XLV

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Camila Hastings

- Mira, llegó Nata - dijo Lucia señalando con la cabeza hacia las escaleras.

Siento el cuerpo tenso, como no te pienso

Asentí en respuesta antes de darle un gran trago a mi vaso.

Ya me quiero ir

- ¿No lo vas a saludar? - preguntó con el ceño fruncido - te está viendo.

Negué con la cabeza, sintiendo mi incomodidad crecer.

- ¿No?

- Ya no... ya no andamos.

Ni siquiera andamos, mamona alucinada

Su ceño se frunció mientras me miraba con una mezcla de incredulidad y sorpresa.

- Wey, ¿qué pedo? ¿Desde cuándo?

- Pues... desde hace como un mes - respondí tratando de sonar indiferente.

Lucía abrió los ojos como platos.

- ¡¿Un mes y no me dijiste nada?! - exclamó, mirándome como si hubiera cometido un crimen - Camila, ¿qué pedo? ¿Qué pasó?

- Nada, Lu - dije con simpleza, sintiendo el ardor del alcohol en mi garganta - eso no iba a llevar a nada y pues mejor así.

- No mames, Cami. ¿Por qué no me dijiste nada?

- No es la gran cosa, Lucia, en serio.

- Camila, estuvieron juntos un chingo - contestó mirándome con incredulidad - ¿cómo que no es la gran cosa?

Me reí sin ganas, porque claro que era gran cosa, pero que vergüenza admitirlo.

- Si, pero ya pasó, Lu - respondí antes de terminarme el resto de mi trago de un solo golpe.

Ella me observó en silencio por un momento, como si intentara descifrar qué tanto estaba mintiendo.

- ¿Y estás bien?

- Todo bien - mentí con una sonrisa forzada - te digo que no es la gran cosa.

Ella asintió, y aunque no se veía nada convencida, agradecí que entendiera que no quería seguir hablando sobre el tema.

- Pues viva la soltería, ¿no? - dijo con efusividad.

Reí negando con la cabeza.

- Tienes a tu novio al lado, Lucia, no mames.

- Bueno, bueno - contestó soltando una risita - viva tu soltería.

Rodé los ojos con diversión mientras ella vertía más alcohol en mi vaso.

- Veamos quién será el afortunado - murmuró repasando el lugar con la mirada.

- Ay, no, no mames - exclamé con una mueca.

- ¡Wey, claro que si!

Negué con la cabeza mientras tomaba el vaso de la mesa.

- Después de ese vaso dirás otra cosa - dijo antes de jalarnos a mi y a Cristian a bailar.

Comencé a bailar con ellos y otros amigos, y aunque sentía la intensa mirada de Natanael clavada en mí, me obligué a fingir que no lo notaba.

Pasado un tiempo, me recargué en el barandal para descansar un poco.

- Hola, linda - dijo un chico con una sonrisa llegando a mi lado.

Le dediqué una sonrisa educada.

- Hola.

- Soy Emilio.

Dudé por un momento si quería seguir esta conversación, pero la idea de Lucia era cada vez más atractiva... y el también.

- Camila.
- Mucho gusto, Cami - respondió chocando mi vaso con el suyo - ¿bailas conmigo?

- Estoy algo cansada, pero en un ratito más, si.

El sonrió, acercándose un poco más a mi.

- Me parece justo - dijo con una sonrisa confiada - ven, vamos a rellenar tu vaso.

Me tomó por la cintura mientras me guiaba hacia su mesa.

De repente, sentí que lo apartaron con brusquedad y su voz grave y cortante, hizo que se me helara la sangre.

- Te quitas, a la verga.

Mi corazón se detuvo un segundo antes de acelerarse con furia.

- ¡¿Qué te pasa, Natanael?! - exclamé, girándome para encararlo.

Él estaba con la mandíbula tensa y los ojos ardiendo de rabia. Emilio lo miró con incredulidad antes de fruncir el ceño.

- ¿Quién te crees, wey?

- ¿Qué, pendejo? ¿Tengo que decirte quién soy? - replicó con una sonrisa cínica.

Rodé lo ojos al escucharlo.

- No mames, Natanael - dije con fastidio - ya vete. No tienes nada que hacer aquí.

Él me miró, sus ojos encendidos con rabia.

- Ya la escuchaste - habló Emilio con una sonrisa burlona - yo la voy a cuidar bien, no te preocupes.

Natanael dio un paso al frente, y el instinto me hizo ponerme en medio antes de que la cosa escalara más.

- Rubén, vete - repetí entre dientes, sintiendo la tensión crecer con cada segundo que pasaba - estás haciendo una puta escena, no mames.

Pero él no se movió. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos con algo más que enojo.

- Vámonos - dijo con firmeza, haciendo el ademán de tomar mi mano.

Retrocedí de inmediato, chocando con Emilio. El me sostuvo por la cintura, y el coraje de Natanael se encendió aún más.

- Quítale las pinches manos de encima.

Tragué con fuerza, sintiendo que en cualquier momento lo golpearía.

- ¿Te molesta, Cami? - preguntó ladeando la cabeza para verme mientras hacia más firme su agarre.

- Suéltala - ordenó avanzando otro paso.

- No quiero, wey, yo estoy con ella.

Eso bastó para que Natanael perdiera lo poco de control que le quedaba. Sus manos se empuñaron mientras su mandíbula se sentaba aún más.

- Nata, no - murmuré con rapidez poniendo una mano en su pecho para que no avanzara- no hagas una escena.

Porque además, pendeja yo, pensando en su imagen.

Pero él no me escuchó. Su mirada seguía clavada en Emilio con un enojo que solo iba en aumento.

- Hey, ¿qué pedo? - dijo otra voz llegando con nosotros - ¿todo bien?

- Wey, agarra a Camila - respondió Natanael sin despegar los ojos de Emilio.

Miré a Dan, quien veía la escena con el ceño fruncido.

- Llévatelo - pedí suplicante.

- Nata... - murmuró Dan, poniendo la mano en su hombro.

- Agarra a Camila - repitió entre dientes - llévala a la camioneta.

- Wey...

- Qué te la lleves - lo interrumpió sin paciencia - le voy a partir su puta madre a este pendejo y no quiero que esté aquí.

- Wey, vete tu - dijo Emilio y me atrajo un poco más hacia el - ella se quiere quedar conmigo. Sabe que la va a pasar bien.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora