Capítulo XXII.

274 30 2
                                        

La luz del Sol hirió mis ojos con fuerza. Sentía el viento chocar contra mi cara, gélido y colándose por entre los huecos de mi abrigo.

Tenía las manos entumecidas y me costaba mover los dedos. Todavía no entendía cómo me había podido quedar dormida en medio del bosque. Intenté levantarme un par de veces, pero estaba tan agarrotada que me costaba mover las piernas. Así que me quedé así, sin poder moverme.

El sol se alzó sobre la fina línea del horizonte, y alzaba así también sus cálidos rayos. Poco a poco, aunque fuesen levemente, me iba calentando. Conseguí mover mis piernas, sintiendo las hojas debajo de ellas moverse. Estaba llena de tierra y hojas secas, las agujas de los pinos se enredaban en mi bufanda y conforme me levantaba del suelo sentía la ropa que había estado en contacto con éste húmeda.

Al fin de pie, observé entre los árboles. Busqué el cuerpo ensangrentado de un enmascarado de chaqueta azul. Pero para mi desconcierto no encontré nada. Entre los árboles había sangre, ramas partidas y hierba aplastada. Pero nada más. Apoyé la cabeza contra la corteza del pino en el que me apoyaba. Mirando la sangre, pero si mirarla de verdad.

¿Dónde podía estar el cuerpo? ¿Qué era lo que me había salvado? No entendía nada, y secretamente no quería entender nada. Quería volver a casa, ducharme y meterme en la cama, y que el día siguiente fuese igual de monótono y aburrido como el anterior. Así constantemente, hasta el fin de mis días. Pero no podía hacerlo. Aún a pesar de lo sucedido la noche anterior, no había encontrado a Jay. Y con cada minuto que pasaba mis esperanzas de encontrarle vivo se iban haciendo cada vez más y más pequeñas, hasta que apenas se convirtieron en una suave y diminuta llamita que en cualquier momento se apagaría para no volver a encenderse jamás.

Salí de mis pensamientos, sobresaltada por el sonido de pasos a mi espalda. Quizás fuese miedo, quizás fuese instinto, el caso es que me puse en marcha, intentando escapar del sonido de esos pasos.

Caminé, siguiendo el sendero de sangre y ramas rotas. ¿Seguiría vivo después de perder tanta sangre?

Los pasos a mi espalda se acrecentaron, pero no tenía fuerzas para ir más rápido. Miré alrededor, buscando algún hueco donde esconderme, lo único que me ofrecía algo de protección sería esconderme entra las ramas de los árboles, pero estaba demasiado débil para poder escalar. Me resigné y me apoyé contra un robusto abeto, agarrando con fuerza una rama suelta. Los pasos se aproximaban, ya casi estaban junto a mi. Mi corazón latía con fuerza, y el pulso sonaba más fuerte que nunca, tan fuerte que por unos momentos pensé que sería eso lo que me delataría. Sentí algo caliente y suave cubrir mi boca, y cuando intenté gritar algo agarró uno de mis brazos. Me giraron con lentitud para que pudiese ver las personas tras los pasos.

    —¡Tim! —Mis labios ya no estaban tapados y mi pulso volvió a acelerarse, pero esta vez de emoción. Alcé los brazos, agotada, y rodeé su cuello, dejando que todo mi peso cayese sobre él.

    —¿Qué haces aquí? ¿Tú sabes el susto que me has dado?

Ignoré sus palabras y únicamente me centré en seguir abrazada a él y aprovecharme un poco del calor que emanaba. Pero pronto me di cuenta de que no estábamos solos. Al alzar la vista encontré dos personas que acompañaban a Tim. Me separé de él, sintiendo que mis mejillas se encendían, fruto de la vergüenza.

    —¿Quiénes son?

Tim miró a ambos lados y nos giró a ambos, para que pudiese presentármelos.

    —Este es Brian. —Señaló a un chico rubio con una sudadera demasiado ancha para él. Intenté sonreír, pero en eso quedó, en un intento, cosa que hizo a Brian reírse—. Y este... —Señaló a un chico de pelo castaño, bastante largo y con pequeños rizos. De vez en cuando sufría pequeños tics y me miraba fijamente, con los ojos ligeramente acuosos—. Este es Toby.

    —H-hola —Ambos me saludaron con una inclinación de cabeza.

    —Bien, movámonos. Tienes que estar congelada.

Asentí y nos pusimos en marcha. Al verme tiritando Tim me atrajo hacia él, abrazándome y por un momento, apenas una fracción de segundo, vi a Toby bajar la cabeza, como arrepentido. Supuse que era una alucinación. Estaba muy cansada, mi mente me hacía ver cosas que en realidad no existían. Sin embargo, la sensación de que debía acordarme de algo era incesante. Constantemente, cada vez que veía sus caras sentía una punzada en al corazón. Debía recordar algo, pero no sabía el qué, cosa que me frustraba más, si cabe.

Salimos por fin del bosque, el aire estaba mucho menos húmedo. Ya no olía a corteza mojada y hojas. Algunos niños jugaban en un parque cercano, gritando y riendo sin parar. Me sentí más segura, sin embargo no podía dejar de pensar en Jay. ¿Estaría bien? Sentí la llama apagarse lentamente. Agaché la cabeza, intentando ocultar mi rostro al sentir cómo bajaban por mi mejilla gruesos lagrimones. Tanto Tim como Toby se acercaron a mi, intentando secar las lágrimas saladas que bajaban por mi cara, rodando hasta mi barbilla.

    —T-tr-tranquila —Toby acarició con ambas manos mis mejillas mientras me miraba a los ojos fijamente—. Ahora e-e-estás a salvo.

A pesar de los tics que sufría su cuerpo, sus manos permanecían firmes e inmóviles, y apenas yo era capaz de sentir las convulsiones de sus piernas e incluso los bruscos movimientos de cabeza que hacía. Asentí ante sus palabras, y sin previo aviso, me abrazó dejando caer la cabeza sobre mi hombro y escondiendo la cara entre mi pelo.

Eso era algo... raro.

Slave of Creepypastas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora