Secreto II

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La luz de la luna se filtraba por las persianas, dibujando líneas de cebra sobre la alfombra. Al lado de Anna, la respiración de Harry era lenta y acompasada, el ritmo perfecto de alguien que no tiene secretos que le opriman el pecho.
​Ella, en cambio, tenía los ojos fijos en el techo. En su mente, una palabra se repetía como un pulso eléctrico: opción.
​No era una palabra que hubiera usado antes, no en este contexto. Pero ahora, con el peso del futuro de Harry —sus congresos, sus investigaciones, su aversión declarada a la paternidad— sobre sus hombros, la idea de interrumpirlo todo empezaba a tomar una forma lógica, casi necesaria.
​Con cuidado de no mover las sábanas, Anna estiró el brazo y tomó su teléfono de la mesa de luz. Bajó el brillo al mínimo, ocultando la pantalla bajo la manta. Sus dedos temblaron un poco al escribir en el buscador.

Clínicas. Procedimientos. Primer trimestre.

​Los resultados aparecieron en un despliegue de términos médicos fríos y distantes. Leyó sobre protocolos y tiempos de recuperación. "Sería como un proceso gripal fuerte", pensó, intentando convencerse de que podía hacerlo un viernes y estar lista para el lunes frente a sus alumnos de literatura, como si nada hubiera pasado. Sin que Harry notara jamás la ausencia de algo que nunca supo que existía.

​Se levantó de la cama en silencio y caminó hacia el baño. Al encender la luz tenue sobre el espejo, se miró fijamente. No había cambios físicos todavía, pero ella se sentía distinta, como una extraña habitando su propia piel.
​—Es lo mejor para los dos —susurró al reflejo, pero su voz sonó rota.
​Harry no quería ser padre. Él había sido honesto desde el primer día. Obligarlo a serlo, o incluso obligarlo a procesar la noticia de un fallo que era "su responsabilidad", se sentía como una forma de traición. Abortar parecía, en su lógica retorcida por el miedo, un acto de lealtad hacia el hombre que dormía en la otra habitación. Una forma de proteger su mundo intacto.
​Sin embargo, al acariciar inconscientemente su vientre, la duda la golpeó. No era una duda moral, era una duda visceral.
​Escuchó un ruido en el pasillo y bloqueó el teléfono de inmediato, escondiéndolo tras su espalda. La puerta se abrió apenas unos centímetros y la silueta de Harry apareció en el umbral, con el cabello revuelto por el sueño.
​—¿Anna? ¿Otra vez descompuesta? —Su voz estaba cargada de una ternura que la hizo querer llorar—. Mañana mismo te saco un turno con el médico. Esto no es normal.
​—No, Harry, de verdad... es solo estrés. No hace falta un médico —dijo ella, forzando una firmeza que no sentía.
​Él se acercó y le puso una mano en el hombro, un gesto protector que en ese momento se sintió como una sentencia.
—Te cuido yo, entonces. Vamos a dormir.
​Mientras él la guiaba de vuelta a la cama, Anna sintió el peso del teléfono en su mano. La cita que había estado a punto de agendar seguía allí, en una pestaña abierta, esperando a que ella decidiera si el silencio era realmente la mejor forma de amar.

***

—Tengo un turno para el viernes a las diez —susurró Anna para sí misma, cerrando los ojos un instante.
Era el hueco perfecto. Harry tenía una supervisión clínica esa mañana y ella no entraba a dar clase hasta la tarde. Tres horas. Ese era el tiempo que necesitaba para que su vida volviera a ser la que él esperaba de ella. Para que el "nosotros" no se transformara en un "tres" que Harry nunca pidió.

Esa noche, la cena transcurrió en un silencio que a Anna le quemaba la garganta. Harry estaba de buen humor, analizando un caso particularmente complejo, y ella asentía en los momentos adecuados, fingiendo interés mientras su mente repasaba la ruta hacia la clínica y la excusa que usaría si él notaba su palidez al regresar.
—Estás más tranquila hoy —comentó Harry, sirviéndose una copa de vino—. Me alegra que el malestar esté pasando.
Anna miró su propio vaso de agua.
—Sí. Creo que solo necesitaba organizarme un poco mejor. El estrés de fin de cuatrimestre, ya sabés.
—Me gusta cuando tenemos todo bajo control, Anna —dijo él, y sus palabras sonaron como una sentencia—. Esa es la base de lo que construimos. Sin sorpresas, sin caos.
Ella forzó una sonrisa. "Sin sorpresas". La frase se le quedó grabada como un tatuaje invisible. Estaba a punto de eliminar la mayor sorpresa de sus vidas para mantener esa paz artificial que Harry tanto valoraba.
El jueves por la noche, Anna preparó su bolso con una meticulosidad dolorosa. Una muda de ropa, compresas, analgésicos. Lo escondió todo en el fondo de su maletín de cuero, bajo los exámenes de literatura clásica.
Se acostó al lado de Harry, sintiendo el calor de su cuerpo. Él rodeó su cintura con el brazo, una posición que antes la hacía sentir segura y que ahora la hacía sentir como una impostora.
—Mañana salgo temprano —le recordó ella con la voz un poco ronca—. Tengo que pasar por la biblioteca antes de la facultad.
—Está bien, amor. Nos vemos a la noche para ver esa película que querías —respondió él, ya medio dormido.

***

El viernes amaneció nublado, con ese aire pesado que precede a la tormenta. Anna vio a Harry irse, escuchó el motor del auto alejarse y, por un segundo, se quedó inmóvil en el centro del living. El silencio de la casa era ensordecedor.
Se puso el tapado, tomó el maletín y salió. Mientras caminaba hacia la parada del colectivo, evitaba mirar a las mujeres con cochecitos o a los niños que iban a la escuela. No por arrepentimiento, sino por una necesidad de blindarse.
Al llegar a la puerta de la clínica, un edificio gris y discreto que pasaba desapercibido para cualquiera que no lo estuviera buscando, Anna se detuvo. Su mano buscó el celular en el bolsillo. Tenía un mensaje de Harry:
"Te dejé el cargador que buscabas sobre el escritorio. Que tengas un buen día, profesora. Te amo".
Anna bloqueó la pantalla. Respiró hondo, tragándose el nudo de culpa que amenazaba con asfixiarla, y empujó la puerta de vidrio. Estaba a un paso de recuperar su vida anterior, o de perderse para siempre en el secreto que estaba a punto de ejecutar.

Holaaaa. Pude solucionar el problema momentáneamente y logré publicar esta segunda parte.

¿Qué les parece la historia? ¿Piensas que Anna abortará? Leo sus comentarios.

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora