Capítulo XXXXIV.

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Observamos toda la pelea desde fuera. En algunos momentos ambos teníamos que reunir fuerzas para no entrar en la casa y frenarlos. Haber visto a Tim me reconfortaba. Y no podía parar de pensar en el momento en que nos reencontrásemos y él se acordase de mi.

Cuando por fin escuchamos el sonido del coche alejándose. Y Brian me indicó, con un pequeño gesto, que avanzásemos hasta la entrada principal. Primero entró él, y no pegó un grito haciéndome pasar hasta que apagó la cámara.

    —¿Hola? —Me asomé por la puerta, buscando ver cómo se encontraba Jay. Al verme se quedó paralizado, como si hubiese visto un fantasma. Obviamente no me reconocía, pero algo dentro de él le hacía reaccionar—. Jay...

    —¿Cómo sabes mi nombre?

Antes de que pudiese responder, Brian se levantó.

    —Tienes diez minutos. No te entretengas.

Asentí, y me senté al lado de Jay, mirándole con los ojos a punto de desbordarse en lágrimas. Brian se marchó, hacia el interior de la casa. Y mientras Jay me miraba con una mezcla de miedo y curiosidad.

    —No te haré daño. Sólo... Sólo quería saber que estabas bien.

    —¿Me conoces?

    —Claro. Pero tú no me recuerdas. Me... Me ayudaste mucho. Y me salvaste la vida—. No pude remediarlo. Podríamos decir que mi cuerpo saltó solo, como un resorte, y le abracé. Sabía que a él le resultaría de los más extraño y sin sentido del mundo. Pero llevaba tanto tiempo preocupada por él. Sufriendo mientras imaginaba que no lo volvería a ver. Tanto tiempo manteniendo mis lágrimas ocultas tras una sonrisa—. Jay lo siento. Lo siento mucho. Pero no te puedo ayudar.

Sentí su barbilla apoyarse en mi hombro y por un segundo sentí que su pecho se movía, soltando un suspiro.

    —No sé quién eres... Pero parece que te preocupaste mucho por mi—. Simplemente asentí. Alcancé el cuchillo, a lo cual él reaccionó moviéndose algo inquieto. Desaté sus manos y pies. Los diez minutos debían estar a punto de acabar.

    —Jay, por favor. Sigue adelante y por favor, no mueras—. Entonces, algo ocurrió que consiguió hacer que mi estómago y mi corazón saltasen al unísono de la emoción. Jay alzó una de sus manos, y con una mirada, que a mi me pareció tierna, acarició mi mejilla. Las lágrimas no tardaron en brotar y ambos nos abrazamos.

    —Espero poder recordarte.

Eso solo hizo que mi llanto se acrecentara mientras me agarraba con mayor fuerza a él. No quería que volviese a alejarse. Ahora que sabía que estaba bien no quería perderle de vista. No quería que siguiesen arriesgándose. Brian entró por la puerta, y sin darnos tiempo de reaccionar a ninguno de los dos dio un fuerte golpe en la cabeza a Jay que cayó redondo al suelo.

    —Vamos. Ya es la hora.

Cuando me levanté encontré a Brian escribiendo en el espejo de a entrada. En él ponía "Última oportunidad" y el dibujo de un círculo atravesado por una "x".

    —¿Qué es eso?

    —Pronto lo averiguarás.

Asentí, y antes de salir por la puerta eché un último vistazo a mi amigo, esperando de corazón poder volver a reencontrarme con él lo antes posible.



                                                                                               ***

Slave of Creepypastas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora