XCV

632 88 4
                                        


Camila Hastings

- ¿Otra vez de malas, princesa? - dijo incorporándose en la cama con una sonrisa ladeada.

Contuve el impulso de rodar los ojos, y solo negué con la cabeza, saliendo al pasillo. Aunque a decir verdad, hasta el ruido de mis pasos me molestaba.

- ¿Qué te pasa? - preguntó a mis espaldas con fingida inocencia.

- Nada, Nat - murmuré bajando las escaleras, pero mi voz sonó más cortante de lo que quería.

Escuché su risa detrás de mi, y eso bastó para que mi poca paciencia se esfumara.

- No le veo lo gracioso, Natanael - dije sin girarme.

- ¿Pues qué vergas traes, Millie? - insistió aún riendo.

Rodé los ojos, abriendo el refrigerador con más fuerza de la necesaria.

- Chula - dijo acercándose con esa sonrisa burlona que me sacaba de quicio - ¿qué pasó?

- Nada - repetí entre dientes, cerrando el refrigerador al no ver nada antojable.

Él se acercó aún con esa sonrisa burlona, alzando una ceja como si ya supiera que me estaba sacando de quicio.

- ¿Nada? ¿Y cómo te vas a poner cuando si pase algo?

Rodé los ojos, completamente fastidiada, y haciéndole caso a la poca cordura que me quedaba, lo rodeé para subir de nuevo.

- Bueno, ¿ese bebé está endemoniado o por qué vergas andas tan de malas, chula?

Me detuve en seco al escucharlo, girándome de inmediato. El también frenó, quedando en el escalón debajo de mi, y su sonrisa burlona seguía ahí.

- ¿Qué dijiste? - pregunté en voz baja, aunque había escuchado a la perfección.

- Que te amo con todo mi corazón, princesa - respondió con descaro, acercándose un poco más.

Tomé un respiro profundo, aguantándome las ganas de ahorcarlo en ese mismo instante.

- Te estás mamando, Natanael - dije antes de girarme para terminar de subir.

Escuché su risa baja detrás de mi.

Soltando un bufido me dejé caer boca bajo en la cama, con la esperanza de que dormir mejorara mi humor.

Sentí la cama hundirse a mi lado, y pronto me rodeó con sus brazos, dejando un beso en mi hombro.

Me quedé ahí, con los ojos cerrados, intentando dejar que su calor me calmara aunque fuera un poco.

- ¿Te he dicho lo guapa que te ves enojada? - murmuró contra mi piel mientras sentía sus caricias en mi espalda.

Lo miré de reojo, aún molesta pero sin poder evitar que un pequeño cosquilleo recorriera mi piel.

- Y tu sabes perfectamente cómo hacerme enojar, Natanael.

Él soltó una risa baja, apretando suavemente mi cintura.

- Así fue cómo me enamoré de ti, mi amor.

Sonreí con cierta mezcla de resignación y cariño, acomodándome más cerca de el.

- Perdón por andar así - susurré.

- No tienes que disculparte, chula - respondió, dejando un beso cálido en mi frente - te quiero enojada, feliz, triste o tranquila. Todo tú es perfecto para mí.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora