Camila Hastings
- Oliver, ten cuidado con Papito - le dije con el ceño fruncido - el está chiquito y tu grandote.
El paró su "pelea" con Papito para verme por un segundo antes de regresar a lo que estaba haciendo.
Natanael a mi lado carcajeó.
- ¿Oliver?
Me encogí de hombros con una sonrisa divertida.
- Así le digo cuando lo regaño.
- No lo regañes, chula - dijo acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja - se está portando bien.
Sonreí ante su toque.
- Estoy cuidando a tu hijo, Rubén.
- Oliver lo está cuidado - respondió con una sonrisa burlona.
Rodé los ojos con diversión, apoyándome en el borde la alberca.
El se acercó un poco, apoyando las manos en el borde de la alberca junto a mí.
- Te ves linda.
Desvié la mirada, sintiendo el calor subir a mis mejillas.
- Gracias, Nata.
Él se quedó en silencio por un momento, pero su sonrisa no desapareció.
- Mucho - agregó, acercándose un poco más y dejando un beso en mi mejilla.
Sonreí, bajando la mirada al agua que nos rodeaba.
- Tu también, Nat - murmuré, sin atreverme a mirarlo.
Sentí su mirada sobre mí, y aunque yo no lo miraba, podía percibir su sonrisa.
- ¿Quieres más? - preguntó, señalando mi vaso.
Asentí, agradecida por la distracción.
El apoyó sus manos en el borde y se impulsó para salir.
Lo observé por un momento. Su cabello goteando mientras lo apartaba de su rostro, su torso al descubierto y... me regañé mentalmente, obligándome a desviar la mirada.
- Ten, princesa - dijo regresando conmigo y extendiéndome el vaso.
Lo tomé, agradeciéndole antes de darle un sorbo.
- ¿Te conté lo de Edith? - preguntó metiéndose de nuevo a la alberca.
- No, Nata, ¿que cosa?
- Pues me dijo que...
Y el comenzó a hablar, pero dejé de prestarle atención cuando mi mirada se posó en sus labios. Solo se movían, pero no lograba registrar nada de lo que decía.
¿Cuándo piensa besarme este hombre?
Tenemos una semana viéndonos a diario y no pasamos de miradas y gestos sutiles.
Lo observé mientras hablaba, notando cómo sus ojos brillaban con entusiasmo al contarme algo. Pero mi mente seguía vagando hacia ese pensamiento. ¿Cuándo?
- ¿Entonces? - dijo sacándome de mis pensamientos - ¿quieres ir?
Fruncí el ceño, tratando de recordar algo de lo que dijo, sin obtener nada de éxito.
- ¿A dónde?
El rio por lo bajo, mirándome con ligera burla.
- A la fiesta que le está organizando Edith a Dan, Cami.
- Ah, si - respondí con una sonrisa nerviosa.
- ¿Vas conmigo?
Asentí, dejando de lado lo que rondaba en mi cabeza.
- Si, Nat, vamos.
Él sonrió ampliamente, esa sonrisa que siempre me hacía sentir algo en el estómago, y asintió con satisfacción.
- Perfecto - murmuró, recostándose nuevamente en el borde de la alberca, sin dejar de mirarme.
Desvié la mirada hacia los perros, quienes seguían "peleándose" por una pelota, teniendo miles a su alrededor.
- Me gusta que estén aquí - habló de repente, estirando su mano para acariciar mi brazo.
Su toque me hizo estremecer ligeramente, pero al mismo tiempo, una calidez se apoderó de mí. Miré su mano sobre mi brazo antes de levantar la vista hacia él.
- A mí también me gusta - respondí con una sonrisa suave.
Él asintió, un brillo de satisfacción en sus ojos, mientras me atraía más a el.
- Me gusta que pienses así - dijo en voz baja, acariciando mi cintura con suavidad.
Mi sonrisa se ensanchó, y en un intento de ocultar lo nerviosa que me encontraba, recosté mi mejilla en su hombro.
El calor de su cuerpo me envolvió por completo y suspiré, dejándome llevar por los latidos de su corazón.
- Te quiero mucho, Cami - susurró, inclinado un poco la cabeza para encontrar mis ojos.
Sonreí suavemente, aferrándome con más fuerza a su torso.
- Yo también te quiero, Nat.
Su expresión se iluminó, y subió una mano a mi mejilla, acariciándola con suavidad.
Sentí su respiración cerca de mi rostro, y el momento se sintió tan íntimo que me costaba creer que estábamos aquí, compartiendo algo tan cercano.
- Nata... - murmuré.
- ¿Si?
No respondí. En lugar de eso, me dejé llevar por el impulso y uní nuestros labios.
Sus caricias se detuvieron por un segundo antes de corresponder el beso, y el instante se sintió como si todo a nuestro alrededor hubiera desaparecido.
El beso fue suave al principio, como si ambos estuviéramos probando el terreno, pero rápidamente se volvió más profundo, más intenso.
Cuando nos separamos, la respiración de ambos era más rápida, y nuestros ojos se encontraron.
- Cami... - suspiró, pero no dijo nada más.
Apoyó su mano en mi nuca y me atrajo hacia el de nuevo, besándome con suavidad mientras su otra mano me sostenía por la cintura.
El beso fue más profundo esta vez, cargado de una mezcla de emoción y deseo que me envolvió por completo. Sus manos recorrían con delicadeza mi cintura, y las mías subieron a su cabello, comenzando a jugar con el.
Nos separamos lentamente y apoyó su frente contra la mía con una sonrisa cálida.
- Extrañaba eso.
Sonreí suavemente, mi corazón latiendo con fuerza al escuchar sus palabras. Sentí una calidez profunda en mi pecho, como si todo encajara de repente.
- Yo también - admití en un susurro.
El ladrido de Papito llamó nuestra atención, y dirigí mi mirada a el, pero Natanael me mantuvo pegada a el.
- Está celebrando - murmuró en mi oído - no le hagas caso.
Reí levemente al escucharlo, mi atención aún divida entre el y Papito, que seguía ladrando hacia un pájaro a lo lejos.
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Estrellas | Natanael Cano
FanfictionBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
