LVII

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Camila Hastings

- Hola, Cami - saludó Natanael con una sonrisa encantadora en cuanto abrí la puerta.

Sin poder evitarlo, sonreí de vuelta.

- Hola, Nata.

Se apoyó en el marco de la puerta con esa confianza despreocupada que siempre tenía, pero su mirada parecía analizarme, como si estuviera midiendo mis reacciones.

- ¿Puedo pasar?

Asentí y me hice a un lado para dejarlo entrar. Ollie apareció de inmediato, moviendo la cola emocionado al verlo.

- ¡Mi niño! - exclamó, agachándose para recibirlo con caricias.

Cerré la puerta mientras los observaba. Por más que intentara mantenerme firme, era difícil no sentir algo al verlo así con mi perro.

- ¿A qué debo tu visita?

Se incorporó, manteniendo una de sus manos en la cabeza de Ollie.

- Quería verte.

Mi corazón dio un brinco, pero mantuve mi expresión neutral.

- ¿Nada más?

Él soltó una risa baja y negó con la cabeza.

- Bueno... también quería invitarte a salir.

Entrecerré los ojos con sospecha.

- ¿A dónde?

El sonrió de lado.

- Es sorpresa.

Fruncí los labios.

Aún no estaba segura de en qué punto estábamos, y la idea de "sorpresas" me ponía un poco nerviosa.

- Te va a gustar - añadió con confianza.

Lo miré por un momento y suspiré.

- Está bien, voy por mi bolsa.

Su sonrisa se ensanchó.

- Te espero, chula.

Me giré para ir a mi habitación, sintiendo la mirada de Natanael sobre mí.

Una vez en el auto, íbamos en silencio, únicamente llenado por la música de fondo. Y aunque no se sentía incómodo, era raro que Natanael no tuviera anda que decir.

- ¿A dónde vamos? - pregunté, buscando distraerme.

- Es sorpresa, Millie - repitió con un ligero tono burlón.

- Pero ya vengo contigo, no es como que me fuera a bajar.

Él soltó una pequeña risa y miró al frente, como si pensara en su respuesta antes de hablar.

- No, pero... quiero que sea sorpresa.

Fruncí el ceño, pero decidí no insistir, y miré por la ventana, tratando de adivinar a dónde íbamos.

- Cami... - me llamó en voz baja.

- Mande, Nat - respondí, girándome hacia el.

Tardó un momento en hablar, su vista al frente mientras tomaba un respiro profundo.

- ¿Todo bien? - insistí confundida.

El suspiró y asintió con la cabeza.

- Si, Cami... olvídalo.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora