LXXX

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Camila Hastings

- Wey - dijo Lucia con el ceño fruncido, mirando disimuladamente sobre mi hombro - ¿ya estoy borracha o es Natanael?

Solté una risita, negando con la cabeza.

- Yo creo que ya estás borracha - contesté arqueando una ceja con diversión.

- No, wey, te lo juro - insistió, asomándose entre las personas, ya sin disimular ni un poco - estoy casi segura de que es el.

- Lu, cómo va a ser Natanael si... - comencé, girándome para ver hacia donde ella lo hacia, pero me quedé callada al darme cuenta de que no mentía.

Era el.

Estaba en el vip de al lado, recargado en el barandal mientras un grupo de personas a su lado hablaban, pero sus ojos estaban fijos en mí, y aunque su expresión era seria, pude notar cómo sus labios se curvearon apenas en una pequeña sonrisa al ver que lo miraba.

Sentí mi corazón dar un vuelco tan fuerte que casi se me sale del pecho.

- ¿En serio vino hasta acá? - murmuró Lucia con sorpresa.

No supe qué responder. Solo lo miraba, con el corazón latiéndome demasiado rápido.

Cuando me vio dar un paso hacia él, su expresión cambió por completo. Sus hombros se relajaron y una sonrisa suave apareció en su rostro.

Sin pensarlo dos veces, caminé rápido entre la gente hasta llegar a él. Sus ojos no se apartaron de los míos ni un segundo.

- ¿Qué haces aquí, Rubén?

Él sonrió más amplio antes de rodearme con sus brazos y jalarme contra su pecho.

- Hola, princesa - murmuró dejando un beso en mi sien.

Sonreí contra su cuello, rodeando su torso con ambos brazos mientras sentía cómo mi pecho se llenaba de calidez.

- Estás loco... - susurré apretándolo un poco más contra mí.

- Por ti, sí - respondió enseguida, bajito, dejando otro beso suave, esta vez en mi hombro descubierto - te dije que no quería dormir sin ti, chula.

Me separé apenas lo suficiente para mirarlo, encontrándome con sus ojos brillantes y esa sonrisa pequeña que siempre me hacía sentir segura.

- ¿Te subiste a un avión solo para verme? - pregunté, sin poder borrar mi sonrisa.

- No podía quedarme un día más sin ti - murmuró, encogiéndose de hombros como si fuera lo más obvio del mundo - además... me quedé preocupado por ese bikini que no tapa nada.

Solté una risita suave, negando con la cabeza antes de ponerme de puntitas para darle un beso rápido en los labios.

- Cristian está en el cuarto de Lucia - dijo con una sonrisita divertida, acomodando un mechón detrás de mi oreja - pero no le digas.

Arqueé una ceja con diversión al escucharlo.

- ¿Vinieron juntos?

Él sonrió, inclinándose para darme otro beso, esta vez más lento, suave.

- Claro... algo teníamos que hacer para ver a las mujeres que nos abandonaron.

Negué con la cabeza, conteniendo la risa mientras sentía cómo su pulgar acariciaba suavemente mi mejilla.

- Te extrañé mucho - susurré haciendo un puchero.

- Y yo a ti, mi amor - murmuró contra mis labios antes de besarme de nuevo, esta vez con más necesidad.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora