Camila Hastings
Fruncí el ceño extrañada al escuchar el timbre, pues no esperaba visitas.
Con toda la flojera del mundo bajé las escaleras en dirección a la puerta, porque además, estaba sola en casa.
Sentí toda la sangre abandonar mi cuerpo al ver a Natanael ahí parado con un ramo de flores en mano.
- ¿Qué haces aquí? - pregunté con frialdad, cruzándome de brazos.
El esbozó una sonrisa nerviosa y alzó el ramo. Eran mis favoritas.
- Vine a verte.
Rodé los ojos y solté un suspiro exasperado. Su simple existencia me ponía de mal humor, porque solo era un recordatorio de lo pendeja que me hizo.
- No tienes nada que hacer aquí, Natanael.
- ¿En serio sigues enojada?
Lo miré con incredulidad, sin poder entender la tranquilidad con la que ve las cosas.
Solté una risa sarcástica, negando con la cabeza.
- ¿De verdad me estás preguntando eso?
El suspiró y pasó una mano por su cabello.
- Hay que hablar, Cami - dijo con voz más calmada - encontrar una manera de arreglarlo.
- No quiero - respondí con firmeza, me rehusaba a regresar a eso.
- ¿No quieres? - repitió con el ceño fruncido.
- No.
Su mandíbula se tensó y bajó la mirada por un segundo, antes de volver a enfocarse en mí con ese gesto terco que tanto conocía.
- Te amo, Cami - murmuró buscando mis ojos.
Tomé aire, aguantándome las ganas que tenía de mandar todo a la mierda y regresar con el.
- No es suficiente, Natanael.
Extendí una mano para cerrar la puerta, pero él la bloqueó con rapidez.
- Cásate conmigo - soltó con urgencia.
Mi corazón se detuvo por un segundo.
- ¿Qué? - pregunté en un susurro, convencida de que había escuchado mal.
El se relamió los labios, su mirada intensa y decidida.
- Cásate conmigo, Camila - repitió, con más seguridad esta vez.
Lo miré, completamente incrédula de sus palabras.
- Natanael, ¿te estás escuchando? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?
- Si, Camila - respondió con tranquilidad, logrando poner mis nervios de punta - te estoy pidiendo que te cases conmigo.
Entrecerré los ojos, comenzado a pensar que estaba soñando.
- Natanael...
- No, Cami, en serio - me interrumpió - si eso tengo que hacer para que regreses conmigo, pues lo hago. Nos casamos.
Reí sin humor mientras negaba con la cabeza.
- No, Natanael. No me quiero casar y que digas que "tienes" que hacerlo, deja claro que tu tampoco.
Su expresión se endureció, pero en sus ojos había una súplica silenciosa.
- No sé que quieres que haga, Cami... no sé qué quieres de mi.
- No sé, Nata - comencé con ironía - tal vez que me dejes en paz, que aceptes que ya se acabó.
El apretó la mandíbula, su mirada oscureciéndose.
- Yo no quiero eso.
- Qué lastima - dije encogiéndome de hombros - porque es la realidad.
Negó con la cabeza, dando un paso hacia mi.
- Nadie te va a querer como yo, Camila.
Reí sin ganas.
- Pues espero que no, ya sería mucha pinche mala suerte, ¿no?
Sus ojos brillaron con algo entre el dolor y el desafío.
- Culera - susurró, aunque su tono no tenía verdadero enojo, sino una mezcla de frustración y tristeza.
- Si, Nata - asentí con sarcasmo - la culera aquí soy yo.
Él tragó fuerte, su expresión reflejando frustración y arrepentimiento.
- Dime que ya no me quieres - susurró - dímelo y me voy.
- Ya no te quiero, Natanael - mentí con firmeza.
Negó con la cabeza, dando otro paso hacia mi.
- Dímelo a los ojos, Camila.
Apreté los labios con fuerza, sintiendo cómo mi corazón latía descontrolado en mi pecho.
No lo mires. No lo mires. No lo mires.
Tomé aire y levanté la barbilla, fingiendo una seguridad que no sentía.
- Ya no te quiero, Natanael - repetí, esforzándome por mantener mi voz firme.
Él no desvió la mirada ni un segundo. Sus ojos se clavaron en los míos como si intentara descifrar la mentira que había detrás de mis palabras.
- No puedes ni sostenerme la mirada - murmuró con una media sonrisa triste.
- Ya te dije lo que querías escuchar - respondí con frustración - ya vete, por favor.
Él cerró los ojos por un momento y asintió con la cabeza, dando un paso atrás.
- Bueno - susurró con amargura extendiendo las flores y soltándolas con rapidez antes de girarse.
Las flores cayeron al suelo mientras el caminaba hacia su auto. Todo dentro de mí gritaba que corriera tras él, que lo detuviera... pero no lo hice. No podía hacerme eso otra vez.
Me quedé ahí, inmóvil, con la mirada clavada en el ramo a mis pies, que poco a poco se volvía más borroso a causa de las lágrimas.
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Estrellas | Natanael Cano
Fiksi PenggemarBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
