LXVI

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Camila Hastings

- Buenos días, Natita - dije con diversión al verlo aparecer en la cocina.

El frunció el ceño, tallando su rostro mientras se acercaba a mi con pasos perezosos.

- Estoy crudito - murmuró, abrazándome y escondiendo su rostro en mi cuello.

Reí bajito, acariciando su cabello mojado por la ducha que acababa de tomar.

- ¿Ya te tomaste una pastilla?

- Si, amor - susurró, abrazándome con más fuerza - gracias por cuidarme.

- No es nada, Nat - respondí dejando un beso en su sien - fue divertido.

Él sonrió apenas, con los ojos cerrados y esa expresión de niño consentido que me derretía.

- ¿Recuerdas algo de anoche?

- Mhm... - murmuró contra mi piel - pero fingiré que no.

- Está bien - respondí con diversión, acariciando suavemente su espalda.

- Pero no se me olvida que me rechazaste por segunda vez, eh.

Solté una risita, negando con la cabeza.

- Bueno... es que tú también, Nat - dije entre risas - haces esa pregunta en el momento menos adecuado.

El rio por lo bajo, dejando un pequeño beso en mi cuello.

- ¿A medio palo tampoco es el momento adecuado? - bromeó, alzando un poco la cabeza.

Carcajeé, negando con la cabeza mientras lo empujaba suavemente por el pecho.

- Claro que no, Rubén - respondí, todavía riendo.

- Solo decía - susurró con una sonrisita traviesa.

Rodé los ojos con diversión, girándome hacia la barra y tomando un plato.

- Ten, desayuna.

- Pero...

- No es pregunta, Rubén - lo interrumpí, dándole el plato y señalando el banco con la cabeza - después te vuelves a dormir si quieres.

El soltó un suspiro dramático mientras se sentaba.

- Si, princesa - respondió a regañadientes, antes de dar un bocado.

Después de servirme café, me senté también, y el jaló mi banco para dejarme a su lado.

Me acomodé junto a él, y de inmediato apoyó su cabeza en mi hombro.

- Gracias por quedarte conmigo anoche - murmuró, sin mirarme, solo jugando con los dedos de mi mano libre - y perdón por no haberte querido decir lo que pasaba... es que... me daba miedo, y...

- Está bien, Nat - lo interrumpí suavemente, dejando un beso en su cabello - ya me lo contaste, y eso es lo que importa... o tienes que cargar con todo tú solo, ¿sí?

El asintió levemente, apretando un poco más mis dedos entre los suyos, y por fin levantó la mirada hacia mí.

- Eres lo mejor que tengo, Cami. No quiero arruinarlo.

- No lo vas a arruinar - le aseguré con una sonrisa tranquila - estamos en esto juntos, ¿te acuerdas?

Él sonrió de lado, con esa mirada que me derretía el corazón, y asintió una vez más antes de volver a apoyar su cabeza en mi hombro.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora