Camila Hastings
- Ten, amor - dijo al subirse al auto, extendiéndome un suero - tómatelo de una vez.
Rodé los ojos con suavidad, aunque no pude evitar sonreír al verlo tan preparado. Tomé el suero sin protestar y le di un par de tragos, notando cómo me observaba de reojo mientras encendía el motor.
- También te compré dulces - dijo manteniendo su vista al frente - ahí están en la bolsita.
- Gracias, amor - murmuré, estirando una mano para tomar la suya.
- Ahí va a andar Edith también - añadió después de un momento - para que te la pases poquito mejor.
Sonreí apenas mientras mis dedos seguían entrelazados con los suyos. Sabía que estaba haciendo un esfuerzo por hacerme sentir más cómoda, y eso lo valoraba muchísimo.
- Está bien... - dije al cabo de unos segundos - chismearé con ella entonces.
El sonrió de lado, apretando un poco mi mano mientras seguía manejando.
- Te ves tan bonita cuando haces cosas que odias por mí.
- Y tú te ves tan guapo cuando no te matas en la moto - contesté al instante, haciéndolo soltar una risa.
- Ya, no empieces - dijo divertido, dándome un pequeño empujón con el hombro.
- ¿Qué? Solo digo la verdad.
- Prometo tener cuidado, ¿si? - agregó con un tono más suave, dándome una mirada rápida antes de volver la vista al camino.
- Y yo prometo no enojarme si terminas lleno de tierra - dije en voz baja, haciendo que volviera a reír.
- Eso no te lo creo, mi amor - respondió entre risas - te conozco... no me vas a querer ni tocar.
Me crucé de brazos con fingida indignación, aunque la sonrisa en mis labios me delataba.
- ¡Qué mentiroso eres! Yo siempre te toco... aunque andes todo asqueroso.
El soltó una carcajada, girando apenas el rostro para mirarme de reojo.
- ¿Ah, sí? ¿Entonces no me vas a decir nada cuando me suba todo empolvado al carro?
Me encogí de hombros, fingiendo indiferencia.
- Es tuyo, no mío.
El soltó una risa baja, negando con la cabeza.
Cuando finalmente llegamos, el ruido, el olor a tierra y el calor me golpearon apenas puse un pie fuera del auto. Fruncí la nariz de forma automática y Natanael soltó una carcajada, tomando mi mano para comenzar a caminar.
- Eres tan exagerada, Millie - murmuró con diversión, dejando un beso rápido en mi mejilla.
- No fue intencional - admití entre risas - lo juro.
- Ajá... - respondió con sarcasmo, pero sin borrar la sonrisa de su rostro.
Caminamos unos metros, saludando a personas que encontrábamos a nuestro paso.
- Ahí está Edith - dijo señalando con la barbilla hacia la carpa.
Asentí, deteniéndome frente a el.
- Te tomas el suero, ¿si? - añadió, dejando un beso en mi frente.
- Si... cuídate, por favor - murmuré, sin poder evitar que mi voz sonara un poquito más dura de lo que pretendía.
ESTÁS LEYENDO
Estrellas | Natanael Cano
Fiksi PenggemarBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
