L

1.5K 175 30
                                        


Camila Hastings

Solté un suspiro pesado mientras veía los folders en mis escritorio. Otra canción de Natanael.

Desganada, tomé el primero y lo abrí, comenzando a hojear los papeles, hasta llegar a la letra. Mis ojos recorrieron las primeras líneas, y aunque no quería seguir leyendo, no pude detenerme.

Comprendo que tu amor no era eterno
Y no siempre estuve atento
De decirte lo que siento

Mis modos, tal vez, no eran los correctos
No tuve los sentimientos para decirte te quiero
Y lo siento

Pero no me arrepiento de nada
Y hoy no me siento de lo mejor
Tú fuiste mi único amor

Te voy arrancar de mi corazón
Y en cada respiro tengo tu olor
Y no quiero escuchar que el tonto de la historia tan solo fui yo

Tirando humo al viento me relajaré
Y unos botes pa' que se quite la sed
La sed de besarte los labios y quitarte la ropa mujer
Como te lo hacía ayer

Pero no me arrepiento de nada
Y hoy no me siento de lo mejor
Tú fuiste mi unico amor

Te voy arrancar de mi corazón
Y en cada respiro tengo tu olor
Y no quiero escuchar que el tonto de la historia tan solo fui yo

Tirando humo al viento, me relajaré
Y unos botes pa' que se quite la sed
La sed de besarte los labios y quitarte la ropa mujer
Como te lo hacía ayer

Sentí un nudo en la garganta al terminar de leer.

Solté el papel como si quemara y me llevé las manos al rostro, cerrando los ojos con fuerza.

No quería que esto me afectara. No debía afectarme.

Pero ahí estaba, con las letras todavía resonando en mi cabeza, como si su voz las estuviera cantando para mí.

Tomé el folder y lo cerré con firmeza, empujándolo hacia un lado. No iba a hacer esto. No otra vez.

Me obligué a seguir trabajando, tomando otro folder que no tuviera que ver con el, aunque mi mente regresaba a la canción.

Una vez que me sentía más calmada, salí de mi oficina en dirección a la sala de producción. Me adentré tratando de parecer tranquila, pero ver a Natanael ahí hizo que me tensara al instante.

- Hola, Gabito - saludé haciendo cómo si no notara su presencia - esto es tuyo - agregué, dejando unos folders sobre la mesa del centro.

Gabriel me miró con cautela para luego mirar a Natanael.

- Gracias, Cami - respondió, tomando los folders.

Sentí la mirada de Natanael sobre mí, pero me negué a devolverla.

Asentí y me giré para salir, pero antes de dar un paso, escuché su voz.

- Cami, necesito hablar contigo.

Me quedé congelada por un momento, con la mandíbula apretada.

- Es de trabajo - añadió en voz baja.

Me obligué a girarme con expresión neutral.

- ¿Qué necesitas?

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora