XLIX

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Natanael Cano

Solté un quejido hundiéndome más en la almohada al escuchar una voz a lo lejos.

- ¡Que te despiertes, Rubén!

- Cállate, Gabo - murmuré contra la almohada - déjame dormir.

- Ayer andabas muy chingón - dijo golpeándome con una almohada - pinche Lil Vato, wey, te transformaste.

Gruñí, sintiendo que la cabeza me iba a estallar.

- ¿Pues qué hice?

- ¿Además de amenazar a los de seguridad? - preguntó con ironía.

Reí levemente, girándome para quedar boca arriba... hasta que caí en cuenta.

- Wey, ¿qué vergas hago en tu casa?

- ¡Lo mismo me pregunto yo, pendejo! - respondió golpeándome de nuevo.

- Ya, cabrón - dije quitándole la almohada - ando crudo, verga.

El soltó una carcajada sarcástica.

- Júralo.

Rodé los ojos, incorporándome lentamente mientras tallaba mi rostro.

- Tómate eso - dijo señalando el buró, donde había un suero y unas pastillas.

Negué con la cabeza, haciendo una mueca de asco.

- Te lo tomas, a la verga - ordenó entre dientes - no es pregunta.

- No me gusta, pendejo.

- Me vale verga - contestó mientras lo abría y lo ponía frente a mi.

Lo miré con suplica, pero el solo lo acercó más a mi.

Suspiré con fastidio, agarrando el suero con mala gana.

- Pero no fuera una botella, ¿verdad?

Lo fulminé con la mirada antes de darle un trago. Hice una mueca de asco inmediata.

- Sabe a mierda.

- Todo - dijo alzando las cejas mientras se cruzaba de brazos - y las pastillas también.

Me obligué a tragar más suero antes de tomar las pastillas. En cuanto terminé, dejé el envase en el buró y volví a frotarme la cara con ambas manos.

- Entonces, ¿qué hago aquí?

El me miró con diversión y algo de lástima.

- ¡No sé, pendejo! Llegaste en la madrugada todo pedo.

- Wey, no grites - pedí cerrando los ojos con fuerza - si te escucho.

- ¿Ah, si? Porque ayer no escuchabas ni madres.

Fruncí el ceño y apoyé los codos en mis rodillas, intentando recordar algo. Pero todo lo que tenía eran fragmentos borrosos.

- ¿Pues qué pasó?

- Andabas bien pinche malacopa, wey, y... - se quedó un momento en silencio, mirándome con el ceño fruncido - para empezar, ¿qué pinche desmadre traes con Camila?

- ¿Por qué? ¿Qué hice? ¿Qué dije? - solté con urgencia, comenzando a temer por su respuesta.

- Pues le andabas llorando, wey. Decías que ya no te quería, que valió verga y...

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora