- Mauro...
- Angie, ¿Estás bien?
- Eh yo... perdí a...no sé dónde...
- Está bien, tranquila, si querés les busco y te quedás vos acá.
- No, no, mejor no, mejor me voy.
- ¿Segura?
- Sí, sí, todo bien.
- Mirá que ahora tenés que cuidar de alguien, no parecés estar bien.
- Te dije que lo estoy, ¿Ok?
No dijo ni hizo nada más que mirarme mientras que, cambiando de emoción cada segundo, me di la vuelta molesta e hice como si no se me hubiese roto el tacón.
Pero, sus palabras se quedaron en mi cabeza e hicieron daño.¿Me veía tan mal? ¿Era un mal ejemplo para Emma? Sabía que todo esto era por culpa del alcohol, al igual que me tuviese que frenar en el camino y volví a agarrarme la pared al sentir un nudo en la garganta de tan sólo pensar que no era buena madre.
- ¿Segura?- de nuevo, él estaba a mi lado, sonriendo.
- Te divertís eh.
- ¿Haciendo qué?
- Haciéndome daño.- dije, ignorando las lágrimas de mis ojos por lo que pensé anteriormente. Entonces, su cara cambió completamente de una forma que no podía explicar porque quizás hacia mucho tiempo que no la veía.
- Dale, salgamos de acá, necesitás tomar aire y no sos capaz ni de andar bien.
Sin más, me agarró levemente de uno de mi brazos y caminó, dejándome llevar sin perderle de vista. Hasta por fin salir.
Entonces, me soltó y yo pude respirar y relajarme un poco, yendo directamente a la pared a apoyarme en las rodillas e intentar respirar tranquila para relajar los mareos del alcohol.
- ¿Mejor?
- Mejor, sí...
- No me gusta hacerte daño.
Asentí sin decir nada más y levanté mi mirada para verle. Ya no tenía el cigarro en sus labios, tan sólo me miraban con las manos guardadas en los bolsillos de su campera.
- ¿Tenés frío?- le miré confundido y sonrió.- Me estaba mirando la campera, no sé, igual es porque es linda.
Levanté los hombros y él chasqueó la lengua, quitándosela a continuación para dármela. La verdad es que un top y una falda corta no fue buena opción.
Sin decir nada, me la puse y de repente todo su olor invadió mis fosas nasales, volviéndome al pasado y a todos los recuerdos, buenos y malos esta vez. Eran tantos que parecía que volvía a marearme.
- Sí, a vos te queda mejor.
- Quiero irme.- susurré, confundida con tantos recuerdos y su mirada encima de mí, haciéndome sentir que yo era la única que seguía pensando en el pasado, nuestro pasado.
- Está bien, si querés llamo a un taxi y vas, ¿Podés?
- No sé.
No dijo nada, tan sólo sacó el celular de la riñonera e hizo lo que me dijo. En silencio, se apoyó también en la pared y esperamos a que apareciese algún taxi que fuese para mí.
Unos minutos más tarde y largos, por fin vimos uno aparecer. Nos despegamos de la pared y esta vez anduvo a mi lado sin agarrarme del brazo, sólo mirándome por si me caía hasta llegar al auto.
- Bueno, chao.
- ¿Seguro?- pregunté sin más, algo que le sorprendió levemente.- Igual me...me caigo o algo.
- Tengo que...bueno, está bien, sí, te acompañaré y luego volveré.
Asentí lentamente y aún no muy segura de todo lo que hacía, entré en el auto, esperando a que él también lo hiciese. Quizás los recuerdos me hicieron tanto mal que me volvieron a hacer sentir protegida a su lado y ahora mismo, lo necesitaba.
De nuevo en silencio, el camino se hizo más largo de lo que era, pero por fin llegamos a mi casa.
No había nadie, mayormente porque nadie más tenía llave y además mis viejos se quedaron a Emma por toda la noche en su casa y a estas horas, si ella no se ha despertado por cualquier cosa, deberían estar durmiendo.
- Bueno...¿Hasta la puerta?
Preguntó una vez terminó de aparcar el taxista. Levanté los hombros indiferente y comencé a caminar, sintiendo que al segundo él se unía.
Llegamos al portal de mi edificio, abrí la puerta y pasó detrás de mí con la escusa de asegurarse que llegaba totalmente bien. Subimos hasta mi departamento y ya cuando abrí la puerta de mi casa, se sintió una tensión que hacía tiempo que no sentía a su lado.
- Ahora sí qué me tendré que ir.
- Ya...
- Un placer igual eh, así al menos sabés que no me gusta hacerte daño.
- Chao...- me apoyé en el marco de la puerta, cansada ya de los zapatos, y él suspiró.
- Chao.
Me sonrió levemente y se dio la vuelta. De repente, parecía que ni cerebro se había desconectado o más bien le había dejado en control remoto.
- Espera.- se paró en su lugar y me miró, esperando a que hablase.- ¿Tenés que irte?
- Angie, tengo que irme y sobretodo pagar el taxista.
- Pero...te necesito.- susurré, como si necesitase decirlo en aquel momento para serme sincera después de mucho tiempo.
Me miró confundido, frunciendo el ceño y dándose completamente la vuelta. Yo no sabía que hacer, así que sólo mordí mi labio inferior, nerviosa.
- ¿Ahora?- subí los hombros.- ¿No podía haber sido antes?
