LX

1.4K 151 18
                                        


Natanael Cano

- ¿Vienes borracho? - preguntó Gabriel en cuanto abrió la puerta de su casa.

Rodé los ojos con diversión.

- No, estoy sobrio.

El me miró con sospecha por un segundo antes de hacerse a un lado, dejándome pasar.

- ¿Y Camila? - dijo dejándose caer en el sillón.

- Está en una junta - respondí imitando su acción.

- ¿Y cómo vas con ella?

Sonreí ampliamente, recargando la cabeza en el respaldo del sillón.

- Bien... muy bien, la neta - sentí que el pecho se me llenaba solo de pensar en ella - siento que volvemos a ser nosotros... bueno, mejor.

El me miró con media sonrisa.

- Se te nota, eh - comentó con ligera burla - te trae bien pendejo.

Reí por lo bajo, encogiéndome de hombros.

- Pues si... y bien contento, la neta - admití sin pena.

El negó con la cabeza, pero seguía sonriendo.

- Ya no la cagues.

Solté una leve risa, asintiendo despacio.

- No pienso hacerlo - respondí con seguridad - no otra vez.

Gabriel me miró un segundo, como si estuviera evaluando mis palabras, y luego asintió con aprobación.

- Eso espero porque no pienso aguantarte otra malacopeada.

Rodé los ojos con diversión.

- Simón.

Hubo un par de segundos de silencio cómodo, hasta que escuché su voz otra vez.

- ¿Vas a ir a lo de Dan?

Me tensé, pero intenté disimularlo mientras asentía con la cabeza.

- ¿Con Camila?

- Si, con ella, ¿y tu?

- También - respondió, mirándome con sospecha - ¿estás bien?

- Si - dije rápidamente - bueno, es que... no, nada.

El frunció el ceño, pero se quedó en silencio, esperando a que hablara de nuevo.

Pasé una mano por mi cabello, sin saber cómo decirlo... sin saber si quería decirlo en voz alta.

- Es que...

- ¿Es que...? - insistió, inclinándose un poco.

Suspiré, dejando caer mi cabeza hacia atrás por un segundo antes de volver a mirarlo.

- Es que no sé si a Cami le vaya a gustar mucho la idea... de ir conmigo.

- ¿Cómo que no? - preguntó extrañado - es tu morra, baboso.

Me encogí de hombros, desviando la mirada.

- No sé, wey, es que... no creo que quiera que la vean conmigo.

- ¿De dónde vergas sacaste eso, Nata?

- Pues, wey, mírala - dije con frustración - tu mismo lo dijiste una vez, a ella le queda más un vato como el pendejo de Mario.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora