Capítulo 40.

17 3 0
                                        

André:

Abril 27, 2024 Verona, Italia.

Sofía cumplió su promesa y ha estado conmigo por los últimos días y me gusta que esté aquí a mi lado y he aprovechado para darle todo el amor que no pudo recibir a la distancia, adoro mis días con ella en los que paseamos por la ciudad o solo nos quedamos en casa mirando películas, momentos tan simples son los mejores para mí.
Hoy es el cumpleaños de ambos, número 24 para ella y 26 para mí y tengo algo especial para celebrar esta noche, recuerdo que todo mundo siempre dice que estamos hechos el uno para el otro y cada día me convenzo de que es así.

Dos días atrás llamé a mis padres, mis hermanas y por supuesto a Demián y Michael que ya consideraba como miembros de mi familia, todos eran demasiado importantes para mi y no podía celebrar sin ellos. Les hablé a mis padres sobre lo que tenía planeado y mi madre era la más emocionada con esto después de Rebecca y Lucía quienes no paraban de gritar de la emoción, y el solo recordar me hacia reír todos estaban emocionados por lo que pasaría y yo me sentía demasiado nervioso, jamás había pedido matrimonio así que no tenía idea de que hacer o decir.

Le pedí ayuda a mi padre, él podría decirme que hacer pero no me dio una respuesta concreta solo dijo “Deja que tus labios digan lo que tu corazón calla” y mi madre decía que las palabras sobraban cuando el amor hablaba por sí solo, no tenía algo para decir esta noche así que solo dejaría todo fluir.

Rebecca:

3:15 p.m.

Lucía y yo estábamos explotando de felicidad y emoción porque André y Sofía se unirían en matrimonio, era un día especial y lo tomé como un pretexto para llevar a Sofía por un vestido, la rubia no tenía idea de lo que sucedería esta noche. Michael también estaba aquí y él nos acompañaría a la plaza comercial, todos sabíamos lo que André planeó pero aún era un secreto para Sofía ella creía que sólo sería una sencilla cena de cumpleaños pero sería más que eso.

Pasados 20 minutos estábamos en la plaza comercial y André y Sofía caminaban juntos del brazo, y Michael y yo tomados de la mano detrás de ellos.

—André parece muy entusiasmado con esto— me dijo Michael y asentí.
—Te confieso que jamás imaginé verlo así, creí que nunca se casaría—

Mi madre volteó a nosotros para decirnos que nos veríamos en el estacionamiento al terminar las compras.

—Iré con André, él me ha pedido ayudarle a escoger una argolla y un traje— me dijo Michael sonriendo y asentí.
—Bien, te veré después en el estacionamiento— hablé dejándole un beso. —No te alejes demasiado de ellos.
—Estaré bien— dijo tomando mi rostro y lo vi marcharse al lado de André.

Caminé para alcanzar a mi hermana y Sofía quienes siguieron dando pasos tienda por tienda, la rubia se probó un vestido tras otro pero nada parecía convencerla y luego de una hora, se sentó en una banca con su rostro de aburrimiento y decepción.

—Creo que tomare algún conjunto de mi closet— nos dijo.
—¡No! Es tu cumpleaños y tenemos que encontrar algo que deslumbre, será una noche especial— le dijo Lucía.

Sofía me miró y asentí.

—Podríamos ir a la casa de modas de Elena y buscar algún vestido de los lanzamientos pasados— les dije.
—La casa está cerrada hace meses— habló Lucía frunciendo el ceño.
—Tiene que haber alguien ahí, no sé algún guardia o algo así, ¿Qué dices?—

Le pregunté a Sofía.

—Siempre quise entrar ahí— respondió sonriendo. —¡Vamos, puede que encuentre algo!

Nos levantamos de la banca y salimos en busca de un taxi, Lucía llamó a mi madre para decirle que los veríamos en casa y luego de 30 minutos estábamos frente a la casa de modas de Elena, y el edificio se veía vacío, triste y nada comparado al que fue alguna vez. Dos vigilantes estaban afuera de la puerta les mostré mi identificación y pedí pasar a lo que no se negaron y al entrar podía percibirse un aroma a polvo que te hacía estornudar.