- ¿Cuándo?
- Hace diez meses.
- Ya...mejor tarde que nunca, ¿No?
- ¿Y...?
- ¿Y?
- No sé, Angie, yo...yo no sé qué hago acá.
- Ni yo, la verdad es que desde que llegué parece que perdí el rumbo que quería llevar en mi vida.
- Entonces estamos perdidos.
- Los dos.
- Juntos.
Asentí y él sonrió, dando un paso hacia delante que lo acercaba bastante a mí. Mis ojos estaban fijos en los suyos, nuestras miradas parecían haberse congelado en el otro.
- Supongo que es mejor perderse con alguien.
Volví a susurrar y de nuevo, me mostró aquella sonrisa que tanto meses parecía haber olvidado.
En España, todo sus recuerdos fueron anulados por mí presente allá. Todo lo que me estaba pasando me mantenía muy ocupada y no me dejaba pensar en lo que había pasado.
Ahora, de nuevo en casa y con él delante, parece que todos los recuerdos volvieron a atormentarme y ha hacerme cuestionar lo que antes había ignorado.
Pero, cuando terminó de acercarse uniendo nuestros labios después de mucho tiempo y abrazándome por la cintura, parecía que volvía completamente al pasado, que volvía a estar en su casa aburridos en el sofá y sin nada más que hacer que estar juntos, el uno para el otro.
No sé cuando llegué a olvidar aquello, al igual que tampoco sé cuándo cerré la puerta con él dentro de mi casa.
Nuestros pasos torpes nos hacía parecer dos bailarines que no estaban coordinados pero se sabían los pasos de memoria. De camino a la habitación, se deshizo de su campera y más tarde yo de su riñonera.
Cuando caímos a la cama, mi top desapareció en segundos y de nuevo sentí sus manos tocar y erizar mi piel.
Desabrochó la falda vaquera que tenía y como pudo fue echandola hacia abajo hasta hacerla desaparecer. Menos mal que los dos nos quitamos los zapatos en el camino.
Me dejó entonces tiempo para yo quitarle la remera, pero quiso contraatacar rápido y sin darme cuenta ya estaba completamente desnuda de torso. Desnuda ante sus ojos.
Me recorrió de nuevo con sus manos antes de comenzar a bajar por mi cuello hasta mis pechos dejando besos en el camino.
Segundos después, con todo su pelo ya despeinado por mis manos, volvió a mis labios para dejar que por fin le quitará los pantalones.
Rápido, quiso dejarme completamente desnuda para él y así poder hacerme disfrutar más hasta que quise tomar el control y dimos la vuelta.
Mientras besaba su cuello y sus manos me acariciaban sin parar, buscaba en la mesilla algo que era necesario.
- Un forro.- sonrió.- ¿Lo tenías preparado o...?
- Si algo he aprendido es que siempre se necesitan, sea con quién sea.
Rió y yo sonreí antes de besarle. De nuevo, volvió a estar encima de mí y se hizo con todo, hasta del forro que tenía agarrado.
Tiró al suelo los boxer, se lo puso y rápido volvió a besarme antes de que yo me preparase para de nuevo, volver a sentirle tan cerca que parecíamos fundirnos.
Los recuerdos ya no eran nada comparado con los gemidos que comenzaban a gobernar la habitación. Mis piernas se enredaban en su cintura intentando acercarlo más, aunque era imposible.
Pasaba mis manos por su espalda y por su pecho, pero siempre dejando una que acariese su pelo mientras él se agarraba al colchón y sostenía su cuerpo, ahogando los gemidos y suspiros en mis labios o en mi cuello mientras que yo no podía hacerlo y menos cuando aumentaba de ritmo poco a poco.
En un momento, cuando parecía relajarse, le pillé por sorpresa y dimos la vuelta de nuevo, sonriéndonos al saber que ahora era yo la que movía las caderas y él tenía sus manos en mí, dejando que yo hiciera todo.
Mordía su labio inferior y yo echaba levemente mi cabeza hacia atrás a la vez que cerrará mis ojos, comenzando a sentir como mi cuerpo se cansaba y se rendía a él al mismo tiempo.
Parecía que él también se dio cuenta, porque rápido volvió a estar encima de mí para encargarse de acelerar el ritmo hasta hacerse inaguantable.
- Mauro...
Suspiré, mordí mi labio inferior y cerré mis manos para evitar arañarle, sintiendo que sólo me quedaban segundos.
Cuando él dejó un pequeño mordisco en mi cuello, mis piernas temblaron y todos mis nervios tensaron mi cuerpo, quedándome sin respiración por unos minutos.
De nuevo, eché mi cabeza hacia atrás, pero esta vez para buscar ese aire. Segundos después, él paró y su cuerpo fue cayendo lentamente encima de mí mientras que dejaba de apretar las sábanas y su mandíbula.
Se dejó rodar hasta caer al lado del colchón y entonces los dos suspiramos, mirando al techo sin dejar de respirar rápido. Nos miramos, sonreímos y parecía que aquellos sueños y recuerdos se hicieron realidad y presente.
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Sol y Luna (Duki)
Fanfiction(2° temporada de la novela Piensa en Mí (Duki)) Después de que Angie terminó con Mauro tuvo que aprender de nuevo a estar sola, a cuidarse con la única ayuda de sus amigos y su familia. Pero, cuando parecía que volvía a su vida normal, cuando él apa...
