Camila Hastings
- Nata, ¿a dónde vamos? - pregunté por milésima vez desde que bajamos del auto.
- Es sorpresa, amor - respondió, mientras sentía sus manos en mi cintura, guiándome.
- Parece más secuestro que sorpresa - me quejé, dando pasos cautelosos, pues traía los ojos vendados.
- Qué dramática eres - rio detrás de mí, apretando un poco mis caderas - confía en mí, ya casi llegamos.
Suspiré con resignación, aunque la sonrisa se me escapaba.
- Por lo menos dime que los perros siguen por aquí - le pedí, aferrando mis manos a las suyas.
Hace varios metros que los había dejado de escuchar.
- Si, amor, están poquito más adelante.
- ¿Y si se pierden? - pregunté enseguida, frunciendo el ceño bajo la venda.
El rio por lo bajo.
- No se van a perder, Cami, yo los estoy viendo.
- Yo también quiero verlos.
- Ya casi, mi amor - murmuró mientras dejaba un beso en mi mejilla - unos pasos más... ya, ¿lista?
Asentí rápidamente, nerviosa y emocionada.
Sentí cómo desataba la venda suavemente, y al abrir los ojos, me quedé sin aliento.
Estábamos parados al lado a una cabaña, y frente a ella había una fogata, una manta extendida sobre el césped con una canasta, cojines y una botella de vino.
- ¡Nata! - chillé, saltando a sus brazos - ¡me encanta!
El sonrió orgulloso, recibiendo mi abrazo.
- Sabía que te iba a gustar - susurró en mi oído, apretándome fuerte contra el antes de besarme la mejilla.
Sonreí contra su cuello, sintiéndome completamente feliz.
- Eres el mejor, Nat - murmuré, separándome un poco para besarlo.
Correspondió a mi beso con una dulzura que me derritió por dentro.
- Todo para ti, mi amor - murmuró contra mis labios - te lo mereces... y mucho más.
Suspiré con una sonrisa, rozando su nariz con la mía antes de separarme lentamente y mirar todo de nuevo. Los perros corrían entre los árboles y había pequeñas luces colgando a nuestro alrededor. Todo parecía salido de una película.
- Es perfecto.
Natanael me observaba en silencio, con esa mirada suave que siempre me hacía sentir segura, como si no existiera nadie más en el mundo.
- Ven, que todavía hay más sorpresas - dijo tomando mi mano y guiándome hacia la manta extendida frente a la fogata.
Me dejé llevar, aún sonriendo como tonta enamorada.
- ¿Más? ¿A poco crees que necesito más después de esto?
- Muchas, amor - respondió sentándose a mi lado y rodeándome con un brazo.
- ¿Si? ¿Qué cosa? - pregunté mientras el comenzaba a servir el vino.
- ¿Quieres que sean ya?
Asentí rápidamente, recibiendo la copa que me extendía.
El me miró por un momento, luego suspiró y dejó la botella a un lado, sin quitarme los ojos de encima.
ESTÁS LEYENDO
Estrellas | Natanael Cano
Fiksi PenggemarBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
