Capítulo 114.

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Michael Jackson:

Todo esto se siente como volver a los viejos días, la castaña está conmigo llenándome de amor y besos.

Se ve radiante, incluso me lo parece cuando se enfada como hace unos momentos, quise saber el porqué de su cambio de humor pero ella no quiso decírmelo así que ya no pregunté más, está bien puede que me lo diga más tarde.

-¡Ya estoy lista!- me dice sonriéndome.

Tiene un lindo vestido playero en color negro.

-¡Entonces vamos ya!- respondo tomándola de la mano.

Manipulo los botones poniendo fecha y lugar, no iremos al pasado nos quedaremos en esta época.
Y diez minutos después llegamos a Santa Mónica, aterrizamos en un lugar solo y sin luz, no había nadie por aquí así que estábamos seguros y la máquina también.
Tomé de la mano a mi castaña y comenzamos a caminar hasta llegar a la playa, todo esta muy bien aún hay algunas personas pero están demasiado alejadas de nosotros así que no hay riesgo alguno y que podemos quedarnos aquí sin problema.

-Que hermosa vista, el sonido de las olas me relaja- me dice ella en cuanto pone un pié sobre la arena. -Es simplemente perfecto-

-Si es terapéutico, ya era tiempo de calmar a nuestras almas. ¿No lo crees?- Asintió.

-Hemos esperado demasiado, no sé como es que no hemos enloquecido.

-Tal vez ya lo estamos- me reí.

Me tomó de la mano, la brisa nos pegaba en el rostro y nos movía el cabello, era tan refrescante.

-Es como la primera vez que estuvimos aquí. Quisiera poder inmortalizar estos momentos, quedarme aquí contigo por siempre-

La atraje a mi poniendo su cabeza en mi hombro y le acaricié el cabello.

-Podemos hacerlo- la hice mirarme a los ojos. -Tu y yo podemos guardar estos recuerdos en el rincón más secreto de nuestras memorias, en donde el tiempo se detiene solo existe el latido de nuestros corazones-

-Me haces querer llorar- sonrió con ternura. -Tus palabras son hermosas-

Besé su mejilla y de repente ella se levantó para buscar su bolso, escuché el tintineo de cristales.

-¿Qué haces?- pregunté sin dejar de mirar lo que hacía.

-Solo buscaba una botella de vino, y estas trufas con chocolate- me mostró levantando los brazos, también tenía dos copas, vino preparada esta noche. -Te serviré solo un poco-

-No demasiado, solo una copa por favor, sabes que el alcohol y yo no somos una muy buena combinación-

La vi batallar un poco con el corcho de la botella pero pasados unos minutos pudo destaparlo.

Me dió una de sus copas y me sirvió, hizo lo mismo con la suya y la vi menearla en círculos para después olerla parecía disfrutarlo.

-Me encanta el aroma, es exquisito- me miró y yo di un ligero sorbo, el sabor era rico, dulce y afrutado. -¿Y qué te ha parecido?- me preguntó después de beber.

-Delicioso y tan dulce como tu-

Noté como su rostro se sonrojó y sonreí de saber que aún provocaba ese efecto en ella.

Comió uno de esos chocolates, y siguió con un par más, la observaba con detalle no era intencional solo que no podía apartarle la vista.

Chupó sus dedos y luego me miró.

-Tu eres lo más preciado para mí y quiero pasar lo que me quedé de vida a tu lado, no importa si solo son días o meses- dijo con cierta tristeza.

-¿Lo dices por ti o por mí?-

-Es probable que por mí, tengo ciertas sospechas de estar en peligro pero no ahora. Ahora me siento feliz, segura y amada gracias a ti-.

Apretó mi mano con fuerza.

-Olvidemos lo malo solo por hoy ¿de acuerdo? Hoy no hay nadie más además de nosotros. Recuéstate en mi pecho y déjame perder mis dedos entre tu cabello-

Las horas pasaban y las olas se ponían algo agresivas, el sonido y el movimiento eran fuertes pero nada peligroso hasta ahora.

-Mi cerebro no deja de preguntarse como haremos para decirle a todos que hemos vuelto a estar juntos- dijo relajando su cuerpo, la sentí un poco más pesada sobre mi.

Entrelazo sus dedos con los míos en la mano qué tenía libre.

-Bueno que te parece esto...- me aclaré la garganta. -Tu y yo llegamos tomados de las manos con una sonrisa de evidente felicidad y decimos "¡Hola! No se sorprendan, sí volvimos y esta vez es definitivo, nos amamos más que antes ahora solo la muerte podrá separarnos." ¿Qué dices? ¿Te gustó?-

Soltó una carcajada y yo le seguí.

-¿Qué?- pregunté entre risas. -Algo rápido y directo-

-Haces que parezca tan fácil, imagina sus expresiones-

-Lo hago créeme, es por eso que me parece aún más gracioso-.

-Bueno es un hecho que pasará, pero no mañana por supuesto- sentí como apretaba mi mano. -Puede que se alegren o puede que no, y está bien ya no importa-

Supongo que ahora se siente más tranquila y despreocupada con respecto al que dirán, la siento genuina ahora y eso me gusta solo espero que esto no sea algo momentáneo. Como sea yo estaré a su lado.

Hubo silencio después de esa charla y mientras la sostenía en mis brazos no podía dejar de pensar en lo que dijo; se sentía en peligro.
¿Es real? ¿Algo malo pasará? O solo es su mente jugando con nosotros. ¿Seré yo, ella o ambos?

Me causa temor de alguna forma pero intento no demostrarlo, ya tenemos suficiente con todo lo que ha sucedido.

Comencé a sentir los ojos más pesados, quería dormir pero no podíamos quedarnos aquí, si amanecía era probable que alguien nos encontraría. Así que me obligue a espabilar pero el peso de Rebecca me impidió levantarme del todo, ella se había quedado profunda su respiración era cansada.
No quise despertarla así que tomé fuerzas, y la cargué para llevarla a la máquina me parecía interminable el camino a ella, la chica estaba un poco más pesada a como la recordaba pero pude llevarla no me importó que mis piernas y brazos flaquearan después de eso.

La aseguré en uno de los asientos y volví por lo demás, su bolso y la botella.
Al volver ella estaba acurrucada encogida de brazos y piernas, subí del otro lado y apreté botones para volver a la casa de campo. Llegamos luego de unos minutos y ahora sí tuve que despertarla.

-¿En dónde estamos?- me dijo en voz baja y somnolienta cuando intentó abrir los ojos.

-Volvimos, no quise esperar más casi amanecía- respondió y frotó sus ojos.
-No quiero molestarte pero ahora tendrás que subir a la habitación-

Realmente no creo poder ni siquiera dar un paso si la llevo en brazos.

-Está bien, ya voy pero vendrás conmigo no quiero quedarme sola- me dió la mano y asentí.

Subimos juntos y se lanzó despreocupada a la cama, no limpió su cara ni tampoco se puso la pijama como siempre lo hacía, la cubrí con las sábanas y luego me recosté a su lado, me daba la espalda pero al sentirme cerca ella giró quedando frente a mí.

-Te amo- me susurró.

Y sonreí al escucharla, dejé un beso en su coronilla y cerré los ojos.

-Yo también te amo-

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