LXXIX

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Camila Hastings

- Cami, no - dijo en un quejido, mirándome desde la cama con un gran puchero.

- ¿No qué, Nata? - pregunté con el ceño fruncido, dejando sobre la cama algunas prendas de ropa.

- No te vayas - respondió con voz baja, casi infantil, mientras se estiraba para tomar mi mano.

Solté una risita suave, girándome para mirarlo. Estaba acostado boca abajo, con la cara medio enterrada en la almohada y esa carita de cachorro triste que siempre usaba cuando quería salirse con la suya.

- Amor, solo son unos días - dije, acariciándole el cabello con ternura.

Lucia había decidido que quería un viaje por su despedida de soltera, y tratar de empacar con Natanael se estaba volviendo el triple de tardado.

- No me importa - murmuró con un leve puchero, girando un poco la cara para mirarme - no quiero dormir sin ti.

Rodé los ojos con diversión, pero sentí mi pecho derretirse un poquito.

- Eres un dramático, Natanael.

- No es drama - replicó enseguida, incorporándose en la cama y estirando los brazos hacia mí - es amor, chula. No quiero que estés lejos.

Me reí bajito, negando con la cabeza mientras me inclinaba para darle un beso rápido.

- Te voy a estar escribiendo todo el tiempo, ¿si?

- No es lo mismo - dijo en un suspiro, abrazándome por la cintura y escondiendo su cara en mi vientre - quiero que te quedes aquí conmigo... quiero abrazarte en la noche, o que me patees dormida... no sé. Quiero a mi chula aquí.

Sonreí inevitablemente, acariciándole el cabello con calma.

- Te prometo que voy a regresar rápido... y te compenso cuando llegue, ¿si?

El alzó la mirada, y pude ver la pequeña sonrisa traviesa que se dibujó en sus labios.

- ¿Compensarme cómo?

Le di un pequeño jalón en el cabello, pero terminé riendo también.

- Entonces, Millie - insistió sin borrar su sonrisita - ¿cómo?

Negué con la cabeza, intentando no sonreír demasiado.

- Como quieras, Rubén - respondí, volviendo a concentrarme en mi maleta.

- ¿En serio? - preguntó enseguida, entrecerrando un poco los ojos - ¿como yo quiera?

- Si, amor - afirmé riendo levemente mientras doblaba una prenda - como tu quieras.

El sonrió ampliamente, levantándose y caminando hacia mi para abrazarme por detrás.

- ¿Y si mejor te quedas y empezamos ahorita? - murmuró cerca de mi oído, con esa voz baja y ronca que siempre me hacía temblar.

Solté una risa, negando con la cabeza mientras sentía sus brazos rodearme con fuerza.

- No seas intenso, Natanael - respondí, intentando apartarlo suavemente, aunque no puse mucho esfuerzo.

- No soy intenso - dijo enseguida, escondiendo su rostro en mi cuello y dejando un pequeño beso ahí - solo no quiero que te vayas... ¿no puedes cancelar?

Rodé los ojos, aunque una sonrisa se asomó inevitablemente en mis labios.

- Claro que no puedo cancelar - contesté, girándome un poco para mirarlo - además, es la despedida de Lucía. ¿Cómo crees que no voy a ir?

Estrellas | Natanael Cano  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora