El olor a café recién hecho inundaba el pequeño departamento que Harry y Ana compartían desde hacía dos años.
Era una mañana de domingo cualquiera, con el sol filtrándose por la persiana a medio bajar y el sonido lejano del tráfico de la ciudad. Pero para Harry, nada en ese día era "cualquiera".
En el bolsillo de sus viejos jeans de estar por casa, sus dedos trazaban una y otra vez los contornos de una pequeña caja de terciopelo. Adentro no había un anillo comprado en cuotas en una joyería del centro con sus ahorros de profesor de historia. Adentro descansaba una reliquia de oro blanco y zafiro que había pertenecido a las duquesas de Somerset durante cuatro generaciones.
Y ese era el problema. Ana no tenía idea de que estaba a punto de comprometerse con el quinto duque de Somerset. Para ella, él era solo Harry. El chico que siempre olvidaba sacar la basura los martes, que cocinaba unos fideos mediocres pero hechos con amor, y que amaba perderse en las librerías de usados.
-¿En qué pensás? -la voz de Ana lo sacó de su ensimismamiento. Estaba apoyada en el marco de la puerta de la cocina, llevando puesta una de las camisas grandes de él y sosteniendo una taza humeante.
Harry tragó saliva. La dinámica entre ellos siempre había sido de una honestidad brutal. Se lo contaban todo, desde sus miedos más profundos hasta sus quejas más triviales. Todo, excepto el pequeño detalle de que él poseía una herencia incalculable y un título nobiliario en Inglaterra.
Había huido de esa vida buscando normalidad y forjar su propio camino, y lo había encontrado en ella.
Pero ahora, para avanzar, tenía que derribar esa última barrera.
-En nosotros -dijo, acercándose a ella. Le quitó suavemente la taza de las manos y la dejó sobre la mesada-. Ana, sentate un momento. Tenemos que hablar.
El rostro de ella cambió de inmediato. La sonrisa matutina se desvaneció, reemplazada por una sombra de alerta.
-Harry, me estás asustando. ¿Pasó algo malo?
-No. No es nada malo, lo prometo -se apresuró a decir, arrodillándose frente a la silla donde ella acababa de dejarse caer. Suspiró, buscando las palabras que había ensayado mil veces frente al espejo-. Llevamos dos años viviendo juntos. Sos la mujer de mi vida, y no hay nada que desee más que envejecer en este mismo departamento, o donde sea, pero con vos.
Ana relajó un poco los hombros, una pequeña sonrisa pugnando por salir en la comisura de sus labios.
-Pero -continuó él, y la palabra pesó como plomo en la habitación-, hay algo que nunca te conté. Algo importante sobre mi familia.
-¿Están bien? ¿Le pasó algo a tu abuelo?
-No, no es de salud. Es sobre... quiénes somos. Quién soy yo -Harry sacó la caja de terciopelo de su bolsillo, pero la mantuvo cerrada en su palma-. Mi nombre completo no es Harry Styles. Es Henry James Arthur Styles-Wentworth. Y... soy el Duque de Somerset.
El silencio que siguió fue absoluto y ensordecedor. Ana parpadeó una, dos veces, mirando de la caja a los ojos de Harry.
-¿Es una broma? -preguntó, con una risa nerviosa y vacilante-. Porque si esto es una de tus referencias raras a tus libros de historia británica...
-No es una broma, amor. Mi familia tiene propiedades en Inglaterra, un fideicomiso ridículamente grande y un título. Huí de todo eso porque odiaba esa vida superficial y estructurada. Quería ser alguien por mí mismo, que me quisieran por quién soy, sin las expectativas de la corona. Y entonces te conocí.
Ana se puso de pie, apartándose de él bruscamente. La confusión en sus ojos empezaba a teñirse de una mezcla de incredulidad y dolor profundo.
-¿Me estás diciendo que durante tres años de relación, dos viviendo bajo el mismo techo, contando las monedas para pagar las cuentas a fin de mes... me estuviste mintiendo en la cara?
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