—Esto luce aburrido está literalmente muerto— dijo Lucía mientras nos adentrábamos por los pasillos.
—Debemos darnos prisa si queremos que esto vuelva a levantarse—
—Será más complicado de lo que pensé, el buscar nuevos talentos y hacer un nuevo lanzamiento no será para nada sencillo— nos habló Sofía.
—Tendremos más tiempo para planear y organizar después ahora debemos buscar algo para ti—

Dije jalando de su mano y llevándola al estudio en donde Elena se encerraba por horas a crear magia. Buscamos entre cajas y dentro del reducido closet hasta que Lucía se encontró con un vestido largo hecho de tela brillante en color dorado rosa, con delicados tirantes y escote en “v”

—¿Qué dices? Si no lo tomas tú lo haré yo— le dijo mi hermana entendiéndolo y sí era un vestido realmente precioso.

Sofía sonreía pasando su mano por la tela y se veía fascinada.

—Me ha gustado y creo que es el indicado, ¿pero y si no es mi talla?— Nos preguntó la rubia.

—Anda ve y pruébatelo y si este no es tu talla buscaremos algo más—

Sofía asintió y corrió al sanitario para probarse el vestido, luego de unos minutos ella salió pidiendo ayuda para subir el zipper, hice que se plantara frente al espejo que Lucía sostenía y este era un día de suerte porque ese vestido era para ella.

—Te ha quedado perfecto, lucirás increíble esta noche— le dijo Lucía.
—Se amolda demasiado bien en mi cuerpo pero necesita ser más ajustado en mis caderas—

Miré mi reloj y aún teníamos media hora antes de volver a casa así que busqué en los cajones algo de hilo y agujas para intentar ajustar el vestido.

—No te muevas que no quiero pincharte— le dije tomando la delgada aguja y pidiendo la ayuda de mi hermana para ajustar la tela.
—¿Sabes como se hace?— preguntó Lucía y negué.
—No pero no debe ser difícil dar unas cuantas puntadas— respondí concentrada.

Luego de unos minutos había terminado y el resultado fue bueno, la tela se veía más estilizada en su cintura y caderas como Sofía quería y las puntadas con aguja e hilo parecían casi invisibles, los pinchazos en mis dedos habían valido la pena.

6:30 p.m.
Habíamos vuelto y me encerré en mi habitación para ducharme y luego de media hora salí de la regadera para pararme frente al closet y sacar el vestido color granate que llevaba meses olvidado, peine mi cabello en uno moño relajado y delinee mis ojos, me levante y me mire de cuerpo completo en el espejo y le sonreí a mi reflejo sin razón alguna, creo que solo estaba demasiado feliz por todo lo que sucedía.

Tocaron a mi puerta y camine girando la perilla encontrándome con Michael que me sonreía enfundado en un traje negro adornado con botones dorados en línea vertical y se veía demasiado bien.

—¡Pero mira que chico más guapo a tocado mi puerta!— Dije jalando de él haciendo que entrará en mi habitación. —Me encanta tu estilo—

Y besé sus labios al mismo tiempo que cerré la puerta estirando uno de mis brazos.

—¿Y que me dices tu? Me encanta el color rojo en ti— habló y me sentí sonrojar. —Es de mis colores
favoritos—
—Lo sé— susurré en sus labios.
Michael se paro tras de mí y me tomó por la cintura mientras nos mirábamos en el espejo y adoraba vernos así juntos los dos.
—Míranos encajamos a la perfección, estamos destinados a estar juntos— me dijo apretando ligeramente y coloqué mi mano sobre la suya asintiendo.
—Juntos nos pertenecemos, tu y yo somos uno—

Besó mi mejilla y me sentía tan plena, sentía que Michael era el chico de mi vida, estaba amándolo tanto y estaba segura que él era el llamado amor de mi vida.

On The LineDonde viven las historias. Descúbrelo ahora