LXXIII

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Camila Hastings

- ¿Estás bien, amor? - le pregunté suavemente, apoyando mi mano en su espalda.

El asintió levemente, dándole un trago a su vaso.

Lo miré por unos segundos, tratando de descifrar si decía la verdad. Habían pasado aproximadamente dos meses desde que Natanael dejó de fumar, pero estando en un lugar donde el alcohol y los vapes están en la mano de cada persona, me hacía preocuparme.

- En serio, chula - dijo con una sonrisa suave, inclinándose para darme un beso rápido - todo bien. 

Yo asentí con una pequeña sonrisa, aunque lo veía algo tenso.

- Igual... si quieres salir a tomar aire o algo me dices, ¿si?

- Si, princesa - respondió dejando un beso en mi mejilla antes de tomar mi vaso para rellenarlo.

Lo seguí con la mirada mientras vertía la botella sobre el vaso.

- Gracias, Nat - susurré cuando me lo entregó de regreso.

El sonrió, abrazándome por la cintura mientras se acomodaba detrás de mi, apoyando su barbilla sobre mi hombro.

- Te ves preciosa - murmuró, dejando un beso suave en mi cuello.

Sonreí inevitablemente, pegándome un poco más contra el mientras comenzaba a balancearse, moviéndose al ritmo de la canción que sonaba.

- ¿Sabes qué estoy pensando? - dijo con voz ronca, rozando su nariz contra mi mejilla.

- ¿Qué cosa? - pregunté con una sonrisita, sin dejar de moverme con él.

- Que ya quiero se acabe esto... para llevarte a la casa y que no te me despegues en toda la noche.

Reí bajito, girando un poco la cara para alcanzarlo con un beso corto en los labios.

- Eso tienes que ganártelo, Natita.

El sonrió contra mi piel, y sentí cómo su agarre en mis caderas se apretaba.

- ¿Ah, si? - murmuró con tono juguetón - ¿qué tengo qué hacer o qué?

Hice una mueca pensativa, pero antes de que pudiera responder, uno de los amigos de Natanael llegó pasándole el micrófono, pues estábamos en un after que hicieron por su concierto. 

- Ven, chula - dijo jalándome hacia donde estaba el dj - ¿me esperas tantito?

Sonreí levemente y asentí. El me dio un beso rápido antes de soltar mi mano y posicionarse al lado del dj.

La voz de Natanael resonó por todo el antro, segura, profunda y con esa chispa característica que siempre lograba capturar la atención de cualquiera.

Ningún pendejo le tira el rollo
Porque les da miedo gastar
Por eso es que conmigo está

Cantó mientras se señalaba, mirándome con una sonrisa.

Te puse un altar, eres la punta de la Giza
Eres un regalo de mi Ra, ¿me entiendes?
Ya dime lo que pretendes

Noches de un motel, quiero jugar cartas y coger
Te quiero pa que seas mi mujer, ¿me entiendes?
Ya dime lo que pretendes

- Nunca lo había visto así - dijo Edith con una sonrisa cómplice, apoyándose junto a mi en el barandal.

- ¿Así cómo? - pregunté curiosa, sin dejar de mirarlo.

- Así - repitió señalándolo, como si fuera obvio - tan feliz... tan enamorado.

Bajé la mirada, sonriendo sin quererlo, y luego volví a buscarlo entre la gente.

Natanael me estaba mirando, como si supiera que hablábamos de él. Me guiñó un ojo. Y yo, como tonta, volví a sonreír.

Edith rio bajito junto a mi.

- Dios... están completamente perdidos.

Solté una risita, llevando el vaso a mis labios.

- Tal vez si... - murmuré antes de darle un trago - pero me encanta.

Pasadas unas canciones, Natanael dejó el micrófono y llegó con nosotros. Estuvimos bailando, tomando un poco más, riéndonos con los demás. El se mantuvo cerca de mí todo el tiempo, asegurándose de que no me faltara nada.

- Nata, ¿me regalas una foto? - se escuchó a nuestras espaldas.

El se giró apenas, y sentí su mano tensarse alrededor de mi cintura.

- No - dijo a secas, regresando su vista al frente.

Fruncí el ceño al escucharlo. Entendía que no quería tomarse la foto, pero su tono había sido muchísimo más cortante de lo habitual.

- Nat... - murmuré solo para que el me escuchara - no tienes que ser tan grosero.

- ¿Qué? - habló la chica de nuevo con tono a la defensiva - ¿ahora tampoco saludas? ¿Tan rápido se te olvidan las cosas Natanael?

Me quedé completamente quieta mientras que Natanael se tensaba aún más a mi lado.

- No estés chingando - dijo el, visiblemente molesto mientras se giraba hacia ella.

- ¿Por qué? - soltó ella con arrogancia, dando un paso hacia el - ¿no quieres que tu noviecita sepa que hace tiempo era yo la que tenías al lado?

- No vas a estar hablando así de ella - gruñó Natanael, mientras se mano se apretaba con más fuerza en mi cintura - ya cállate, wey, nadie te está haciendo caso.

- Todos sabemos que le va a durar poquito el gusto, Nata...

No pude seguir escuchando, porque Natanael me jaló lejos de ella mientras le hacia señas a uno de los de seguridad.

La chica, con una sonrisa desafiante, alzó la voz.

- No seas exagerado, Nata. Solo estoy diciendo la verdad.

El guardaespaldas llegó con nosotros, pero mi cabeza aún estaba procesando lo que acababa de pasar.

- Bajen a la verga a la morra de ahí - le dijo entre dientes señalándola mientras que su otra mano apretaba con fuerza la mía.

- Si, señor - respondió el, avanzando hacia la chica.

La mirada de Natanael seguía clavada en ella mientras el guardia se acercaba. Su mandíbula estaba tan tensa que parecía que si decía una palabra más, iba a estallar. Yo, en cambio, solo podía sentir cómo mis pensamientos se amontonaban, uno encima del otro, sin darme espacio para entender del todo lo que estaba sintiendo.

- Lo siento, amor - dijo en voz baja, desviando la mirada hacia mi - no quería que pasaras por eso.

Asentí apenas, intentando procesar su disculpa, pero las palabras de la chica aún resonaban en mi cabeza.

- Voy al baño - murmuré, sin mirarlo directamente.

Pero antes de que pudiera dar un paso, el tomó mi mano de nuevo.

- Millie, ella no es nadie - soltó un urgencia - te juro que...

- Lo sé, Nata - lo interrumpí, mi voz más baja de lo que pretendía - solo voy al baño.

Me solté de su agarre, avanzando con pasos rápidos hacia el baño, sintiendo mi corazón latir con fuerza.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora