LXI

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Natanael Cano

- Lo que quieras - contesté acomodándome en mi asiento - mientras no pongas a Adriel.

EN QUÉ PUTO MOMENTO ME AUTORICÉ DECIR ESO
PUTA VERGA

Ella desvió la mirada de la pantalla hacia mi con el ceño fruncido.

- ¿Adriel? ¿Y eso de dónde salió? - preguntó alzando una ceja con diversión.

NO SÉ, CAMI
YO TAMPOCO SÉ

Me encogí de hombros, intentando mantener mi expresión lo más neutral posible mientras encendía el auto.

- Nomás dije un nombre.

- Ajá... - murmuró con sarcasmo, pero terminó soltando una risita mientras regresaba la vista a su celular - solo un nombre.

Fingí no escucharla, y mantuve mi atención en el camino.

- Me conoces muy bien, eh - comenté al darme cuenta de que puso a Ariel Camacho.

- Bueno, eres mi amorcito, ¿qué no?

Sonreí inevitablemente, sintiendo cómo todo dentro de mí se relajaba un poco con esa respuesta.

- Si... si lo soy - dije sin poder ocultar la ternura que me provocaba.

Ella giró el rostro apenas para mirarme de reojo, y aunque no dijo nada, su sonrisa lo dijo todo.

- ¿Y qué más sabes de tu amorcito? - pregunté, buscando su mirada un segundo antes de regresar la vista a la carretera.

- Mmm... - hizo una pausa pensativa mientras se acomodaba en el asiento - sé que si no comes o no duermes bien, te pones insoportable...
que te enojas con cualquier cosa y que te gusta que te acaricie el cabello cuando pasa eso.

Reí levemente, porque sí. Tenía toda la razón.

- Me tienes bien leído, Millie.

- Y también sé que estás celoso de Adriel - agregó en voz baja, soltando una risita.

Solté una carcajada corta, negando con la cabeza mientras apretaba un poco más el volante.

- No estoy celoso - mentí descaradamente, con la sonrisa aún en los labios.

- Ajá... - repitió mirándome con una ceja alzada - no lo estás.

- En serio, Millie - insistí, ya no sonando tan seguro.

Ella me miró un segundo más, como si analizara cada gesto, cada tono, y luego soltó una sonrisita divertida.

- No tienes que admitirlo... - murmuró mientras volvía a mirar al frente - igual me parece tierno.

Fruncí el ceño, sin poder evitarlo.

- ¿Tierno?

- Si - respondió encogiéndose de hombros - porque estás celoso de algo sin sentido.

- ¿Sin sentido? - repetí, mirándola con una mezcla de incredulidad y diversión - ¿entonces, que ese wey te diga "mi exnovia favorita", es algo sin sentido?

Ella sonrió como si disfrutara demasiado la conversación.

- Pues... tiene la palabra "exnovia", ¿no? Significa que ya no - respondió con esa sonrisa traviesa que siempre usaba cuando sabía que estaba ganando.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora