LXXII

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Camila Hastings

Me removí en la cama, tapándome bien, pero fruncí el ceño al sentir la luz de la televisión.

- Nata, ya duérmete - murmuré girándome.

- Ya voy, amor - respondió en voz baja, llevando una mano a mi cabello, comenzando a acariciarlo.

- Mañana no te vas a querer despertar - dije más dormida que despierta.

Desde que me acosté a dormir, no sé que tanto hacia en su celular, pero no se despegaba de el. Llevaba rato con la televisión de fondo y la pantalla iluminando su rostro, mientras sus dedos se movían sin parar.

- Ya, Rubén - murmuré otra vez, esta vez entre fastidiada y somnolienta - apaga eso.

Mañana teníamos un compromiso temprano de la disquera, y si durmiendo sus horas, despertarlo era misión imposible, durmiéndose tarde peor.

- Ya casi, princesa - susurró dejando un beso en mi cabello antes de volver a acariciarlo.

- Te voy a despertar con agua mañana, eh - advertí, acurrucándome entre las cobijas.

Lo escuché soltar una risa baja, y luego me rodeó con un brazo, pegándose a mi con cuidado.

- No me importa - murmuró contra mi oído - nomás me besas después.

Rodé los ojos con una sonrisa, sin poder evitarlo.

- Apaga la tele - susurré por última vez.

- Si, Millie - respondió, aunque no supe si lo hizo o no, porque en menos de un minuto ya me había quedado dormida.

Entre sueños lo sentí removerse, y de repente, comenzó a dejar repetidos besos en mi mejilla, haciéndome pegar un brinquito asustada.

- ¿Qué traes, amor? - pregunté somnolienta.

- Feliz primer mes, mi amor - murmuró contra piel, sin detener su rastro de besos.

Sonreí, removiéndome entre sus brazos para verlo de frente.

- Feliz primer mes, Natita - susurré, dándole un beso suave. 

Él sonrió contra mis labios, acariciando mi mejilla con el dorso de su mano.

- Este ha sido el mejor mes de mi vida.

Suspiré feliz, apoyando mi frente contra la suya.

- El mío también, amor.

- Gracias por este mes, Cami - dijo con voz suave, sus ojos brillando como probablemente estaban los míos - por darme otra oportunidad, por estar, por todo.

- Gracias a ti, Nat - respondí acariciando su mejilla - por demostrarme que valía la pena volver a intentarlo, por amarme tan bonito... por no dejarme en paz hasta que habláramos...

El soltó una risa baja, besando la punta de mi nariz.

- Te amo tanto... con todo lo que soy.

Me aferré un poco más a él, acariciando su cabello.

- Yo también te amo, Natanael.

El me besó con más calma esta vez, sus manos apoyándose en mi espalda y las mías en su pecho.

- ¿Por eso no te dormías? - pregunté en voz baja, separándome lo suficiente para mirarlo.

- Pues si, chula - contestó como si fuera obvio - es nuestro primer mesecito juntos. 

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora