CI

549 89 7
                                        


Natanael Cano

Abrí los ojos lentamente, sintiendo que todo el cuerpo me pesaba. Divisé a Gabito a mi lado, mordiendo sus uñas con nerviosismo.

- ¿Y Camila? - pregunté de inmediato, tratando de incorporarme.

El se levantó del sillón, sosteniéndome para que no me moviera.

- Quédate quieto, wey - murmuró, ajustando las almohadas detrás de mi.

- ¿Dónde está? - insistí con urgencia - ¿está bien?

- Está bien, wey - respondió enseguida - ya que vio que sigues vivo, se fue a hablar con el doctor.

Asentí apenas, sintiendo cómo un alivio mezclado con culpa se instalaba en mi pecho.

- ¿Está enojada? - pregunté, bajando la mirada hacia mi clavícula vendada y el brazo inmovilizado.

- Yo creo que más preocupada que enojada - contestó encogiéndose de hombros - se andaba desmayando cuando le dije.

Me incorporé de inmediato, intentando ignorar el dolor que me recorrió todo el cuerpo.

- ¡¿Qué?!

- ¡Pero está bien, wey! - añadió rápido - nomás fue el susto, pero todo bien.

Fruncí el ceño, imaginándome lo asustada que debió estar, y un malestar distinto al físico me recorrió el cuerpo.

- Chingada madre... - murmuré, recargando la cabeza contra la almohada.

Gabito se dejó caer otra vez en el sillón, soltando un suspiro.

- Ya, wey, no te preocupes. Ahorita va a regresar y la ves tú mismo.

Me quedé en silencio, apretando la mandíbula. Sabía que tenía razón, pero la imagen de ella a punto de desmayarse no se me iba de la cabeza.

Al poco tiempo la puerta se abrió y entró Camila seguida del doctor que me atendió cuando llegué. Pensé que me iba a gritar, regañarme por no avisarle, llorar tal vez, pero no.

Solo se quedó junto a la puerta mientras el doctor checaba la pantalla a mi lado.

Comenzó a explicar que tenía una fractura, que necesitaba cirugía y procedimientos que no entendí. Mi mirada estaba fija en ella, esperado que nuestros ojos se encontraran, pero su atención estaba completamente en el doctor.

Sentí un nudo formarse en la garganta, más incómodo que el dolor en la clavícula.

Cada palabra del doctor me llegaba lejana, como si hablara en otro idioma, porque lo único que quería era que ella me mirara... y no lo hacía.

- Mañana en la mañana vamos a entrar a quirófano, va a ser algo rápido - continuó el doctor, sin notar mi distracción - después de eso, reposo absoluto y nada de esfuerzos por varias semanas.

Asentí apenas, sin despegar la vista de Camila. Su postura estaba rígida, los brazos cruzados y una expresión seria.

- ¿Tienes alguna duda, Natanael? - preguntó el mientras hojeaba unos papeles.

- No, solo... mi esposa está embarazada y se sintió mal antes de venir, ¿pueden hacerle un chequeo?

- Claro, en cuanto terminemos aquí voy a pedir que la revisen - respondió, anotando algo rápido en la carpeta.

Camila apenas movió la cabeza en un gesto de asentimiento, sin decir palabra. No me miró, ni siquiera cuando el doctor salió para coordinar lo que le había pedido.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora