XCIII

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Camila Hastings

- ¡¿Quién vergas filtró la canción?! - gritó al teléfono, completamente furioso - ¡les dije que se pusieran vergas!... pues ahora no va a salir, a la verga...

- Nat - susurré, queriendo llamar su atención.

- ¡Me vale verga! - exclamó moviendo las manos - les dije que si se filtraba, se iba a la verga...

- Nata - insistí suavemente, adentrándome otro paso.

El se giró, haciendo un gesto con la mano para que lo esperara antes de regresar a sus gritos.

- ¡No va a salir! ¡Ya les dije!... ¡pues mi puta culpa no es!

- Natanael - dije con impaciencia, alzando un poco más la voz.

Se volvió hacia mi, pero algo dijo la persona del otro lado de la línea dijo algo que lo hizo enfurecer.

- ¡No! Un chingo de veces se los dije y ustedes ya saben que me caga que las putas canciones se filtren...

- ¡Rubén! - solté ya cansada.

- Espérate - le dijo a la persona, alejando un poco el celular de su oreja antes de mirarme con algo de fastidio - mande, Millie.

Sin decir nada, quité la mano derecha de mi espalda, agitando en el aire las pruebas de embarazo.

Sus ojos se posaron en la prueba por apenas un segundo antes de fruncir el ceño, como si su cerebro necesitara tiempo para procesarlo.

- ¿Estás...? - preguntó en voz baja, muy distinta a la que había usado segundos antes.

Asentí rápido, sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

El celular de Natanael voló en el aire y para cuando reaccioné, ya estaba en sus brazos, levantándome del suelo mientras soltaba una carcajada temblorosa contra mi cuello.

- ¡No mames! - exclamó, girando conmigo entre risas - ¡¿En serio, Millie?! ¡¿De verdad?!

Yo solo asentía, riendo y llorando a la vez, con las pruebas aún en la mano mientras me aferraba a sus hombros.

- Estoy embarazada, Nat - dije con la voz entrecortada por la emoción.

El me bajó con cuidado, tomando mi rostro entre sus manos como si necesitara asegurarse de que no estaba soñando.

- ¡No mames, amor! - repitió, sus ojos brillando como nunca - estás embarazada.

Yo asentí rápido, sintiendo cómo las lágrimas salían con más fuerza.

Me abrazó otra vez, esta vez con más calma, apretándome contra su pecho.

- Mi amor... - susurró contra mi cabello - vamos a tener un bebé.

Me aferré a su torso, aún tratando de asimilar que por fin estaba embarazada.

El se separó apenas, tomando mi rostro entre sus manos y dejó un beso lento en mi frente.

- No puedo creerlo - susurré, con la voz quebrada.

El sonrió suavemente, sus pulgares acariciando mis mejillas húmedas.

- Créelo, mi vida - murmuró - vamos a ser papás.

Cerré los ojos, sintiendo cómo esas palabras me apretaban el pecho de la forma más linda posible.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora