XLVI

1.3K 146 11
                                        


Camila Hastings

- Wey, vete tu - dijo Emilio y me atrajo un poco más hacia el - ella se quiere quedar conmigo. Sabe que la va a pasar bien.

Para cuando reaccioné, Dan me había quitado de en medio de ellos y Natanael ya se había abalanzado hacia Emilio, golpeándolo con coraje.

- ¡No te le vuelvas a acercar a mi morra, pendejo! - gritó mientras lo sostenía por la camiseta y estampaba su puño en su rostro.

Por suerte, la seguridad de Natanael llegó antes de que esto escalara más... si es que era posible.

Separaron a Natanael con esfuerzo, mientras el seguía intentando zafarse, con la respiración agitada y su expresión de completa furia.

Por otro lado, uno de los guardias sostenía a Emilio y un grupo de chicos, supongo que amigos de el, también se acercaron, y eso solo ocasionó que Dan se pusiera frente a ellos... porque uno loco y su amigo otro tanto.

- Dan, no mames tu también - era la primera vez que lo veía, pero ahorita no estábamos para formalidades - ya llévense a Nata, por favor.

Dan me miró por un segundo, pero antes de que pudiera responder, vi detrás de el a Natanael saltar hacia Emilio de nuevo.

No me quedé a seguir mirando. Avancé con pasos rápidos hacia la mesa en la que estaba y tomé mi bolso para después salir por la puerta trasera.

Me recosté en la pared sintiendo cómo todo mi cuerpo temblaba.

- Contesta, contesta - dije con urgencia mientras sostenía el celular en mi oreja.

Pero Lucia me mandó a buzón... misma respuesta de Cristian.

Cerré los ojos con fuerza, sintiéndome cada vez más frustrada. Los había perdido de vista desde hace rato que bajaron a la pista.

Escuché el estruendo que hizo la puerta al abrirse y vi a Natanael salir mientras recorría el callejón con la mirada. Al verme, caminó hacia mi con rapidez.

- ¡¿Qué vergas te pasa, Natanael?! - exclamé, sintiendo cómo la furia reemplazaba el temblor en mis manos.

El se detuvo justo frente a mi, con la respiración agitaba y los ojos aún encendidos por la pelea.

- ¡¿A mi?! - soltó con incredulidad - ¿estás enojada porque te cagué tu pinche ligue o qué vergas?

Solté una risa sarcástica.

- No, Natanael, ahorita en chinga consigo otro.

Su mandíbula se tensó y dio un paso más hacia mi.

- No vuelvas a decir esa mamada, Camila.

- No - dije, mi voz cortante, aunque no pude evitar que temblara del coraje - tu no vuelvas a hacer lo que hiciste.

- ¿Qué chingados querías que hiciera, Camila? - preguntó con frustración - el pendejo ese estaba ahí contigo, tocándote, provocándome. ¿Qué esperabas que hiciera?

- ¡Que no reaccionaras como un puto animal, Rubén! - grité, sintiéndome abrumada - porque en primer lugar, ni siquiera tuviste que haberte acercado.

- ¡Claro que si, Camila! - replicó con firmeza - ¡porque tu tienes que estar conmigo, no con otro wey!

- ¿En serio, Natanael? - pregunté con ironía, las palabras saliendo rápido y cargadas de enojo - ¿tu crees que quiero estar con alguien que no me respeta ni un poco? ¿Con alguien que se agarra a golpes a la mínima provocación?

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora