XCVII

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Camila Hastings

- Entonces... - dijo mientras encendía el auto - ¿hamburguesas?

De inmediato, una sensación de asco me invadió.

Hice una mueca y negué con la cabeza, respirando hondo.

- No, amor, eso no - murmuré, tratando de borrar ese alimento de mi mente.

El giró la cabeza hacia mi, mirándome con sorpresa.

- ¿No? - preguntó con el ceño fruncido - ¿por qué?

- No sé... - suspiré, recargando la cabeza en el asiento - me dio asco.

- ¿Asco? - repitió con diversión - definitivamente son tus hijos, chula.

Me reí entre dientes, sintiendo cómo el malestar se pasaba de a poco.

- ¿Y también vas a hacer que les gusten como a mi? - pregunté arqueando una ceja.

El sonrió con confianza, llevando su mano a mi pierna.

- Claro que si, esa va a ser su primera comida.

Solté una carcajada, negando con la cabeza.

- ¡Claro que no, Rubén!

Él rio conmigo, sin apartar la vista del camino.

- Bueno, la segunda... - se corrigió con tono juguetón - la primera será lo que diga su mami, pero la segunda va a ser una hamburguesa con tocino.

Rodé los ojos, todavía sonriendo.

- Por supuesto que no, Rubén.

- Ya verás - murmuró con una sonrisa de triunfo, como si ya tuviera todo planeado - ¿entonces qué quieres comer, amor?

- Mmm... no sé... - hice una pausa, pensando seriamente mi respuesta - quiero... hotcakes.

El soltó una risa baja, desviando la mirada del camino para verme con diversión.

- ¿Hotcakes? - repitió arqueando una ceja - ¿de dónde saco hotcakes a esta hora, chula?

- Pues... no sé, en algún lugar deben vender - respondí encogiéndome de hombros, como si fuera lo más lógico del mundo.

- No mames, Millie - dijo entre risas - siempre pides lo más difícil.

- Es tu culpa - contesté de inmediato - porque igual consigues lo que te pido.

- Pues sí... pero me haces batallar - respondió, negando con la cabeza aunque sin borrar la sonrisa.

- Tu me hiciste así.

Él soltó una carcajada, apretando mi pierna con suavidad.

- Eso sí... pero si no encontramos, no me reclames, ¿eh?

Solté una risita, inclinándome para apoyarme en su brazo.

- Sabes que si lo voy a hacer - murmuré dejando un beso ahí.

El rodó los ojos, aunque su sonrisa se ensanchó.

- Por lo menos lo admites, princesa.

- Tu eres peor de berrinchudo que yo, Rubén.

- Claro que no - respondió, sin sonar nada convincente.

Reí, divertida por su intento de negarlo.

Estrellas | Natanael Cano  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora