CV

478 93 6
                                        


Camila Hastings

Sonreí al verlo aparecer en el marco de la puerta, sosteniendo un ramo de flores entre sus manos.

- Hola, princesa - dijo con una sonrisa suave, acercándose despacio.

- Hola, Nat - murmuré recibiendo las flores - ¿y esto?

El se encogió de hombros, dándome un beso rápido.

- ¿No puedo darle flores a mi mujer? - preguntó acostándose a mi lado y hundiendo el rostro en mi cuello.

Dejé un beso rápido en su sien antes de dejar las flores sobre el buró.

- ¿Cómo te fue?

- Bien - murmuró contra mi piel - me resbalé en el escenario.

Sin poder evitarlo, solté una carcajada.

- ¿Qué? - pregunté entre risas, apartándolo apenas para verle la cara - ¿cómo que te resbalaste?

El me miró con fingida molestia, pero terminó riendo también.

- Pues no sé, Millie - dijo riendo bajito - iba entrando y me di en todita mi madre.

Solté una risita, mirándolo con un poco más de atención.

- ¿Tomaste?

- No - respondió sin sonar nada convincente - estoy sobrio.

- Ajá... - murmuré riendo, dándole un beso rápido - se te nota, Nat.

El sonrió contra mis labios, llevando su mano a mi mejilla.

- Te juro que no tomé mucho - dijo acariciando mi piel con su pulgar - nomás tantito... para cotorrear.

- ¿Para cotorrear? - repetí riendo.

Asintió apenas, hundiéndose en mi otra vez.

- Si, para cotorrear... y porque extrañaba a mi mujer.

- ¿Ah, sí? - pregunté, sonriendo contra su cabello mientras lo sentía acurrucarse más cerca.

- Si, chula... te extrañé mucho.

Acaricié su espalda, sintiendo su cuerpo relajarse contra mi.

- Yo también, amor - murmuré - pero estoy muy embarazada como para salir.

Él soltó una risita bajita, dejando un beso en mi cuello.

- Ya sé - dijo con voz suave, arrastrada - pero igual se siente raro no tenerte ahí, gritándome desde el público o mirándome feo cuando canto Carnal y digo "pura verga".

- No te miro feo - respondí entre risas.

- Claro que si, Millie - dijo riendo, levantando apenas la cabeza para verme - pones tu cara de que me vas a mandar a dormir al sillón.

- Pues claro, Nat - respondí divertida - mi mamá también ve los videos, ¿sabes?

Él rio de nuevo, acomodando su mejilla contra mi vientre.

- Pero mi suegra sabe que no es cierto - murmuró con una sonrisita traviesa, trazando pequeños círculos en mi piel - y mis niños también.

- ¿Ah, sí? - pregunté, tratando de sonar seria aunque la sonrisa se me escapaba - ¿y tú cómo sabes eso?

- Porque patean cuando hablo o canto - respondió sin dudar - hasta se mueven más cuando digo groserías.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora