XLIV

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Camila Hastings

- Toca la puta puerta, Rubén - gruñí al verlo adentrarse sin avisar.

Andaba de muy mal humor, y verlo ahí solo lo empeoraba.

El solo se recargó en la puerta, mirándome por un momento con los brazos cruzados.

- ¿Qué quieres? - pregunté al no verle intenciones de hablar.

- Se puede saber... - comenzó, avanzando lentamente - ¿por qué chingados hay otras personas trabajando en lo mío y no tú?

Lo miré incrédula, sintiendo cómo mi enojo aumentaba. No lo soportaba. Lo odiaba por todo lo que pasó, por lo que hizo, por su manera de tomarlo tan a la ligera, como si no importara, como si no me hubiera dejado en pedazos.

- Porque no eres la única persona en este mundo - respondí levantándome de mi silla, tratando de mantener la compostura - ¿otra pregunta?

Él frunció el ceño y su expresión se endureció aún más.

- No quiero a cualquiera trabajando en mis cosas, Camila - dijo, su voz tensa - y luego el pendejo ese de tu amigo también anda ahí metido. No lo quiero ahí.

Mi paciencia se desvaneció por completo al escuchar eso.

- Pues si no te gusta, hazlo tu y ya.

El soltó una risa amarga mientras negaba con la cabeza.

- Tu eras la que se encargaba de eso, Camila. ¿Por qué pusiste a otras personas?

- ¡Ya te dije, Natanael! Hay más cantantes en esta disquera, no eres solo tú.

El apretó los labios, claramente frustrado.

- ¡¿Y eso qué?! Siempre ha habido más cantantes y aún así tú te encargabas de lo mío.

- ¡Pues ahora no, Natanael! No se te van a cumplir tus caprichos toda la vida, ya madura.

- No se trata de eso - respondió con un tono más bajo - se trata de que yo confío en ti para manejar mis cosas, y ahora estás dejando que otros se metan.

Tomé aire, buscando paciencia para lidiar con el.

- Natanael, todo pasa por mi, yo acepto sus propuestas o hago las modificaciones necesarias.

El negó con la cabeza, soltando una risa incrédula.

- No es lo mismo.

Me crucé de brazos, mirándolo con molestia.

- ¿Qué chingados tiene de diferente? El trabajo se sigue haciendo, los resultados serán los mismos, no...

- ¡Porque es la única puta manera que tengo de estar cerca de ti, Camila! - me interrumpió con desesperación, moviendo las manos en el aire - no me hablas, no contestas mis mensajes. ¡Trabajar contigo es la única pinche manera en la que puedo estar cerca de ti y ya no, a la verga!

Parpadeé sorprendida, aún procesando sus palabras. Pero el escucharlo decir eso, solo hizo mi sangre hervir.

- Pero para culearme y olvidarme, ¿qué no? - solté con ironía - una más del montón.

El soltó un suspiro pesado, y pude ver un destello de arrepentimiento en su rostro.

- Cami, yo estaba enojado y...

- No, Natanael - lo interrumpí, mi voz temblando del coraje - ni siquiera quiero escuchar lo que tengas que decir.

No trató ni de negar que era para mi...

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora