No tengo la mas mínima idea de saber en que día vivo y estoy en un lugar poco habitado, en el vecindario solo hay unas cuantas casas o eso fue lo poco que puedo notar por las ventanas.
Esta casa es demasiado grande y una exageración para solo habitarla tres personas, por supuesto que llama la atención. Ahora sé que aquí es en donde Dante se ha mantenido escondido, aquí es donde Gabriel tiene una vida, aquí es donde tendré que pasar el resto de mis días si André no me encuentra pronto.
Siento que si sigo así terminaré por arrancarme el cabello hasta dejarme calva.
Solo Gabriel me hace compañía, me ha mostrado como es que toca el piano, y aunque falta mejorar lo hace muy bien, sus notas me tranquilizan, él ha ayudado demasiado a que mis días sean llevaderos y cuando me pide jugar con él corriendo por el jardín me olvido de todo, como si así pudiera escapar.
Me gusta cocinarle el desayuno y la cena, solo para nosotros dos, Dante se la pasa los días fuera y no vuelve hasta altas horas de la madrugada, y es algo bueno porque así puedo mantenerlo lejos de nosotros. A veces ni siquiera nos vemos, me quedo toda la noche encerrada en mi habitación hasta que lo escucho irse de nuevo y es cuando puedo salir.
Esta noche le he preparado a Gabriel un poco de pollo con crema, brocoli y un poco de maíz , me ha dicho que es su favorito y yo estoy encantada de hacerlo sentir feliz.
Le he preparado su plato y se lo he llevado a la habitación, sé que a Dante le molesta demasiado que Gabriel meriende sobre la cama. Él se la pasa repitiéndome que no es correcto, que no son buenos modales, y que lo estoy mal acostumbrado, y por supuesto que todo eso me importa un pepino, lo que él diga no tiene importancia para mí.
Tenía un plato extra (que era para mí) en la mesa de la cocina, también cenaría pero el motor del auto me hicieron ponerme alerta y mis ganas de comer se esfumaron, miré el reloj eran apenas las 7:30 p.m. y Dante ya había vuelto era demasiado extraño que ya estuviera aquí, aún era muy temprano comparado a las cuatro de la mañana.
<<Mis horas de paz se terminaron>>
Lo escuché estacionar el auto y también escuché sus pasos acercarse a la entrada trasera que daba a la cocina.
Bufé y giré los ojos, él vendría a fastidiarme otra vez.
-¿En dónde está Gabriel?- preguntó en cuanto puso un pie en la cocina.
Le di la espalda ignorandolo. -¡Maldita sea! ¿Ni siquiera puedes responder una simple pregunta?-
Estaba enfadado y se desquitaría conmigo.
Comenzaba a gritarme y odiaba que hiciera eso.
-¡Está en su habitación tomando la cena!- respondí alzando la voz.
-¡Te he dicho miles de veces que no debe hacer eso!- repitió y seguí ignorandolo caminando hasta la habitación, quise cerrar la puerta pero él venía tras de mí.
-¡Odio cuando haces esto! ¡Me tienes harto! ¿Y sabes qué? ¡Puedes irte de una maldita vez!-
Cuando terminó de gritarme y de desquitar su odio contra mi me dejó sola en la habitación.
Le tomé la palabra, ¡me iría, ahora sí!.
Acabe con su paciencia y lo enfadé, esta era mi única oportunidad y no podía desperdiciarla.
Ni siquiera hice una maleta, saldría sin nada, no tenía identificación, ni mi pasaporte y mucho menos dinero. ¿Cómo volvería a Verona? No lo sé, pero ya me las ingeniaría, solo tomé una sudadera para abrigarme un poco y cerré la puerta de la habitación. Di pasos acelerados y al llegar a la puerta pasos cortos venían detrás de mí, mientras esa tierna voz repetía mi nombre.
-¿A dónde vas?- Me preguntó Gabriel con mirada asustada -¿Me dejarás?- Acaricié su mejilla. -Te escuché discutir con mi padre, si es por mi juro que me portare mejor y dejaré de comer en mi habitación-
ESTÁS LEYENDO
On The Line
Fiksyen PeminatRebecca, hija de un matrimonio dedicado a la ciencia y fanática de Michael Jackson se propone crear la primera máquina del tiempo y al paso de dos años lo logra teniendo como objetivo ayudar a evitar las desgracias en la vida del Rey del pop con ayu...
