Camila Hastings
"Nat, mejor nos vemos mañana, ¿si?"
Envié antes de adentrarme a la ducha.
Sabía que le había dicho que estábamos bien, pero esa incomodidad no lograba salir por completo de mi. De verdad me ardió que me rechazara.
Salí envuelta en una toalla, y casi me da un infarto al verlo sentado en los pies de mi cama.
- ¡Natanael, ¿qué chingados?! ¡¿Qué haces aquí?! - solté con el corazón a mil, apretando la toalla contra mi cuerpo.
Él no se inmutó, ni siquiera pareció sorprendido por mi reacción. Solo me miró con una calma que contrastaba completamente con mi sobresalto.
- No me gustó tu mensaje - dijo simplemente, como si eso justificara que esté aquí en mi habitación.
- ¿Y por eso entraste como si fuera tu puta casa?
- Claudia me abrió - respondió, encogiéndose de hombros.
Rodé los ojos, girándome para ir hacia el closet.
- Camila... - me llamó a mis espaldas.
- Me quiero cambiar, Natanael - lo corté de inmeadiato, buscando entre mis cajones una pijama.
- Pues cámbiate - contestó con descaro, apoyándose en el marco de la puerta.
Me giré para verlo con los ojos entrecerrados.
- Qué chingón, ¿no?
El solo se cruzó de brazos, manteniendo su mirada desafiante.
- Salte, me quiero cambiar - repetí con la poca paciencia que me quedaba.
- ¿Y si no quiero? - preguntó, con ese mismo tonito arrogante que le conocí desde el primer día.
Solté un suspiro largo, sintiendo cómo mi frustración empezaba a crecer.
- No estoy para tus juegos, Rubén - advertí, cruzándome de brazos - estoy cansada, y lo último que necesito es estar peleando contigo medio encuerada.
Por un segundo, pareció que iba a decir algo más, pero se contuvo.
- Te espero afuera - dijo finalmente, ya con un tono más bajo, y cerró la puerta tras de sí.
Bufé, comenzando a cambiarme sin mucho ánimo.
- Camila, no mames - escuché del otro lado de la puerta - ¿cuántas pijamas te estás poniendo o qué vergas?
Rodé los ojos mientras seguía acomodando por colores mis sudaderas.
- Las suficientes para que se te bajen los humos, cabrón - respondí con fastidio, sin apurarme ni tantito, dejando que el silencio del otro lado se alargara mientras intentaba recordar el orden del arcoíris.
Lo escuché bufar, y ya iba por el cuarto color, hasta que habló de nuevo.
- Amor, ya te estás mamando. Sal, por favor.
Fruncí los labios al escuchar cómo su voz cambiaba, ya sin tanta arrogancia, más suave, casi como si de verdad estuviera arrepentido.
Me quedé quieta unos segundos, debatiéndome entre seguir con mi berrinche o salir de una vez. Pero al final solté un suspiro y dejé el gancho en su lugar antes de abrir la puerta con calma.
- ¿Qué necesitas, Natanael? - pregunté con ironía, apoyándome en el marco y cruzándome de brazos.
Él me miró de arriba abajo, deteniéndose un segundo más de lo necesario en mis pechos.
ESTÁS LEYENDO
Estrellas | Natanael Cano
FanfictionBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
