LXVIII

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Camila Hastings

- Ollie, suelta eso - dije por quinta vez desde el marco de la puerta.

El solo me miró con sus lindos ojitos, moviendo la cola como si eso fuera a convencerme, sosteniendo el tronco más grande que pudo encontrar en su hocico.

- Oliver, no vas a entrar con eso, en serio.

Natanael a mi lado rio, sosteniendo a Papito en sus brazos.

- Déjalo, chula.

Me crucé de brazos, girándome hacia el.

- Nata, no mames, el tronco está más grande que yo.

El soltó una carcajada, ladeando la cabeza para mirar el tronco con atención.

- Bueno, eso tampoco era tan difícil - bromeó con una sonrisa traviesa, bajando a Papito, que en cuanto tocó el suelo, corrió directo hacia Ollie.

- Ay, cállate - me quedé, golpeándolo suavemente en el brazo mientras el reía.

- Ándale, amor, déjalo que lo meta. Está feliz con su tronco. Mira nomás esa carita - dijo señalando a Ollie, quien seguía moviendo su colita con emoción.

- Nat, no va a entrar con eso - repetí tratando de mantenerme seria, pero no pude evitar sonreír.

- ¿Segura? - preguntó arqueando una ceja.

Asentí, mientras llamaba a Papito para que entrara de nuevo, quien dudó un poco, pero finalmente se adentró y fue directo a su camita.

- Ya, mi amor - le dije a Ollie, tratando de quitarle el tronco - mañana juegas con el.

Ollie me miró con sus grandes ojitos, pero finalmente soltó el tronco de golpe, dejándolo caer al suelo, y me miró como si estuviera esperando que cambiara de opinión.

Natanael, viéndolo con una mezcla de diversión y ternura, se acercó y acarició la cabeza de Ollie.

- Ella manda, Ollie, ni modo.

Ollie resopló y se adentró lentamente, y con la cola baja, se fue con Papito.

Reí por lo bajo cerrando la puerta, y por suerte, con el tronco afuera.

Natanael me miró con una sonrisa juguetona mientras tomaba mi mano y me guiaba hacia el sillón.

- Nada te iba a hacer el tronco, eh - dijo abrazándome por los hombros.

Negué con diversión, acomodándome mejor a su costado.

- Amor, lo iba a morder toda la noche e iba a hacer un desastre.

- Pues se limpia, chula - respondió encogiéndose de hombros.

- Y seguramente lo ibas a limpiar tu, ¿no?

- Lo que sea por mi hijo.

- Ajá... - murmuré con sarcasmo, alzando una ceja mientras lo miraba de reojo.

- ¿Qué? ¿No me crees? - preguntó fingiendo ofensa.

- Ni tantito, Nat - respondí riendo mientras me levantaba en dirección a la habitación.

Me adentré al baño y comencé a desmaquillarme, sintiendo a Natanael seguir todos y cada uno de mis movimientos.

- ¿Qué? - pregunté antes de lavar mi rostro.

- Nada, amor - dijo con una suave sonrisa, apoyado en la barra - me gusta verte.

Solté una risa bajita, sintiendo cómo mis mejillas se calentaban inevitablemente.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora