Capítulo LIII.

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Me encontraba en la universidad. Después de ver cómo mi casa se consumía en las llamas provocadas por Alex, había decidido pasar la noche en un hotel y pensar qué pasos seguir.

Y por eso estaba en la universidad, a punto de colarme por el túnel de mantenimiento para buscar a Alex. Recorrí los oscuros y polvorientos pasillos hasta encontrar la tapa de una alcantarilla, que me llevó a unos baños.

Una vez fuera y solo en el maltrecho baño, respiré hondo mientras observaba los cristales y baldosas rotos del suelo. Saqué la navaja de Jay y recorrí el lugar en busca de Alex. Pasé las escaleras, fui hasta la puerta principal y entonces lo escuché. El sonido de una pistola que consiguió helarme la cabeza. Uno, dos, y al tercer disparo un dolor agudo atravesó mi cuerpo, haciendo que cayese al suelo.

Levanté la vista, Alex estaba escaleras arriba y mientras el dolor me invadía, por el rabillo del ojo vi una silueta blanca, el Operador. Mi vista estaba borrosa y sentía gruesas gotas de sudor bajar por mi frente. Cerré los ojos y al volver a abrirlos ya no estaba en la universidad. Estábamos en un túnel y Alex estaba conmigo.

    —¡Alex para! ¡Esto no va a arreglar nada! —conseguí levantarme, pero entonces Alex volvió a disparar; y sin poder decir nada más eché a correr, intentando alejarme lo más posible de él.

«Mierda, con esa pistola es imposible acercarse a él», mientras corría salí del túnel y llegué al bosque, no veía a Alex por ningún lado; sin embargo su voz me sobresaltó.

    —Todo el mundo se ha ido; y tú eres el culpable. Tú eres la razón por la que vino a por nosotros.

Entonces vi algo moverse delante de mi, era él y estaba de espaldas. No me paré ni un segundo a pensarlo, me abalancé sobre él, clavándole la navaja de Jay con toda la fuerza que disponía. Alex sobresaltado disparó varios tiros al aire, mientras los disparos y sus gritos llenaban el bosque y resonaban entre los árboles. Pero el espacio a nuestro alrededor cambió, los árboles desaparecieron y los sustituyeron viejas y desconchadas paredes de ladrillo. Alex soltó la pistola, y como si de un resorte se tratase, yo me lancé a por ella. Intenté disparar, pero estaba sin balas. Sentí algo perforándome, y al girarme tenía la navaja de Jay clavada en el brazo mientras Alex aún la sostenía.

Todo ocurría muy rápido, tan rápido que mi mente apenas era capaz de asimilarlo. De vez en cuando sentía un insoportable dolor en la cabeza y cuello, y entonces veía una sombra blanca moverse entre nosotros. Algo me tiró al suelo y comencé a sentir golpes en la cara, y un segundo después tenía la navaja en mi mano. Alex estaba encima de mí, dándome puñetazos. Sin poder ver por los golpes, empuñé la navaja e intenté clavarla donde fuese. Pero Alex había vuelto a desaparecer.

Me levanté, sintiendo lo penoso que debía verme y lo malherido que estaba. Escupí al suelo la sangre que se había acumulado en mi boca.

    —¿Alex? Esto no tenía que acabar así. —Al escucharme a mi mismo pensé que aquello era el fin. Apenas podía hacer mis palabras entendibles de lo destrozada que tenía la boca por los golpes—. ¡No te protege, te controla! Podemos encontrarle juntos. He sufrido esto durante toda mi vida. —Me giré, buscando con la mirada a Alex—. Si me matas, ¿qué va ha pasar? ¿Eh? ¿Qué te pasará entonces?

Un golpe contra mi espalda y la voz de Alex, apenas podía sentir ya los golpes.

    —Sé perfectamente lo que va a pasar.

Todo se volvió oscuro, cerré los ojos intentando poder enfocar mejor mis ojos, pero al volver a abrirlos Alex no estaba. Estaba en una habitación, me incorporé y lo que encontré consiguió que mi corazón dejase de latir. Brian estaba frente a mi, tirado y con la sudadera llena de manchas escarlatas.

    —Tú lo mataste —escuché la voz de Alex—- ¿Qué se siente al perder a tus amigos?

Mi corazón se había parado y mis ojos no podían moverse del cuerpo sin vida de Brian. Levanté lentamente la vista para encontrar a Alex. Esto ya no tenía solución. No iba a convencer a Alex, él ya no existía; el Operador le había quitado todo lo que realmente era. No era más que un títere, un peón que haría lo que fuese por cumplir con su misión.

El mundo a mi alrededor desapareció, desintegrándose ante mis ojos para luego volver a configurarse al segundo siguiente. El sitio había cambiado, pero seguíamos Alex y yo.

Como un auténtico animal comenzó a atacarme, fue entonces cuando por fin algo en mi interior volvió. Mi corazón seguía sin latir, pero algo se encendió, una sensación incluso agradecida, la sensación de que no era yo, si no otra persona. ¿La persona de la mascara? No sabía quién, pero me dejé llevar, me perdí en las tinieblas y dejé que Tim muriese; nunca más volvería a existir Tim.

Abrí los ojos y con una renovada energía y experiencia agarré con fuerza la navaja, y mientras esquivaba los golpes de Alex me acerqué a él. Levanté el brazo, y dando un último pensamiento, aún como Tim, a todos mis amigos caídos, clavé el cuchillo en la garganta de Alex. 

Me alejé de él y rodé hacia un lado, exhausto. Otra vez una sombra blanca pasó a nuestro lado, sin embargo esta vez era más nítida. El Operador observaba a Alex, con la cabeza gacha para poder estar a su altura y su rostro sin rasgos quieto. Cuando el último aliento abandonó su cuerpo, el Operador se acercó a mi y el mundo desapareció de nuevo.

No sé si lo siguiente fue un sueño, no sé si fue una recompensa por la vida de mierda que he tenido, pero cuando abrí los ojos volví a ver a Brian, a Jay y a la chica de mis recuerdos, vivos. Mientras sus manos me tocaban, intentando darme ánimos y sonreían.


Slave of Creepypastas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora