Camila Hastings
- ¿Quieres otra cosa, amor? - preguntó señalando mi plato.
Negué apenas, viendo mi plato todavía medio lleno.
- ¿No te gustó? - insistió, inclinándose para que lo mirara - ¿pido que te hagan otra cosa? ¿Quieres que te vaya a comprar algo?
- No, Nat - respondí soltando un suspiro - no es eso, es que... quiero café.
El quiso reír, puedo jurar que si, pero lo disimuló rápidamente, poniendo el vaso frente a mi.
- Pero el juguito está rico, mi amor.
- Sí, está bueno - dije, tomando el vaso con cierta resignación - pero no es lo mismo.
El me miró con una sonrisa divertida, acariciando mi mano suavemente.
- Paciencia, princesa - susurró - pronto vas a poder volver a tomar todo el café que quieras.
- Como tu si puedes - murmuré con fastidio antes de darle un trago - pinche presumido.
El soltó una carcajada, inclinándose para darme un beso en la mejilla.
- Pero a mi ni me gusta el café.
Rodé los ojos, dando otro bocado con fastidio.
- Es lo peor, tu si puedes y no tomas.
El sonrió de lado, encogiéndose de hombros.
- Entonces está mejor, ¿no? Así no te antojo.
Arrugué la nariz, masticando lento.
- No sé, solo sé que quiero café.
El se rio bajito, acariciando mi pierna por debajo de la mesa.
- Pero es por nuestro bebé, chula.
Suspiré, bajando la mirada a mi plato.
La doctora había dicho que por una taza de vez en cuando no pasaba nada, pero después de estar tanto tiempo intentando tener un bebé, no queríamos arriesgarnos ni un poco.
- Lo sé... pero eso no hace que se me quite el antojo - murmuré con un tono casi infantil.
Él sonrió con ternura y me dio un beso rápido en la sien.
- Te prometo que cuando nazca, te llevo a la todas las cafeterías del mundo y te compro todos los cafés que quieras.
Alcé una ceja, apenas conteniendo una sonrisa.
- ¿Todos, todos?
- Todos, princesa... hasta que digas que ya no quieres.
Solté una risita, apoyando la cabeza en su hombro.
- Está bien... - suspiré - te perdono.
Él sonrió satisfecho, dándome un beso en la frente antes de llevar su mano a mi vientre.
- Gracias, mi vida - murmuró trazando pequeños círculos en mi piel - porque ahuevo es mi culpa que no puedas tomar café.
Solté una carcajada, llevando mi mano a la suya.
- Pues si... mi bebé y yo decimos que es tu culpa.
El alzó ambas cejas con fingida sorpresa.
- Ah, ¿es tu bebé ahora?
Solté una risita, asintiendo con la cabeza.
- Si, es mi bebé - contesté con fingida seriedad.
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Estrellas | Natanael Cano
FanfictionBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
