuera a abrir.

***

Elena entró con una sonrisa tranquila, trayendo consigo un aroma a sándalo y flores silvestres que llenó el recibidor.
—Gracias por invitarme —dijo Elena, saludando a Anna con un beso en la mejilla que duró un segundo más de lo estrictamente necesario. Luego, extendió la mano hacia Harry—. Un placer finalmente conocerte, Harry. Anna me ha hablado maravillas de ti.
—El placer es mío —respondió él con sinceridad, guiándolas hacia la sala—. Queríamos que estuvieras cómoda. Anna estaba un poco nerviosa, aunque no quiera admitirlo.
Se sentaron los tres, y el vino ayudó a que las palabras fluyeran. Harry se mantuvo en un papel de anfitrión atento, observando cómo Anna se soltaba poco a poco. Ver a su esposa interactuar con otra mujer, ver cómo sus ojos brillaban de una manera nueva cuando Elena le contaba alguna anécdota, despertó en él una fascinación protectora y excitante a la vez.

***

A medida que la noche avanzaba, el espacio entre Anna y Elena en el sofá se fue reduciendo. Elena estiró un brazo por el respaldo y empezó a jugar distraídamente con un mechón de cabello de Anna.
—Tienes una energía muy especial, Anna —susurró Elena, ignorando por un momento la presencia de Harry, quien las observaba desde el sillón individual con una sonrisa ladeada—. Es una mezcla de inocencia y un deseo muy profundo de descubrirte.
Anna sintió que el calor subía por su cuello. Miró a Harry, buscando esa confirmación visual que siempre compartían. Él asintió levemente, dándole permiso implícito para dejarse llevar.
—He pasado mucho tiempo imaginando cómo sería este momento —confesó Anna, girándose un poco más hacia Elena.

***

Elena no esperó más. Acortó la distancia y presionó sus labios contra los de Anna. Fue un beso suave, exploratorio, muy diferente a los besos de Harry. Era más delicado, con una textura y un ritmo que Anna nunca había experimentado. Un pequeño gemido de sorpresa escapó de sus labios, y sintió cómo sus sentidos se agudizaban.
Harry observaba la escena con una mezcla de orgullo y deseo. Ver a la mujer que amaba entregándose a su curiosidad de una manera tan honesta era, para él, la máxima prueba de la confianza que se tenían.
—¿Estás bien, amor? —preguntó Anna, separándose un segundo de Elena, con los labios algo hinchados y la respiración agitada.
—Estoy mejor que bien —respondió Harry, acercándose a ellas—. Me encanta verte así.

***

La atmósfera en la sala se volvió demasiado pequeña para la intensidad que se estaba gestando. Elena tomó la mano de Anna y luego miró a Harry.
—Creo que es hora de que estemos más cómodos, ¿no les parece? —sugirió con una voz aterciopelada.
Caminaron hacia la habitación principal, el santuario de Anna y Harry, ahora abierto a una nueva experiencia. Al entrar, Anna se sintió más segura que nunca. Sabía que esa noche marcaría un antes y un después en su matrimonio, no porque algo fuera a romperse, sino porque estaban expandiendo los límites de su amor y su placer.
Se sentaron en la gran cama matrimonial, y mientras Elena comenzaba a desabotonar lentamente la blusa de Anna, Harry se situó detrás de su esposa, besando su nuca y susurrándole palabras de aliento.

***

La luz de la habitación era tenue, apenas un resplandor cálido que dibujaba sombras largas sobre las sábanas de seda. Al sentarse en la cama, el mundo exterior pareció desaparecer, dejando solo el sonido de tres respiraciones que empezaban a acompasarse.
Harry se colocó detrás de Anna, sentándose con las piernas abiertas para que ella pudiera apoyarse en su pecho. Sus manos, grandes y familiares, bajaron por los brazos de su esposa, dándole esa seguridad que ella necesitaba para entregarse por completo a la novedad. Frente a ella, Elena estaba arrodillada, observándola con una intensidad que hacía que a Anna se le erizara la piel.

***

Elena estiró las manos y terminó de desabotonar la blusa de Anna. Cuando la prenda cayó al suelo, el aire fresco de la habitación chocó contra su piel, pero fue rápidamente reemplazado por el calor de las manos de Elena, que subieron desde su cintura hasta sus hombros. Sus dedos eran largos, suaves y se movían con una delicadeza casi rítmica.
—Eres preciosa, Anna —susurró Elena, acercándose para besar la línea de su clavícula.
Anna cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás, encontrando el cuello de Harry. Él aprovechó el movimiento para besar su oreja y susurrarle al oído:
—Disfrútalo, amor. Todo esto es para ti.

***

Elena se inclinó hacia adelante, capturando los labios de Anna en un beso más profundo esta vez. Sus lenguas se encontraron en una danza lenta; Anna notó la suavidad extrema de los labios de Elena, una sensación aterciopelada que contrastaba con la firmeza de Harry, quien ahora bajaba sus manos para acariciar el vientre de Anna, manteniendo el contacto constante.
Poco a poco, las prendas restantes fueron desapareciendo. La visión de los tres cuerpos entrelazados sobre la cama era una coreografía de piel contra piel. Harry ayudó a Anna a recostarse, quedando ella en medio. Elena se posicionó a un lado, recorriendo con su lengua el costado del cuerpo de Anna, desde la axila hasta la cadera, provocándole espasmos de placer que nunca antes había sentido de esa manera.
—Es tan... diferente —jadeó Anna, enredando sus dedos en el cabello de Elena mientras sentía cómo la otra mujer exploraba la curva de su pecho con una paciencia exquisita.

***

Harry, viendo la entrega de su esposa, se unió a la exploración. Mientras Elena se enfocaba en la parte inferior del cuerpo de Anna, descubriendo con sus dedos y su boca rincones que Anna apenas conocía de sí misma, Harry se encargaba de mantenerla anclada, besando sus labios y sus pechos, creando una sinfonía de sensaciones duales.
La habitación se llenó de susurros, gemidos contenidos y el roce constante de la seda y la piel. Anna se sentía el centro de un universo de atención. La suavidad de Elena y la fuerza protectora de Harry se combinaban de una forma embriagadora.
En el momento en que Elena llevó a Anna al límite con una destreza que solo otra mujer podría tener, Harry la sostuvo con fuerza, recibiendo sus espasmos contra su propio cuerpo. Fue una explosión de sensaciones nuevas, un "color" que Anna finalmente podía ver con total claridad.

***

Minutos después, los tres quedaron tendidos en un silencio cómodo, recuperando el aliento. Elena estaba abrazada al costado de Anna, y Harry envolvía a ambas con sus brazos, formando un nudo de extremidades y afecto.
—¿Estás bien? —preguntó Harry en un susurro, besando la frente de su esposa.
Anna asintió, con una sonrisa de plenitud que iluminaba su rostro incluso en la penumbra.
—Me siento... completa. Gracias por esto, a los dos.
Elena levantó la vista y sonrió, dejando un último beso casto en el hombro de Anna antes de acomodarse para descansar un momento más antes de partir. La curiosidad había sido satisfecha, pero había dejado una chispa encendida que prometía que esa no sería la última vez que explorarían los límites de su mundo privado.

Holaaaa. Estoy de nuevo con esta nueva entrega. Y habrán muchas más, les prometo.

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora