LXXXIII

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Camila Hastings

- ¿Entonces cuál te gusta más? - pregunté mostrándole el iPad, donde estaban las ideas que había enviado la wedding planner.

El miró la pantalla por un momento, pero terminó encogiéndose de hombros.

- El que tu quieras, chula.

Rodé los ojos, soltando un suspiro mientras dejaba el iPad a un lado.

- Rubén, no puedo elegir todo yo.

- Si puedes, Cami - respondió con naturalidad - elige lo que a ti te guste.

Suspiré, comenzando a frustrarme.

- Nata... quiero que también te guste a ti - dije tratando de sonar calmada de lo que me sentía - es nuestra boda, no solo mía.

El sonrió suave, bajando la mirada hacia mí mientras me jalaba para sentarme sobre sus piernas. Puso sus manos en mis caderas, acariciándolas con sus pulgares.

- Escúchame bien, Millie... mientras tú estés ahí, de blanco, caminando hacia mí... todo lo demás me vale madres.

Sentí cómo se me hacía un nudo en la garganta al escucharlo. Bajé la mirada, mordiéndome el labio para no ponerme a llorar.

- No digas eso, Natanael... - murmuré - quiero que sea perfecto para los dos.

El sonrió con ternura, levantando mi barbilla con suavidad hasta que nuestros ojos se encontraron.

- Va a ser perfecto, princesa - susurró, acariciando mi mejilla con el dorso de su mano - porque voy a estar casándome contigo. ¿Qué puede ser más perfecto que eso?

Mis ojos se llenaron de lágrimas y terminé escondiéndome en su cuello, abrazándolo fuerte mientras él soltaba una pequeña risa y me rodeaba con sus brazos.

- Te amo tanto, Nat - susurré contra su piel, cerrando los ojos con fuerza.

- Y yo a ti, Millie - respondió en un suspiro, dejando un beso suave en mi hombro - más de lo que puedo explicar.

Nos quedamos así un momento, en silencio, solo escuchando nuestros latidos y la respiración tranquila de Papito dormido a un lado. Sentí que todo mi cuerpo se relajaba poco a poco.

- Bueno... - murmuró él después de un rato, dándome un pequeño golpecito en la pierna para que lo mirara - enséñame de nuevo las opciones... quiero ver cuál tiene tacos para el final.

Solté una risa bajita, limpiándome las lágrimas con los dedos antes de mirarlo con diversión.

- ¿Ves? Por eso te necesito en esto.

- Para elegir los tacos - respondió con una sonrisa orgullosa, alzando las cejas con ese gesto que siempre me hacía reír.

Negué con la cabeza, mordiéndome el labio para no sonreír tan obvio mientras volvía a agarrar el iPad y buscaba la carpeta de catering.

- No solo por eso... - dije con suavidad, bajando la mirada a la pantalla - te necesito en todo, Nat.

Lo escuché suspirar bajito antes de sentir sus brazos rodearme más fuerte desde atrás. Apoyó su barbilla en mi hombro, mirando la pantalla conmigo.

- Aquí estoy, mi amor... - susurró contra mi oído - y aquí voy a estar siempre.

Sentí que se me hacía un nudo en la garganta otra vez, pero me obligué a concentrarme en las fotos que aparecían en la pantalla.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora