XCVIII

501 89 2
                                        


Camila Hastings

- No, wey, no puedo - escuché la voz de Natanael a lo lejos - no, es que... ando ocupado hoy... nomás son unos pendientes...

Curiosa, salí de la cocina y me apoyé en la pared. Estaba sentado en el sillón, acariciando distraídamente las orejitas de Ollie mientras hablaba al teléfono.

- Si, ya sé que la pista está chingona, pero no... hoy no puedo... simón, nos vemos luego - dijo antes de colgar.

- ¿Qué tienes que hacer, Nat? - pregunté sentándome a su lado.

- Nada, amor - murmuró aún acariciando a Ollie - nomás... me inventé algo.

No pude evitar sonreír enternecida. Parecía niño regañado que su mamá no lo dejaba salir a jugar con sus amigos.

- Ve, Natanael.

El alzó la mirada de inmediato, mirándome confundido.

- Pero...

- Ve antes de que me arrepienta - lo interrumpí, tratando de ignorar el nudo que comenzaba a formarse en mi estómago.

El se quedó en silencio unos segundos, completamente quieto.

- ¿En serio? - preguntó finalmente, aún incrédulo pero con una chispa de alegría en los ojos.

Suspiré, recostándome contra el sillón, pero terminé asintiendo despacio con la cabeza.

- Si, en serio.

- ¿Segura, Millie? - insistió con el ceño fruncido, como si todavía no terminara de creerme.

- Rubén, tampoco te voy a rogar para que vayas - le dije arqueando una ceja.

Soltó una risa baja, inclinándose para darme un beso.

- Eres la mejor - murmuró sobre mis labios.

- Solo prométeme que vas a cuidarte, ¿si? - le pedí apoyando mi mano en su mejilla.

- Lo prometo, princesa - respondió con una sonrisa tierna, apretando suavemente mi mano contra su mejilla - tu hombre va a regresar enterito.

Respiré hondo y asentí apenas, tratando de convencerme de todo estaría bien.

- ¿Quieres venir conmigo?

- No, amor - contesté sin dudar - ve tu.

El dejó un beso en mi frente antes de apartarse e ir hacia las escaleras, completamente feliz.

- ¡Te amo, Millie! - gritó subiendo con pasos acelerados.

Rodé los ojos con diversión, acomodándome mejor sobre el sillón.

Ollie se acostó a mi lado rápidamente, acomodando su cabeza en mi vientre.

A los minutos, Natanael bajó ya cambiado, y esa amplia sonrisa no había desaparecido de su rostro.

- ¿Quieres que te vaya a traer algo antes?

Negué con la cabeza, sonriendo suavemente.

- ¿Segura? - insistió inclinándose en sillón para dejar su rostro a la altura del mío.

- Segura - murmuré dándole un beso rápido - voy a salir con Lucia para no volverme loca.

El soltó una risa baja, asintiendo con la cabeza.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora