Pasaron los minutos, y los golpes y gritos seguían escuchándose. Desde que Jay me había encerrado en la habitación los ruidos no cesaban. Sentía la garganta entumecida de tanto gritar y suplicar a Jay que me soltase. Debíamos escapar, no podíamos matar a Jeff, si no Slenderman ya se hubiese ocupado de él. De un momento para otro los ruidos dejaron de sonar, creando un ambiente angustioso. ¿Jeff habría muerto? O peor, ¿habría pasado algo con Jay?
Instintivamente miré el techo, esperando que de un momento a otro se volviesen a escuchar los golpes, pero nada pasaba. Un sonido agudo, casi imperceptible comenzó a llenar la casa. No sólo era molesto, era dañino. Sentía que si pasaba mucho tiempo escuchando aquello me desmayaría. Tanteé la puerta, esperando poder desbloquearla. Pero si durante todo este tiempo no lo había conseguido, ¿cómo iba a poder ahora?
Me di la vuelta y observé la habitación, tapándome los oídos con las manos en un intento por no escucharlo. Mis ojos se encontraron con la ventana y una idea descabellada surcó mi mente. Y si...
Solté una de mis manos para abrir la ventana, dejándome escuchar ese odioso sonido. Pero con una sola mano no era capaz de abrir la ventana por completo. La madera se había hinchado por la humedad del ambiente, y tuve que soltar mis dos manos para poder abrirla. Los pocos segundos que permanecí con las orejas destapadas consiguieron que un pequeño hilillo de color rojo cayese por éstas. Si era Jay debía pararlo, pero... ¿Y si no era Jay? ¿Qué debía hacer?
Saqué todo mi cuerpo por la ventana y busqué la escalera de incendios. La ventana daba a la parte de atrás de la casa. La madera estaba completamente negra por el moho y la humedad; y la escalera de incendios metálica se veía oxidada y a punto de caerse. No quería tomarla. Por supuesto que no quería salir de la casa por la ventana de un segundo piso, teniendo por protección tan sólo una destartalada y oxidada escalera.
Respiré hondo, tapando mis oídos, y cuando creí que en mis pulmones no cabría más oxígeno, salté. Separé mis manos de mi cabeza y las alcé intentando agarrarme a la escalera, que quedaba a medio metro de la ventana. Sentí el frío metal bajo mis manos y me agarré con más fuerza.
Tenía los ojos cerrados y con el pie tanteé la primera barra para poder sostenerme. Cuando por fin mis pies encontraron un soporte abrí los ojos. Nuestro segundo piso se encontraba a unos tres metros del suelo, una caída no muy grande, pero no tenía intención alguna de caerme y romperme una pierna. Tragué saliva e intenté reunir todo mi valor mientras subía las escaleras hacia el ático. Conforme subía el sonido se iba haciendo más y más fuerte, haciendo que por momentos creyese que me iba a desmayar ahí mismo. Conseguí subir la altura suficiente para que mi cabeza se asomase por la ventana del ático, pero no era capaz de ver nada. La abrí por completo, cuidándome de no caerme de la escalera y con cuidado de no llamar la atención. Pero todo mi cuidado fue en vano, al abrir la ventana más de la mitad comenzó a chirriar de una forma estridente. El sonido agudo cesó, dando un respiro a mis maltratados oídos. Me había descubierto, ya sabían que había llegado. Recorrí los pasillos hechos con cajas y muebles en vez de paredes. Caminé con miedo, intentando que mis pasos no generasen más que pequeñas nubes de polvo y el ruido quedase amortiguado. Bordeé un enorme armario y fue entonces cuando lo vi.
El cuerpo de Jeff se encontraba lleno de hilos de color amarillo. Brillaban con luz propia y hacían que el cuerpo se moviese aún cuando se notaba que Jeff ni siquiera estaba consciente. Varias heridas se marcaban en la camiseta de Jeff, dejando una impronta de color escarlata en su sudadera blanca. Detrás de Jeff se adivinaba una silueta, pero lo más resaltante de ésta eran sus ojos, de un amarillo idéntico al de los hilos que movían a Jeff. Al otro lado estaba Jay, o lo que quedaba de él; sus facciones se había degradado hasta el punto de que ni siquiera parecía humano. Sus ojos rojos brillaban también, haciendo que su cara pareciese más retorcida. La boca le sangraba y varias gotas de sangre caían de unos de sus brazos que llevaba más bajo que el otro, posiblemente porque no podría moverlo. El lugar olía a hierro y polvo, un olor rancio que hacía que poco a poco me entrasen arcadas.
—Jay... —El nombre de mi amigo salió solo de mis labios. Estaba paralizada, no creía lo que veía y tampoco llegaba a comprenderlo. Pero al terminar de decir su nombre él levantó la cabeza. Lo que yo suponía que era The Pupperteer, hizo que Jeff se abalanzase sobre mi, pero antes sentí un rugido aterrador y el coque de algo contra mi cuerpo. Cerré los ojos, sin saber qué hacer o apenas tiempo para poder moverme. Al abrirlos me encontraba saliendo por la ventana, con una de mis manos agarrada entre la mano de Jay. Me apretaba con fuerza y con un impulso me puso encima de él, sobre su hombro sano. Mientras caíamos al suelo Jeff nos seguía, saltando de un lado a otro de la escalera de incendios, bajándola en escasos segundos.
Tocamos tierra e increíblemente Jay cayó de pie, tras un segundo para poder recuperarse echó a correr, conmigo en su hombro. Nos adentramos en el bosque y pronto empezamos a trazar un camino que tan sólo Jay conocía, entre los árboles y las rocas. De cerca nos seguía Jeff, manejado por The Pupperteer. Al ver la velocidad que alcanzaba Jeff, que casi se movía como una araña, trepando con facilidad pasmosa a los árboles, la preocupación caló sobre mi estómago. Mi corazón comenzó a latir más deprisa mientras observaba la escena.
Jay seguía corriendo y Jeff estaba a punto de alcanzarnos, podía escuchar la risa maniática que estaba sobre Jeff. Las ganas de llorar aumentaron, nos iba a alcanzar, estaba segura de que si alzaba la mano sería capaz de tocarle. Pasamos el último árbol antes de entrar en un claro donde la luz de luna era la única iluminación. Jay comenzaba a jadear y si miraba el suelo era capaz de ver el reguero de sangre que dejaba su boca sobre la hierba.
Levanté la vista y por el rabillo del ojos pude ver cómo una figura era tenuemente iluminada por la Luna.
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Slave of Creepypastas.
Fanfiction¿Crees que los Creepypastas no son tan malos? Entra y lee la historia de Lara, la cual fue obligada a servir a algunos de ellos. Ven y descubre que los asesinos, siempre serán asesinos. ¿Crees que sobrevivirás? 25/06/2023 #9 #LAUGHINGJACK 19/06/202...
