Capítulo L.

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Al día siguiente desperté en medio del campo. La brisa azotaba las pequeñas briznas de hierbas amarillenta, y hacía moverse las grandes y esponjosas nubes del cielo. Era un día hermoso; pero en realidad lo que era hermoso era mi dolor de cabeza. Sentía la boca con sabor a sangre y la cabeza me latía, haciendo que escuchara un incesante zumbido en mis oídos. Instintivamente miré a mi alrededor y lo único que pude encontrar fue la cámara, pero nada más cogerla ésta se apagó. Caminé en busca de un sendero que me llevase de vuelta al coche.

Apenas recordaba lo que había sucedido anoche, estaba todo borroso y miles de lugares se mezclaban a la vez en mi mente. ¿Qué había estado haciendo por la noche? Recordaba estar en Rosswood Park, y también recordaba haber estado en el antiguo hospital donde había pasado la mayor parte de mi infancia. ¿Pero era verdad que había estado ahí?

Todo mis recuerdos eran difusos y poco precisos. ¿Lo habría soñado o había sido real?

Seguí caminando y pronto recordé más cosas. Recordaba estar en la universidad, en el Benedict hall. Sabía que había estado ahí de verdad, pero ¿lo que recordaba era cierto? Recordaba perseguir al encapuchado y cuando finalmente lo alcanzaba y estaba a punto de retirar su pasamontañas para verle la cara; el Operador aparecía, haciendo que me desmayase.

Un último recuerdo pasó fugaz por mi mente; un recuerdo en el que yo alcanzaba al encapuchado y hundía un martillo en su cabeza. ¿Sería cierto?

    —Imposible... —murmuré. Era imposible que yo hubiese hecho eso. Pero en un pequeño rincón de mi mente la duda atenazaba.

Llegué al coche cogí la cámara de Jay. Tenía que ir a casa, pero primero necesitaba algo, lo que fuese. Un poco de información para completar lo que había passado la noche anterior.

La encendí y la apoyé sobre mis piernas. ¿Qué le pasaba a mi cámara? La había enchufado al coche para poder cargarla; pero no funcionaba. Probé a sacar la batería, toqué todas las teclas que creía que podrían encenderla, pero no sirvió de nada. ¿A golpes quizás? Probé a darle golpes, pero como bien sabía aquello no funcionaría.

Volví a casa todo lo rápido que pude. No sabía si lo había soñado, o había ocurrido en realidad, pero había visto a Jay en casa, tirado en el suelo mientras se desangraba. Pero él no estaba, ni siquiera había rastro de que hubiese estado ahí.

Giré por completo mi cuerpo hasta que pude ver el espejo de la entrada, escrito en él se podían leer las palabras "Last chance" escritas con rotulador negro.

¿Última oportunidad? Mi mente comenzó a trabajar. Sería un mensaje de Alex, en ese caso a qué se referiría. ¿Era esa la última oportunidad para acabar con él? ¿O era la última oportunidad para acabar con todo esto?

¿Y si era un mensaje del encapuchado? ¿Qué querría decir con ello?

Apenas sabía nada del encapuchado, tan solo que me robaba las pastillas y que parecía estar siempre junto a ese ser esbelto.

Me sobé la frente, mi dolor de cabeza iba en aumento; así como mis nauseas que pronto me harían vomitar el inexistente contenido de mi estómago.

Metí una de mis manos dentro del bolsillo de mi pantalón y para mi sorpresa saqué una cinta de vídeo. ¿Qué era aquello? Pensaba que había visto todas las cintas. Y no me acordaba de haberme llevado una cinta antes de salir de casa. Pero en los últimos días no recordaba la mayor parte de las cosas. Mi memoria volvía a fallar y rso no hacía más que crecer mi ansiedad y miedo.


En la cinta se veía a Alex; era una cinta de cuando aún Alex era normal y quería hacer la grabación de Marble Hornets. Por la puerta aparecíamos Brian y yo. Brian había ido a ver a Alex para hacer las pruebas y participar en Marble Hornets, y yo había sido arrastrado por mi único y mejor amigo de toda la vida. Pero algo me llamó la atención.

Brian llevaba puesto su abrigo y debajo llevaba una sudadera. Me fijé bien; me resultaba familiar y no sólo porque fuese la misma chaqueta que llevaba siempre Brian. La había visto en otra parte. Pronto caí, y como si un rayo me hubiese caído encima, atravesándome de la cabeza a los pies y dejándome paralizado al instante en el sitio, quedé estático en el suelo.

Esa sudadera era igual a la que el encapuchado llevaba. Un sudor frío empezó a recorrerme la espalda, haciendo que todos los pelos de mi cuerpo se erizasen. Sentía un nudo en el estómago, un nudo de miedo; no, de terror. Si el encapuchado era Brian.

    —Dios mío, ¿qué he hecho?

Recordaba haber golpeado al encapuchado con un martillo. La culpa atenazó mi cuerpo por completo haciéndome temblar de forma descontrolada. Si Brian era el encapuchado, yo lo había... Trague saliva, que en aquél momento parecía completamente sólida y apenas bajaba por mi garganta.

    —No... Eso... Seguro que no es un recuerdo de verdad —volví a murmurar, mientras esperaba que el vídeo se cargase para poder subirlo a You Tube intenté convencerme a mí mismo de que era imposible que Brian estuviese muerto por mi culpa.

Sentía los ojos escocerme y pequeñas lagrimillas caían por mis mejillas. Odiaba llorar, no me gustaba nada, pero ver todas esas cosas me hacía pensar.

    —Nada de esto habría ocurrid si no fuese por Alex. —Entre sollozos y moqueos seguí hablando, mirando a un punto en el infinito—. Jay, Jessica... Brian. —Ese último nombre se me atragantó—. Si no fuera por Alex ellos estarían vivos.

Con rabia me levanté del sofá, haciendo crujir todos los muelles y tirando una mesilla cercana.

    —¡FUE TODO CULPA TUYA!


Slave of Creepypastas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora