LXVII

1.3K 155 18
                                        


Camila Hastings

- Entonces, ¿así les parece bien? - preguntó Clara, quien estaba dirigiendo la reunión de hoy.

Asentí, deseando que con esto terminara y pudiera irme a encerrar a mi oficina.

Teníamos horas en esta reunión, y aunque normalmente no me molestaría, Natanael también estaba aquí y su constante e intensa mirada solo hacia esto más pesado.

- Perfecto - murmuré, anotando lo último en mi libreta.

Clara sonrió satisfecha y comenzó a dar las indicaciones finales, pero yo apenas podía concentrarme. Sentía la mirada de Natanael clavada en mí como un peso insoportable.

Me negué a levantar la vista. No iba a darle el gusto.

- Bien, entonces eso sería todo por hoy. Gracias a todos.

El sonido de sillas moviéndose y papeles recogidos llenó la sala, pero antes de que pudiera salir, una mano se apoyó en el respaldo de mi asiento, bloqueándome el paso.

Supe de inmediato quién era.

- ¿Podemos hablar? - su voz rápido baja, pero firme.

Cerré los ojos un segundo, buscando paciencia antes de alzar la mirada.

- Estoy ocupada, Natanael.

- No te estoy preguntando si tienes tiempo - dijo, con esa arrogancia que siempre me sacaba de quicio.

Resoplé, sintiendo mi frustración aumentar.

- No tengo nada que decirte.

- Pero yo sí.

Rodé los ojos y miré a mi alrededor, buscando una manera de zafarme de el.

- ¡Mario! - lo llamé antes de que saliera de la habitación.

El se giró al escucharme.

- Mande, Cami.

Me levanté de mi asiento rápidamente, aprovechando que Natanael no se movía aún.

- Necesito revisar unas cosas contigo sobre el informe de esta semana - cosa que si era cierto - ¿tienes tiempo?

Mario asintió sin dudar.

- Claro.

Intenté caminar hacia el, pero Natanael bloqueó mi paso otra vez, esta vez con su cuerpo.

- No mames, Camila - soltó en voz baja, con una mezcla de frustración e incredulidad - ¿me vas a seguir ignorando?

- No tengo nada que hablar contigo, ya te lo dije - repetí con dureza.

- Pues yo sí tengo algo que decir - insistió, inclinándose un poco hacia mí - y no me voy a ir hasta que me escuches.

Aguanté la respiración al oler su perfume, ese que tanto me encantaba.

Sentía la mirada de Mario sobre nosotros, probablemente notando la incomodidad en mi expresión.

- ¿Todo bien? - preguntó, mirándonos con cautela.

- Si, si - respondí con rapidez antes de volverme a Natanael - si tienes algo que decir, dilo rápido.

El soltó una risa seca y negó con la cabeza.

- No es una conversación para tener aquí.

- Entonces no la tendremos.

Y sin esperar su respuesta, me giré hacia Mario y salí de la sala, dejando a Natanael atrás.

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora